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Vecinos y 58 joaldunak, de fiesta en Ituren

Pese a ser lunes, un millar de curiosos se dio cita en el pueblo. El encuentro contó con 24 mozos de Ituren, diez de Aurtitz, 22 de Zubieta y dos jovencísimas mujeres

Egilea
Beatriz Serna
Komunikabidea
Diario de Noticias
Tokia
Ituren
Mota
Albistea
Data
2008/01/29

Los festejos comenzaron a las 8.00 horas con un almuerzo popular en la casa del pueblo, necesario para calentar motores y coger fuerzas para el desfile de joaldunak. Matitxu Etulain bromeó diciendo que "si eres de Ituren no hay dieta postnavideña que valga porque aquí la fiesta consiste en beber, comer y bailar".

Una vez lleno el estómago, el sonido de los cencerros anunció la inminente partida de los joaldunak, pero antes de iniciar su ruta, éstos necesitaron la ayuda de tres personas para cada uno para enfundarse los trajes tradicionales. El característico atuendo que visten se compone de camisa blanca y pantalón azul con enaguas almidonadas; abarcas y gruesas medias de lana; un manto de piel de oveja a la que se atan dos cencerros y el tradicional ttuntturo , un gorro decorado con cintas de colores. Los cencerros pesan de 10 a 12 litros y para que "suenen correctamente" las cuerdas "deben atarse con una técnica ancestral que se enseña de padres a hijos", afirmó José Ramón Bazterrika, uno de los joaldunak.

Curiosamente, para ser joaldunak "no hace falta ser corpulento ni fuerte, sino tener pareja para el desfile y un traje propio o prestado", aseguró uno de los coordinadores de los joaldunak de Ituren. Los trajes, con cuerdas incluidas, pueden llegar a costar 1.200 euros, aunque "lo normal es que en cada casa haya uno de herencia familiar y, por eso, con renovar las cuerdas y tener algún traje para los niños basta". En este sentido, puntualizó que el traje "tiene un valor sentimental muy importante para todos ellos y, por eso, llevarlo es un orgullo".

fiesta ancestral Ituren es uno de los pocos pueblos donde los carnavales se han celebrado siempre, incluso durante el franquismo, cuando estaba prohibido. "El gobernador civil de la época concedía un permiso para hacer el alarde de joaldunak, no los carnavales, y, por eso, hace más de 300 años que realizamos está fiesta", explicó el alcalde de la localidad, Mikel Petrirena.

El origen de los joaldunak no está claro. Unos cuentan que son los encargados de ahuyentar a los malos espíritus y bendecir las calles del pueblo. Aunque, según el alcalde de la localidad, "todo esto viene" porque antiguamente los pastores llevaban cencerros atados a la espalda para espantar a los lobos de los rebaños y cuando el paso de los pastores por el pueblo se convirtió en fiesta popular se le añadió el gorro y los vecinos comenzaron a disfrazarse.

El recorrido por las calles del pueblo comenzó en torno a las 12.45 horas terminó, como cada año, en el puente de Lasaga, cuando los joaldunak de Ituren (24), los de Aurtitz 10) y los de Zubieta (24), se reencontraron para después reanudar el camino de vuelta que les llevaría de nuevo a la plaza del Ayuntamiento. Los de Zubieta trajeron consigo dos jovencísimas joaldunak, Olaia Loiarte, de once años, y Ane Ansó, de nueve. Las zubietarras reconocieron que estar saltando con dos cencerros a la espalda durante más de dos horas "cansa mucho" aunque los chicos alardeen diciendo que "sarna con gusto no pica" y que "esto ha sido un paseo".

El regreso de los joaldunak al pueblo dio paso a las populares carrozas de carnaval que montaron la fiesta en la plaza. En esta edición, los de Ituren y los de Zubieta la armaron con una barca cuyos pescadores de abordo manchaban al público con pescados muertos que colgaban de sus cañas de pescar; una ballena con malas pulgas; una zapatería poco convencional; un gimnasio y una réplica de la ermita de la Trinidad del pueblo con feligreses de dudosa reputación. La fiesta continuó por la tarde, por la noche y lo también lo hará hoy.

Imagen ampliada

Dos vecinos disfrazados, con un burro, y dos joaldunak, de espaldas, en Ituren.Foto: juan mari ondikol

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