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Txistu y danzas en 1928

Egilea
R.M.
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Albistea
Data
2003/06/14

Las antiguas danzas vascas languidecían, pues salvo el grupo de danzaris de Rentería, dirigido por Ireneo Recalde, y algunos otros grupos que aisladamente surgían aquí y allí, adiestrados por el veterano profesor de danzas José León Pujana, difícilmente se encontraban en Guipúzcoa hace ochenta años quienes pudieran presentarse al público en una solemnidad.



A semejanza de la sociedad inglesa The English Folk Dance Society y otras colectividades extranjeras, un organismo de toda suerte de garantías tomaba a su cuidado la conservación y reconstrucción de nuestra música y nuestras danzas.



El programa que iba a desarrollar la Academia constaba de dos partes, encomendadas cada una a tres técnicos bajo la dirección del vocal de música y danzas de la Sociedad de Estudios Vascos, P. José Antonio Donostia.



La primera sección formada por los señores José Olaizola, P. Hilario de Lecaroz y Luis Urteaga, tenía por finalidad la recopilación y colección de cuantas melodías antiguas de danza y cuantas composiciones se pudieran encontrar desperdigadas o medio olvidadas, para armonizarlas artísticamente para poder ser tocadas por uno, dos o tres txistus y abrir cursos oficiales y libres para la enseñanza del txistu y su fomento, gratificando al final de cada curso a los alumnos aprobados por un tribunal competente.



Los alumnos del primer curso que fueran aprobados recibirían una colección completa de danzas y composiciones antiguas y alguna cantidad en metálico. Los aprobados del segundo curso recibirían un txistu y un tamboril.



La segunda sección, dirigida por los señores Antonio Orueta, Francisco Olaran (presbítero) y Toribio Alzaga, recopilaría y corregiría las danzas del país en su parte coreográfica, según lo establecido por Iztueta en su libro de danzas y según la interpretación de los renombrados maestros de danza en Guipúzcoa.



Se haría una activa propaganda por toda la provincia de Guipúzcoa hasta conseguir que no hubiera pueblo de relativa importancia que no tuviera su grupo de danzaris. Estos eran los propósitos, pero la Academia llevó una vida lánguida, sin colaboraciones para desarrollar su programa.

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