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Un santo de devoción entre tradiciones

Egilea
Natxo Gutiérrez
Komunikabidea
Diario de Navarra
Tokia
Alsasua
Mota
Albistea
Data
2010/09/15

El Cristo de Otadia es santo de devoción para cuantos en Alsasua confían a su intercesión toda suerte en la vida. La ermita erigida en su honor junto al cementerio abrió ayer sus puertas a más de 300 fieles con motivo del día de La Exaltación de la Cruz, razón de ser de las fiestas locales.

Entre los que franquearon su umbral, bajo el anuncio sonoro de la campana, figuró la corporación municipal con su alcalde, Unai Hualde (NaBai) al frente, e Iñaki San Miguel, de su propio grupo, en calidad de portador del estandarte local.

El párroco de Nuestra Señora de la Asunción, Rafael Ayarra, recibió al séquito en la puerta con el primer canto de la eucaristía, entonado por el coro parroquial que dirigió Fermín Larrea Guerrico.

Durante la homilía el sacerdote no hizo sino exponer el contraste entre "la exaltación de lo que nos gusta y la exaltación del personaje probablemente más loco de la historia", en referencia al crucificado. "La locura de Jesús fue la locura de amar y de la peligrosidad de querer hacer lo que hacen los padres y madres con aquellos hijos que lo pasan mal", observó el presbítero.

Al término del oficio señalado igualmente por el sonido de la campana que cuelga de la entrada a la ermita, la comitiva municipal regresó por el mismo camino hasta la plaza de los Fueros, epicentro de la vida social en Alsasua y eje sobre el que estos días pivota la fiesta. En su retorno desde el templo levantado en honor al Santo Cristo de Otadia, estuvo acompañada por gaiteros, txistularis y jóvenes dantzaris del grupo Etorkizuna.

A su llegada a la plaza, el repique de campanas abrió una propuesta de entretenimiento, basada fundamentalmente en el elenco de las tradiciones. Desde el quiosco, el cuarteto de txistularis compuesto por Cruz María Martínez, Margari Iglesias, Josetxo Lumbreras y Jesús Irisarri animó al baile popular con los sones del zortziko.

El primer "Hamabietako"

Una cadena, en principio compuesta por hombres, respondió a su invitación sonora ante la mirada de una alta concurrencia. Conforme avanzó la interpretación fueron incorporándose mujeres. Una mañana soleada enmarcó el alarde, vinculado en la villa a la fiesta popular.

Para entonces, en un rincón de la plaza, la Sociedad Zubiondo ofrecía el primer Hamabietako, acogido como un reconstituyente por los más afortunados en llevarse algo a la boca para continuar disfrutando de la mañana festiva. Los ingredientes que compusieron el aperitivo desapareciron en pocos minutos del mostrador levantado junto al edificio Gure Etxea.

En un hueco de la apretada agenda de tradiciones desplegada, los más pequeños hallaron igualmente un motivo de alegría en forma de lluvia de caramelos, caída al estallido de cada una de las veinte bombas japonesas que prendió personal del Ayuntamiento.

Fue así como discurrió la primera parte de la jornada principal de las fiestas, celebrada por no pocos como muestra del cultivo de las tradiciones en un día de significado especial y devoción religiosa. El Santo Cristo de Otadia dio un año más motivos de celebración a creyentes y no creyentes, unidos por una causa común de dilatar el repertorio de expresiones culturales heredadas de sus antepasados.

El coro parroquial, ayer en la ermita del Santo Cristo de Otadia. 	N.G.El coro parroquial, ayer en la ermita del Santo Cristo de Otadia. N.G.

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