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De nuevo en el Victoria Eugenia

Es el mismo escenario al que la bailarina zumaiarra llegó por primera vez en 1993 con la compañía de Víctor Ullate

Egilea
Iratxe de Arantzibia
Komunikabidea
Diario Vasco
Tokia
San Sebastián
Mota
Albistea
Data
2007/11/16

En aquella ocasión, bailó dos piezas de su maestro, junto a compañeros tales como Igor Yebra (estrella del Ballet de la Ópera de Burdeos), Ángel Corella (bailarín principal del American Ballet Theatre) o Tamara Rojo (bailarina principal del Royal Ballet). «Fue una generación impresionante. Llena de pasión, energía y con unas ganas y resistencia para trabajar ilimitadas. Una generación que está marcando en los escenarios de hoy en día», asegura Lucia, de quien DV sólo hacía una breve mención como miembro del Ballet de Ullate. «Entre esa gente con talento, hay tres vascos: las jóvenes donostiarras Lucia Lakarra y Leticia Izuzkiza, más el bilbaíno Igor Yebra», escribía Ana Urroz.

Mucho cambió el cuento en su segunda actuación donostiarra. Como bailarina principal del Ballet Nacional de Marsella, junto a Cyril Pierre, su marido, Lucia Lacarra, ya morena, protagonizaba la Coppelia de Roland Petit, dentro de la quincuagésimo sexta edición de Quincena Musical. También sería en el Victoria Eugenia que «tiene el alma de un teatro antiguo, por el que han pasado miles de artistas», señala. Por primera vez, la intérprete zumaiarra salía en una portada de este periódico. Ese año también inauguró su personal vitrina de galardones: los Premios Positano y Danza&Danza 1995 empezaron a reconocer una joven e incipiente trayectoria profesional.

Ya en su etapa americana, como figura del Ballet de San Francisco, el veterano certamen musical donostiarra vuelve a contar con la artista guipuzcoana en sendas galas de estrellas, en 1999, año en el que obtuvo el Premio Isadora Duncan, y 2001. Con el paso a dos del Cisne Blanco junto a Óscar Torrado (primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba) y Adagio for strings con Cyril Pierre, Lucia se despidió del Victoria Eugenia durante la Quincena Musical de 1999, para inaugurar el Kursaal que «tiene un espíritu más joven y moderno», dos años después. La acrobática Light rain y el lirismo de Adagio for strings formaron parte de su actuación estelar de 2001, en una época en la que actuar en las galas de Quincena Musical suponía «la única manera de actuar en casa y de que vieran el trabajo que estaba desarrollando en Estados Unidos».

Pasaron cinco años de éxitos y galardones como los prestigiosos Premio Nijinsky 2002 -Oscar de la danza- y Premio Benois de la Danse 2003, y con una carrera profesional muy consolidada, Lucía Lacarra, ahora bailarina principal del Ballet de la Ópera de Múnich, regresó a casa en dos ocasiones en 2006. Con el Premio Nacional de Danza 2005 recién recogido, se volvía a convertir en la alumna de Mentxu Medel y compartía escenario con sus compañeros del estudio de danza Thalia, bailarines de la talla de Urtzi Aranburu (bailarín freelance y ex miembro de Nederlands Dans Theater), su primer partenaire en los años de formación; Jone San Martín (bailarina en The Forsythe Company); Iker Murillo (solista en el Ballet de Zúrich); o Jon Vallejo (solista del Ballet de la Ópera de Dresde). Además, fue por una causa benéfica: «Resultó muy emocionante hacer la gala en honor a Mentxu porque ha sido como una madre artística», señala la guipuzcoana, quien interpretó el paso a dos del Cisne Blanco, La prisionera y Thais.

Meses después, en la sexagésimo séptima edición de Quincena Musical, Lucia colaboraba con el Ballet Asami Maki en su representación de la obra Pink Floyd de su mentor Roland Petit. Fue su última actuación en suelo donostiarra, aunque no la más vista. A buen seguro que su intervención en el tradicional Concierto de Año Nuevo de Viena, el 1 de enero de 2007, se convirtió en la ocasión en la que contó con más espectadores, mientras ella bailaba el vals Danubio azul, junto a su marido Cyril Pierre, «mi mejor partenaire». Al convertirse en la mejor embajadora de su localidad de origen, Zumaia le concedió la primera Medalla de Oro, en abril de este año. Poco queda de la joven rubia que vino como cuerpo de baile del Ballet de Víctor Ullate en 1993, pero permanece lo esencial: su pasión por la danza. Para su retorno, interpretará cuatro piezas: Adagio for strings y Light rain, en la primera parte, La dama de las camelias y Thais, en la segunda. La cita, mañana y pasado, en el Victoria Eugenia.

«Rubia o morena, sigo siendo la misma»

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