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Sara homenajea a Eresoinka, la embajada cultural vasca durante la Guerra Civil

Músicos y dantzaris contrarrestaron con su arte la propaganda fascista en europa. Carlos Garaikoetxea y Miren Azkarate arroparon a los supervivientes y familiares en la ceremonia de Ihartze Artea

Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Tokia
Sara
Mota
Kronika
Data
2006/11/12

Reignet no olvidó Eresoinka. Conoció al txistulari donostiarra Antton Bastida, uno de los ocho supervivientes de la formación, y visitó Ihartze Artea, la casa en la que los 110 componentes de Eresoinka ensayaron entre septiembre y diciembre de 1937. Sin vínculo familiar ni sentimental con la agrupación pero armado con la convicción de que debía hacerse algo, esbozó un homenaje en Sara este otoño, cuando estaba a punto de cumplirse el 70 aniversario de su fundación.

Ihartze Artea acogió ayer por la tarde este guiño a quienes pensaron, impulsaron y compusieron Eresoinka. La sala en la que aparecieron los frescos del pintor irundarra Gaspar Montes Iturrioz se quedó pequeña para recibir a supervivientes y familiares de los músicos y dantzaris que viajaron por Europa en los años más oscuros para Euskadi.

Para arroparles, viajaron a Sara el ex lehendakari Carlos Garaikoetxea y la consejera de Cultura del Gobierno Vasco, Miren Azkarate. El que fuera también titular de la cartera cultural en el Ejecutivo vasco y ex alcalde donostiarra, Ramón Labaien, asistió porque vivió en Sara en el tiempo en el que se forjó el grupo y su familia estuvo también vinculada a Eresoinka, al igual que el presidente del GBB del PNV, Joseba Egibar, cuyo abuelo, Pablo, también formó parte de esta peculiar embajada.

"un viaje precioso"

De los ocho supervivientes del grupo, que tuvo en nómina al célebre tenor irundarra Luis Mariano, pudieron viajar cuatro: el txistulari donostiarra Antton Bastida Jauregui, la dantzari Pili Olaizola, la contralto de Ondarroa Karmele Urresti y la soprano primera de Zumaia Marguerite Trueba Embil. El delicado estado de salud impidió acudir a Perico Santamaria, Kirol , a las hermanas de Pili, Inake y Mirentxu, y a Miren Derteano de Amorebieta, porque su marido se encuentra enfermo.

Marguerite Trueba rememoraba ayer Eresoinka como "un viaje precioso que no habríamos podido hacer de otra manera". "Recorrimos toda Holanda, Bélgica, llegamos hasta Inglaterra, cuando terminábamos cada actuación gritábamos: ¡Gora Euskadi askatuta!", relataba. Trueba se casó en 1944 con un dantzari de Eresoinka, el donostiarra Bixente Amunarriz. Además de rico en cultura y convivencia, el grupo fue prolífico también en matrimonios. Las dos hermanas de Marguerite, Maitane y Miren, también se casaron con integrantes de Eresoinka.

También Pili Olaizola vivió en familia en Sara. Era la hija del director del coro, Gabriel Olaizola, cuyas otras tres hijas también se involucraron en Eresoinka. Quizá por eso, Pili recuerda que "los 110 éramos como hermanos". Aunque estuvo ensayando en Ihartze Artea, Pili debutó en París, cuando contaba con 15 años. "Antes no podía, era demasiado joven", indicó. Cuando el grupo se disolvió en París, en 1939, Pili Olaizola se quedó en Francia y se afincó en Burdeos hasta que otra contienda, la II Guerra Mundial, le obligó a desplazarse de nuevo. "Cuando los alemanes entraron a Francia, nos enviaron cada uno a nuestro país de origen, y nosotros volvimos a Donosti", evoca.

emocionante

El homenaje a Eresoinka empezó, claro, con un aurresku. Regina, viuda de Antton Iradi, se emocionó durante la actuación de dos dantzaris de Sara y una txistulari. Su marido también era bailarín. "Habría disfrutado tanto estando aquí", lamentó, sin poder contener las lágrimas.

El aurresku dio paso a uno de los momentos más emotivos del homenaje cuando el donostiarra Antton Bastida, de 88 años, hizo sonar su txistu. Después de dos intentos, pidió un vaso de agua y, entonces sí, la interpretación del instrumento al que ha ligado su vida arrancó las dos ovaciones más sentidas de toda la tarde. "Estaba tan emocionado y tenía la boca tan seca que no podía ni tocar ni hablar", recordaba al final del homenaje.

Cuando se levantó para su actuación aprovechó para citar a un hombre "del que nadie se ha acordado": Paul Rocaserra, músico y compositor natural de Hendaia e hijo de padres corsos, y que fue su manager en París. "Él lo organizaba todo: habitaciones, conciertos...", recordó. La hija de Paul Rocaserra, Anita, que estaba entre el público, se levantó para abrazar a Bastida por su recuerdo. A Rocaserra hay que atribuirle que los trajes de los integrantes de Eresoinka los firmara la alta costura: Pierre Cardin para los hombres y Coco Chanel para las mujeres. "Pero con pañuelo de casera", apostillaba Marguerite Trueba.

Después del exhaustivo repaso de Reignet a la historia del grupo, el txistulari Txomin Aguirregomezcorta estrenó, acompañado de otros tres músicos, el zortziko Eresoinka , que compuso especialmente para Antton Bastida cuando ambos txistularis se conocieron y el donostiarra le contó su historia.

Antes de trasladarse a la iglesia de Sara para asistir al concierto que el grupo Ondarra les tributó para rubricar la ceremonia, Carlos Garaikoetxea quiso referirse al valor de los componentes de Eresoinka como "una generación irrepetible del pueblo vasco" y abogó por recordar "su coraje y su fe" en unos ideales ahora que "los tiempos son menos oscuros pero se desfallece antes ante dificultades menos importantes".

Miren Azkarate hizo suyas las palabras del ex lehendakari y recordó que mucho antes de que Blas de Otero revelara que cuando a uno le despojan de todo, le queda la palabra, José Antonio Agirre ya tuvo esa visión: "Se puede perder una guerra, se puede perder un Gobierno pero al pueblo le queda la palabra, la música, la danza, la cultura. Tenemos mucho que aprender de la lección de Eresoinka", concluyó.


El tributo de una nueva generación de músicos


Un homenaje a músicos y dantzaris vascos no podía contener otros ingredientes. El menú diseñado por Philippe Reignet incluyó como primer plato un aurresku interpretado por dos dantzaris de Sara y una txistulari (en la imagen superior), seguido del zortziko Eresoinka , interpretado por Txomin Aguirregomezcorta y otros tres txistularis que abordaron también Minuto de tamborileros y la conocida melodía de El caserío de Guridi (Aguirregomezcorta es el primero empezando por la izquierda en la fotografía del medio). A modo de postre, el concierto de la coral Ondarra, dirigido por Philippe Oyhamburu, vinculado también a Eresoinka, en la hermosa iglesia de Sara (en la imagen situada sobre estas líneas), acto que rubricó un homenaje que se prolongó durante toda la tarde de ayer.


reportaje gráfico: iker azurmendi

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