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"Yo me considero un experto en ocupar el cuerpo con el corazón y la mente"

Cesc Gelabert, coreógrafo y bailarín

Egilea
Ana Oliveira Lizarribar
Komunikabidea
Diario de Noticias
Tokia
Pamplona
Mota
Elkarrizketa
Data
2005/03/12

- El espectáculo que ofrecerá hoy se compone de dos partes muy diferentes en intención y estilo que, sin embargo, parece que dialogan.



Sí, aunque en este caso son dos piezas independientes que tienen una relación por oposición. Son las dos caras de una moneda. Mientras que 8421 representa el aspecto duro y triste de la vida, la soledad, la separación y la muerte; Viene regando flores es todo lo contrario, es la alegría de vivir.



- ¿Con qué mentalidad debe el público enfrentarse a este montaje doble? ¿Qué disposición ha de tener para afrontar el paso de la intimidad del principio a la espontaneidad del final?



Para mí la danza es como cuando uno va a comer. Sólo hay que tener hambre y no es necesario ser un experto. Si además eres un gourmet, pues mejor, pero lo más importante es tener esa disposición. De todos modos, como en todo, hoy en día es muy importante la concentración, la capacidad de enfocar y de no dispersarse. En este sentido, la primera parte del montaje te obliga a tener que hacer una elección, a abandonar el sentimiento con el que has entrado en la sala y concentrarte. En cambio, con la segunda, te puedes relajar y podrías acabar bailando.



- La música folklórica, en este caso los ritmos cubanos, no es habitual en la danza contemporánea.



Siempre intento que todo tenga un cierto sentido cultural, darle una multiplicidad de capas a las obras. De ahí que a la hora de plantear un trabajo sobre la actitud positiva en la vida, sobre la alegría de vivir, me viniera a la mente la música popular cubana. Es un tipo de música con mucho humor incluso cuando habla de penas de amor o de muertes. En realidad, Viene regando flores de La Habana a Morón habla de los grandes músicos cubanos ya desaparecidos, y es inevitable moverse y ponerse contento al escucharla. Lo que hemos querido es realizar un recorrido por la historia de la música cubana, desde el son o la guaracha hasta la rumba, los boleros, el chachachá o el mambo a través de temas clásicos como La mujer de Antonio o Lágrimas negras .



- Y, ¿cuál de los dos estados de ánimo -pesimismo y optimismo- que se reflejan en el espectáculo es el de Cesc Gelabert en la actualidad?



En la vida hay que estar conociendo lo primero, pero el estado debe ser el segundo. Hay que ver siempre los vasos medio llenos y estar dispuesto a ayudar a los demás. Eso sí, siendo realista. No vivimos en el mejor de los mundos posibles y también tenemos que acordarnos del sufrimiento y saber que la vida no es un camino de rosas.



- La obra 8421 habla del vacío, de la pérdida, y en días como el de hoy (por ayer, 11 de marzo), adquiere un matiz diferente, un significado añadido.



Exactamente. Yo trabajo para los espectadores, nunca para mí. Y siempre intento hacer un regalo al público, que, dependiendo de su estado de ánimo, lo puede traducir de un modo u otro. De hecho, para componer esta música, Shostakovich se inspiró en una visita a Dresde después del bombardeo, así que, por desgracia, es una obra muy consecuente con este lamentable suceso.



- En este sentido, ¿el artista debe comprometerse con la sociedad que le ha tocado vivir?



Siempre. El arte es un sueño compartido en la vigilia. Por lo tanto, la clave está en que es compartido. Yo trabajo para la gente y puede que guste más o menos, pero en principio mi ilusión es ofrecerle algo y lo haré dentro de mis posibilidades. Y, como artista, si quieres que tu sueño sea compartido por la gente, tiene que ubicarse en el tiempo y corresponderse con algo de lo que está pasando.



- Después de más de treinta años de trabajo, en qué momento se encuentra la compañía Gelabert-Azzopardi.



Me siento en una cierta madurez, tengo muchos años de experiencia y Lydia igual. Tengo muchas ganas de trabajar y de ofrecer cosas a la sociedad, pero ésta también tiene sus gustos y deseos y hay que estar dispuesto a aceptar que quizá lo que haces guste más o menos. Pero, por ejemplo, este espectáculo ha sido nominado a los Premios Max y acabamos de estrenar una nueva propuesta en Barcelona que también ha sido bien recibida, así que no me puedo quejar. Hay que estar siempre ofreciendo lo mejor y, a la vez, preparado para asumir la voz de la sociedad. En definitiva, lo que intento es no polucionar, no echar mierda en el mundo.



- Y, a golpe de perseverancia, lo que ambos comenzaron casi como un experimento, ha logrado, finalmente, llenar teatros.



En un momento dado de mi vida creo que podría haberme instalado en otras ciudades como París o Nueva York, pero opté por quedarme porque opino que en España no sólo hay que hacer flamenco. Debemos tener una variedad de registros, incorporando las cosas que pasan en el mundo y dándoles nuestra particular visión sobre la vida. Si de algo me siento muy satisfecho es de haber empleado mucha energía para que se vea danza en España. He venido varias veces al Gayarre y en todas me he ido muy contento, y para mí es una ilusión comprobar cómo en estos treinta años se han ido renovando teatros que al principio estaban hechos una porquería y cómo cada vez viene más público. Ha sido un camino muy duro y no sólo mío, sino también de cada espectador, de cada periodista...Lo hemos hecho entre todos. Yo me considero un experto en ocupar el cuerpo con el corazón y la mente; creo que esto le puede interesar a la sociedad y sigo pensando que merece la pena ofrecérselo.



- ¿Qué le queda por hacer?



Mucho. Me gustaría tener dinero suficiente para tener una compañía con los mínimos necesarios. Nosotros trabajamos con unos presupuestos bajísimos y todos los bailarines tienen que hacer un esfuerzo considerable. Me gustaría tener una compañía normal, con esos medios razonables que tienen otros colegas en otros países de Europa.



- ¿La danza sigue siendo la gran olvidada de las artes escénicas por parte de las instituciones?



Somos de los que tenemos menos ayudas comparados con otras artes escénicas y otras disciplinas artísticas. Y para mí la danza está en la esencia de la vida, aunque a veces no nos resulte familiar. Pero soy optimista y sigo ofreciéndosela a la sociedad, porque la danza puede ayudarnos mucho. Otra cosa es que a veces estamos muy ocupados y no tenemos tiempo para ir a ver espectáculos, pero pienso que a la hora de la verdad nos conviene tener menos coches, mucho menos otras cosas y más tiempo para cosas como la cultura.



- Lydia Azzopardi dijo en una ocasión que la gente sería más feliz si bailara.



Seguro que sí. Y es que, como decía antes, se trata de ocupar el cuerpo con el corazón y la mente y esto lo hacemos todas las personas a cada minuto en nuestras actividades diarias y ya no digamos cuando dedicamos una caricia a alguien. No podemos dejar de hacerlo, otra cosa es que bailemos bien o mal.

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