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Sueños del Quijoteen danza

Crítica, Escuela de danza del gobierno de navarra

Egilea
Teobaldos
Komunikabidea
Diario de Noticias
Mota
Kritika
Data
2005/05/18

LA Escuela de Danza ha comparecido ante el público con un guión que toma pasajes muy conocidos del Quijote -molinos, odres de vino, batallas, encantamientos...- para hacer un espectáculo luminoso, fluido, transparente en la narración; muy entretenido, en suma, donde los alumnos del centro se implican con soltura -desde los más pequeños hasta las clases de adultos- en la medida de sus posibilidades. Ya desde que se abre el telón se ve la maestría de José Láinez en la dirección; escenario limpio, con dos alturas que dan mucho juego, detalles simbólicos y una iluminación muy creativa. Otra cualidad importante fue el excelente movimiento de masas y la fluidez de las escenas, porque en esta obra entran y salen -sin estorbarse- más de cien intérpretes, y mantienen el relevo con gran coherencia. Acierto pleno, también, en la elección de la música de Laló, tan cercano siempre a lo español, y que en su Mamouna y Guitare conserva ese regusto sin caer en lo más tópico. Es una música bastante desconocida para el oyente habitual y lo suficientemente abierta y ecléctica para que las coreógrafas busquen en ella su parcela, donde evidentemente va a predominar la danza española, pero que también admite puntas, neoclasicismo y modernidad. Otro plato fuerte es el vestuario, concebido, muy acertadamente, para quitar cursilería y ñoñería a estas veladas. Hay elegancia en los toques casi galácticos que se da al vestido de danza española, originalidad en el atrezzo de abanicos y sombreros, y desenfado y humor en los detalles barrocos de las bailarinas más pequeñas. Las coreografías se adaptan, evidentemente, al momento académico de los alumnos. Despunta, por el protagonismo en este ballet, la clase de español de Cristina Álvarez, con especial gracia y revuelo tanto en manos como en taconeo y castañuelas, con un solo -no sé el nombre de la bailarina- de gran porte. Muy clásico el trío en puntas, por cierto muy bien traídas al vals interpretado en pizzicatto . Y de especial vuelo neoclásico la intervención de la jovencísima bailarina en el paso a dos con Don Quijote . Pero, como va dicho, fue el movimiento de los diversos conjuntos -alguno muy numeroso- lo que dio vistosidad a la velada.



Hay que saludar con optimismo para la danza trabajos como los presentados en este espectáculo, a pesar de que los tiempos no son muy buenos para esta bellísima disciplina. Ya saben, se disolvió el ballet de Zaragoza; en Madrid, los grandes de la danza se pelean...; pero, por lo menos aquí la llama sigue viva. Una cosa sí que me parece desoladora: el alumnado masculino no aumenta. Sigue siendo tabú el acceso al ballet de los niños. Una pena.

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