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«Los vascos tenemos algo en la sangre que hace que la danza se nos dé bien»

El creador eibarrés estrena 'Apple Street' en la inauguración del IV. festival de danza de calle Dantza Hirian

Egilea
Iratxe de Arantzibia
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2009/09/18
- ¿En qué consiste 'Apple Street'?
- Es una propuesta de danza contemporánea que está ideada para hacerla en espacios no convencionales. Me gusta la idea de un espacio urbano que se convierte en un bodegón visto desde otra perspectiva. Si convierto un espacio urbano en un espacio no habitual, lleno de manzanas, el espectador va a recordar el lugar lleno de frutas la próxima vez que pase por allí. La obra también habla del amor. Era una necesidad que tenía después de la pieza anterior sobre el existencialismo. Procuro que todas mis piezas sean de una lectura agradable. Entre el antes y el después de verla, que el cambio para el espectador haya sido para su bienestar.
- ¿Qué quiere significar con la elección de la manzana?
- Cogí la manzana, porque es la reina de las frutas. La Biblia habla del fruto prohibido y no de la manzana como tal y todos los artistas lo representaban así. La manzana de Eva es el símbolo del deseo, del amor, de lo inalcanzable. Como símbolo tenía la potencia necesaria para ser consecuente con el concepto del amor que quería desarrollar. Si hubiera puesto plátanos, hubiera sido más sensual.
- ¿Cómo ha sido el trabajo de creación?
- Siempre hago un trabajo previo más conceptual o sesudo: me imagino la pieza como me gustaría que fuera. Luego, generamos frases coreográficas, material neutral sin más. Es como hacer un jarrón de cerámica sofisticada: primero la arcilla, luego cuando hay suficiente masa, empiezo a probar, a da formar, a tirar, y es cuando el movimiento cobra mucho significado. El 70% del material inicial va a la basura. El movimiento en sí no es lo importante. Todo el mundo es capaz de crear una frase coreográfica correcta; lo más difícil es que tenga un significado. La potencia está en los vacíos de las frases coreográficas, que es donde se esconde la iniciativa para expresar la danza.
- ¿Cómo se define como coreógrafo?
- Soy un coreógrafo versátil, que tiene el conocimiento de las herramientas anatómicas, del relieve, de la dinámica. Cuando me dediqué a coreografiar, tenía claro que quería hacer un trabajo de autor; había temas que quería contar. Ser un creador es algo innato; es una necesidad. Vivir de la danza tiene su dificultad, pero me permite desarrollarme en la dirección que yo quiero.
- Para Ud., la coreografía es la unión entre energía física y energía emocional.
- La danza puede ser muy neutral, el puro movimiento anatómico, tanto de un deportista de élite como de una persona de tercera edad. Hay otra parte, que es el movimiento psicológico. Cuando estás enfadado y tiras un vaso, ahí hay una energía psicológica que ha producido ese movimiento. El bailarín, además de moverse sofisticadamente, puede desarrollar esa parte emocional, esos espacios nuevos; ahí sí puedes encontrar material para llevar al espectador a estados emocionales.
- A la hora de crear, ¿existe alguna diferencia entre un trabajo de sala y uno de calle?
- Totalmente. Desde el principio, todo el imaginario del creador cambia de dirección. El público puede estar a todos los lados, así que la composición del espacio es diferente. Pero la proximidad del público, te permite emplear gestos o detalles que, en un teatro, deberían ser remarcados. También te impide desarrollar una dramaturgia en un tiempo. Apple Street dura quince minutos; no puedo hacer una obra que sólo se entienda si se ve entera, pues, en la calle, hay gente que pasa constantemente. Las piezas de calles deben ser permeables en el tiempo.
- ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene actuar en la calle?
- El suelo de la calle no es igual que una clase de danza con tarima y linóleo. Trabajar sobre asfalto no es igual para el cuerpo de un bailarín. Desde un punto de vista anatómico, cuando tú saltas, la tarima absorbe parte del movimiento. A la cuarta vez, el cuerpo me dice que basta ya. Tienes que tenerlo presente a la hora de montar la pieza. Como ventaja, que si no lías mucho, a nivel técnico no hay que llevar grandes estructuras de luces ni montajes técnicos. En la pieza de calle, pruebas el sonido y ya está. A nivel de público, en un teatro, tienes responsabilidad en el número de personas que va a ir, pero en la calle, siempre hay transeúntes.
- En enero, actuó en Eibar, ¿cómo fue la experiencia?
- Acababa de estrenar la pieza Absurdo y recibí una llamada desde el Teatro Coliseo de Eibar. Ellos habían reinaugurado el teatro hacía poco y querían que actuara allí. La verdad es que está fenomenal, tiene 400 localidades y todo el equipamiento nuevo. Pero una cosa era actuar en el Mercat en Barcelona y otra en Eibar con una pieza dadaísta. A ver si me echan a pedradas, pensé. La experiencia fue fantástica, la gente respondió muy bien y el teatro se llenó.
- ¿Cómo ve el panorama de la danza en Euskadi?
- La danza está creciendo más, el espectador se interesa más, las instituciones entienden que compañías necesitan un apoyo real. Si todos se aúnan, veo que la danza puede seguir creciendo.
- Euskadi, ¿es un país de coreógrafos o de bailarines?
- De bailarines, claro. Cuando trabajé en Europa, en cada compañía, había un bailarín vasco y curiosamente de mucho nivel. No sé en qué parte de la sangre debemos llevar algo que hace que la danza se nos dé bien, porque no hay centros especializados, aunque el vasco coge la mochila y se va estudiar a donde haga falta.
«Los vascos tenemos algo en la sangre que hace que la danza se nos dé bien»
Iker Gómez compone un detalle de amor en un bodegón urbano en Apple Street.

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