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Unidos por la tradición

El alarde de danzas de la 'Euskal Astea' de Miraballes reunió ayer a 400 dantzaris pertenecientes a trece conjuntos, cuatro de ellos de la comarca

Egilea
Daniel Diez
Komunikabidea
El Correo
Tokia
Ugao-Miraballes
Mota
Albistea
Data
2003/03/30

Procedentes de trece agrupaciones vizcaínas, entre ellas dos de Basauri, una de Arrigorriaga y la local, el Etorki, los aficionados inundaban la plaza del Ayuntamiento. Todos ultimaban los detalles para iniciar un pasacalles que les conduciría al campo de fútbol de Arandia, donde iba a tener lugar el acto principal. Algunos se ajustaban el gerriko, otros se colocaban los cascabeles y los más mayores revisaban de manera minuciosa los distintos instrumentos que utilizarían durante la representación.



Dos enormes gigantes y una bandera del pueblo saharaui -todo el dinero recaudado estaba destinado a los campos de refugiados- abrieron la marcha. A ritmo de txistu y tambor llegaron hasta el estadio, en el que los 400 dantzaris iban a ofrecer una demostración de los bailes vascos más tradicionales. «Hoy es un gran día. Es muy difícil reunir a tanta gente y cuando lo consigues es una fiesta para todos», explicó Kepa Ogiza, miembro del Edurre de Basauri.



Cuando el grueso de los participantes se colocó sobre el terreno de juego, el verde del césped desapareció y dio paso a un bullicioso arco iris. Cada grupo revisaba el guión de la actuación, que incluía piezas como el 'Dantzari dantza', las 'Danzas de ElCiego' el 'Agurra' guipuzcoano o el 'Uztai haundi'.



La primera representación corrió a cargo de un grupo de chicos. Cuatro grandes ikurriñas volaban sobre las cabezas de los dantzaris, que se movían en una sincronización perfecta. «Es el Agintearena, un saludo a la bandera», aclaró Ane Zabala, del Agintzari Dantza de Basauri. Junto a ella, Edurne López, Naiara González, Ane García y Itzal Golara repasaban sus movimientos. «No estamos nerviosas. Hemos ensayado las dos últimas semanas», advirtió Zabala.



Cuatro conciertos



Uno a uno, los trece conjuntos exhiben sus mejores coreografías. Durante más de una hora, conquistan al público, que abarrota la grada del campo y no escatima en aplausos. El alarde ha sido todo un éxito, pero la jornada no ha terminado. Acto seguido comienza una comida a la que asisten todos los participantes y ya por la tarde, cuatro conciertos amenizarán la fiesta hasta más allá de la madrugada.

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