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Sintiendo la danza

Cerca de una veintena de niñas y jóvenes con síndrome de Down acuden cada sábado a clases de danza

Egilea
Patricia Gállego
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Albistea
Data
2003/03/05

La psicodanza surgió en Donostia hace nueve años de la mano de la bailarina donostiarra Isabel Verdini. «A raíz de nacer mi sobrina con síndrome de Down, le prometí a mi hermana que su hija iba a bailar», explica Isabel. Una apuesta que supuso un giro radical en su carrera profesional como bailarina y que ha ganado con creces a base de mucha ayuda, dedicación y paciencia. Y es que las personas con síndrome de Down, antes de comenzar a bailar, tienen que trabajar la psicomotricidad, fortalecer la musculatura, además de aprender a escuchar la música, conocer su cuerpo o controlar el espacio. Se trata de sentar bases para luego poder trabajar la técnica. Porque si algo tiene claro esta mujer luchadora y enérgica es que no está practicando gimnasia terapéutica. «Quiero que hagan arte, prepararles como profesionales de la danza».



Técnica perfecta



Puntuales como un reloj y enfundadas en sus mallas, salvo los días de mucho frío que van más abrigadas, comienzan a calentar. Son el grupo de las mayores y eso se nota. Basta con que Isabel diga «empezamos» para que las nueve se pongan en sus posiciones de manera disciplinada. La música comienza a sonar y van ejecutando una serie de movimientos con la ayuda de cuatro voluntarios hasta que salen impecables.



Un proceso lento que suele ir acompañado de algún que otro grito de Isabel. «Sé que son capaces de hacerlo y, por tanto, les exijo una técnica perfecta. Si empezamos con que nos dan pena no avanzaríamos nada», apunta taxativa. Para ello, es esencial que la música que escuchen les agrade y la interioricen, para que luego en cada uno de sus movimientos logren transmitir emociones al público. «Cuando un espectador se acerca y te dice que le han hecho llorar, sé que han transmitido todo menos pena», comenta Isabel. Y es que no hay que extrañarse que una persona con deficiencia psíquica pueda aportar tanto o más que una bailarina que levanta la pierna hasta la nuca, algo que se llega a entender cuando se ve una actuación.



Isabel Verdini sabe que en este periplo no está sola. Su marido, Jesús Murua, y cerca de diez voluntarios le ayudan tanto profesional como moralmente «sobre todo los días que tiraría todo por la ventana», afirma. Pero es consciente que aunque los avances son lentos y que puede pasar un largo tiempo en lograr otro logro, las mayores dificultades ya han sido superadas. «Han demostrado que pueden bailar». Ahora, su sueño es formar una compañía de baile compuesta por personas con síndrome de Down y que vivan de ello. Isabel reconoce que cantera no falta, únicamente personal. Por eso, está compilando en un libro todos sus apuntes de cómo hay que trabajar con estas personas para lograr que bailen.



El yo personal



Uno de los handicaps de las personas con síndrome de Down es la poca confianza que tienen en si mismos por miedo al rechazo. Generalmente, su autoestima es bastante baja, pero gracias al reconocimiento y al aplauso del público consiguen tener más seguridad. Algo se aprecia sobre el escenario. «Cuando se equivocan saben que no se van a quedar bloqueadas y que van a poder acoplarse al grupo», señala Isabel. Para ello trabajan continuamente en clase técnicas de improvisación.



Por otra parte, es muy importante que no se acostumbren a una estructura de baile predefinido. Son personas muy cuadradas que les molesta que se les cambie el esquema del baile, «pero es cuando ellos aprenden verdaderamente». Por esta razón, no les da todo a la boca y les pone trabas a la hora de bailar. No por ello les asusta salir al escenario. Todo lo contrario. Cuando están entre bastidores tienen totalmente interiorizado su papel de bailarinas. «Si ven a alguna bailarina capacitada haciendo estiramientos, no pierden la ocasión para demostrarle que también ellas son capaces», apunta.



Isabel no puede evitar reconocer que ella sí se pone nerviosa, una sensación que desaparece al ver la emoción en la cara del espectador. Y es que es un espectáculo donde el sentimiento es lo que llega al público.



Origen: La psicodanza surgió en Donostia hace nueve años de la mano de Isabel Verdini. En Euskadi es la única persona que imparte está disciplina.



¿Qué es la psicodanza?: Es el producto de un programa especial que adiestra a personas con deficiencias psíquicas, especialmente con síndrome de Down, para que se desarrollen como bailarines de danza contemporánea.



Alumnado: Son 16 alumnas entre 2 y 20 años.



Grupos: Hay dos grupos. El de las pequeñas formado por 7 niñas, de 2 a 6 años, y 5 voluntarios. Y el de las mayores, que se subdivide en función del nivel de cada una, integrado por 9 jóvenes y 4 voluntarios.



Actuaciones: El 13 de abril actuarán en Gala del Día Internacional de la Danza en Tolosa. El 29 de abril en la entrega de los Premios de la Danza en el Ayuntamiento de Donostia. El 27 de mayo en Biarritz y el 15 de junio tendrá lugar la actuación de final de curso en la Casa de Cultura de Errenteria.

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