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Un sacerdote comprometido con la cultura vasca y el euskera

Jesús Garitaonandia Sarduy rector de la basílica de Begoña

Quienes tuvimos la suerte de conocer a Jesús Garitaonandia nos sentimos hoy despojados de su sonrisa, de su humor, de su compromiso con Euskal Herria… de su persona. Dio el paso hacia la eternidad ayer, a la hora del Ángelus. Sumaba 75 amigables años. Era de Durango de pro, de muy pro. Lo fue hasta el punto de que nos solía bromear diciendo que "en Bilbao mandamos los de Durango" y a continuación hacía saber su argumento: "Yo, el párroco de la basílica Begoña; Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao, y el también durangués Ángel Mari Unzueta es el vicario general de la Diócesis", sonreía, mueca perenne en su rostro de la que a diario hacía gala.
Egilea
Iban Gorriti
Komunikabidea
Deia
Tokia
Durango
Mota
Albistea
Data
2013/01/03
Lotura
Deia

Jesús Garitaonandia -activo colaborador de DEIA- nació el 10 de octubre de 1937 en Durango, tan solo siete meses después de que la villa fuera bombardeada por los fascistas. Fue hijo del berriztarra Juan Garitaonandia, uno de los pocos dantzaris vascos que han bailado en el histórico teatro Royal Albert Hall, de Londres. Fue en 1930 cuando el grupo de la anteiglesia viajó a la capital británica. De su familia, heredó su nunca roto compromiso con la cultura vasca y con el euskera.

El vizcaino fue ordenado cura el 23 de junio de 1963, por lo que este año que arranca con su fallecimiento se celebraban las bodas de oro de su sacerdocio. Estudió Teología Dogmática en Comillas (Cantabria) y realizó su labor pastoral primero en Karrantza, también en un municipio cántabro y más adelante en Ondarroa, donde sufrió en sus propias carnes la dictadura franquista, en Andra Mari de Amorebieta-Etxano y en la basílica de Begoña, donde de 1996 a 2006 fue el párroco del templo, a petición de su antecesor Karmelo Etxenagusia, y desde ese último año hasta ayer, rector. El actual párroco del templo es Fernando Elorrieta.

La muerte inesperada del sacerdote causó emoción entre aquellas personas que fueron parte de su vida. Las reacciones no se hicieron esperar. Así, el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, valoró a DEIA que Garitaonandia "era un gran personaje, un buen sacerdote que quiso mucho a este país y fundamentalmente un gran amigo", valoró. El mandatario jeltzale conoció de forma institucional al religioso cuando este entró como párroco a la basílica de Begoña. "Me he llevado siempre muy bien con él y me he confesado con él. Era un buen amigo por lo que he sentido mucho su muerte, la he lamentado mucho. Además es de una familia magnífica", ensalza Azkuna, quien solo tenía un pero para su convecino de Durango: "Que él era de la parroquia de Santa Ana y yo de Santa María".

El expresidente de Euskal Dan-tzarien Biltzarra, Iñaki Irigoien, es cuñado de Jesús Garitaonandia. Él junto a Jon Pertika, del grupo de dantzas Bei Jai Alaia de Basurto, impulsaron que hace tres lustros se bailara la ezpata-dantza en el interior de la basílica de Begoña el 15 de agosto y el 11 de octubre. Son los dos únicos días en los que a la hora de la consagración el Obispado permite que se baile en el interior y con el obispo de lado, porque el baile está dedicado en exclusividad a la Amatxu de Begoña.

SEGUIR LA TRADICIÓN "No hay documentos de que en Begoña se bailara antes de que el clero lo viera mal, y tras un concilio lo prohibiera, pero hay lugares como una ermita de Zumarraga donde ha continuado con el tiempo", constata Irigoien, considerado un tótem en materia de danzas vascas. "Y Jesús se prestó a seguir la tradición. Dos años antes, ya se bailó en el exterior, con el alcalde Ortuondo. Pero luego, se pasó a hacer la ezpata-dantza dentro y el aurresku fuera. Todo ello gracias a Garitaonandia porque se volcó con ello", le reconoce Irigoien.

El párroco de Begoña, Fernando Elorrieta, reconoce también esta labor de artífice que cumplió su compañero de basílica. Elorrieta destaca tres puntos sobre Garitaonandia. En el plano humano, le considera "alegre, extrovertido, queriendo ser siempre amigo de todos, cercano". Como encargado de Begoña, la apertura del templo a Bizkaia. "Cuidaba mucho que quien llegara pudiera conocer la basílica en euskera, para que el euskaldun se sintiera como en casa", matiza Elorrieta, quien en una dimensión religiosa le recordará a Jesús como un evangelizador y pone un ejemplo: "Él solía decir a los que venían a Begoña que lo importante no era solo la Amatxu, que ella no era el final, el final es Jesús".

El expárroco de Iurreta, Jon Onaindia, calificó ayer la muerte de su amigo como "un golpe muy muy fuerte para mí, estoy impresionado del todo". Onaindia solía reunirse una vez al mes con él y dos curas más: Txomin Artetxe y Antonio Uriarte. "Éramos un cuarteto que nos juntábamos para charlar... El otro día me llamó y me dijo: me van a operar de la carótida y hoy mira... Era muy amigo, alegre, siempre dispuesto". El sobrino del histórico canónigo Alberto Onaindia, subraya otra labor desempeñada por Garita. "Todos los años iba quince días a la casa sacerdotal de Baiona y ayudaba con las misas en euskera".

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