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Un festival con mucho ritmo

Egilea
Aitor Zabala
Komunikabidea
Diario Vasco
Tokia
Elgoibar
Mota
Albistea
Data
2001/07/26

El festival se abrió con la actuación de Haritz Euskal Dantzari Taldea que, para esta ocasión, contó con la colaboración de los grupos Gure Kai, de Deba, y Kezka, de Eibar, así como la de un nutrido grupo de músicos. Su actuación comenzó con la representación de bailes de Gipuzkoa, siguiendo una coreografía de Juan Antonio Urbeltz que tenía como base la Ezpata-dantza. A continuación, Haritz llevó al tablado una coreografía de Juan Antonio Urbeltz inspirada en la tradicional Soka-dantza aunque, en esta ocasión, aderezada con originales pasos de baile que dieron al conjunto una gran alegría y variedad.



A renglón seguido, el sonido de los tambores copó hasta el último rincón del polideportivo Olaizaga. Los componentes de Batimbo empezaron a golpear con fuerza sus primitivos instrumentos, construidos a partir de troncos huecos cubiertos en su parte superior por grandes pedazos de cuero de vaca. En la primera parte de su actuación, ofrecieron una danza de la región de Huyinga, protagonizada por mujeres. A continuación, uno de los músicos se quedó solo sobre el escenario, con la única compañía de un sencillo instrumento, rústico antecesor del violín, llamado donongo. Las chirriantes notas que salían del instrumento y la suave y, a la vez quebrada voz del músico, se combinaron en una sedante canción similar a una salmodia. Por último, la primera parte de la actuación de Batimbo se cerró con una danza de la región de Rutana en la que bailaron juntos hombres y mujeres.



Folclore eslovaco



Tras la visceral actuación del grupo africano, llegó el turno del folclore eslovaco. El grupo Turiec volvió a demostrar el respeto que los países de centroeuropa tienen por su tradición y cultura. Su intervención destacó por la calidad de sus músicos y la gracia de sus bailes. Asimismo, brillaron con luz propia las voces de sus cantantes, en especial la de una joven que interpretó una canción en solitario, haciendo un alarde que fue premiado con cálidos aplausos por los espectadores.



La segunda parte de la actuación de Haritz discurrió por los bailes típicos de Bizkaia. El grupo elgoibarrés interpretó la tradicional Ezpata-dantza que se baila en la iglesia de Xemein el día de San Miguel para pasar a continuación a la gracia y el salero de las jotas de Arratia, llegando a colocar sobre el escenario a medio centenar de dantzaris.



A continuación, los tambores de Burundi volvieron a hacerse con el protagonismo del festival. Una decena de jóvenes ataviados con túnicas blancas cubiertas por una tela roja entraron en el escenario golpeando con un ritmo trepidante los tambores que portaban sobre sus cabezas. Tras colocarlos en el suelo y formar un semicírculo, se inició una danza de indudables resonancias guerreras en la que el sonido de los tambores lo ahogaba todo, desde el baile de los ágiles bailarines africanos hasta las expresiones de asombro de los espectadores ante aquel derroche de fuerza y ritmo.



El festival de Elgoibar se cerró con la actuación de Turiec, que volvió a hacer gala de todos los atributos del folclore de Centroeuropa, destacando de nuevo la calidad tanto de sus músicos como de sus bailarines.

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