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'Salbatzaile' de la danza

Con casi 82 años, Begoña sigue dirigiendo con energía el grupo de baile que fundó en Castaños en 1978

ABegoña nadie le enseñó a bailar. Aprendió ella sola mediante el método de la observación. Retenía en la memoria los pasos que daban los dantzaris de Olaeta cuando iban a una parroquia de Uribarri a enseñar a los niños y niñas del barrio. Tras espiar, salía a la calle a reproducirlos. Así empezó, como los músicos que tocan de oído. Solo tenía 12 años, pero suficientes como para absorber como una esponja el repertorio de danzas vascas que interpretaba el mejor grupo de la época en Bizkaia. A esa misma edad también comenzó a enseñar. Primero con las amigas y luego con los niños de Castaños, el barrio de toda su vida. Y muchos años después, a punto de cumplir los 82, sigue enseñando y dirigiendo con batuta de hierro el grupo de danzas que fundó en los locales de la parroquia de El Salvador. De ahí que el grupo se llame Salba-tzaile, y ella sea una salvadora de la danza.
Egilea
José Basurto
Komunikabidea
Deia
Tokia
Bilbao
Mota
Albistea
Data
2013/11/25
Lotura
Deia

No sabe por qué, pero siempre le gustó bailar. En la escuela y en las colonias de verano bailaba con soltura hasta la canciones franquistas que les obligaban a cantar las monitoras de la Sección Femenina. Así que no es de extrañar que recién cumplidos los 12 años se colara de incógnito en las clases de Olaeta. "Ellos venían a la parroquia de la Aneja, donde yo era catequista, a enseñar a bailar a las niñas mayores, y una vez terminada la Catequesis, me quedaba allí, viéndoles y fijándome en cómo lo hacían", recuerda Begoña. Lo debía mimetizar muy bien porque a la salida ya estaba enseñándoles a sus amigas lo que había visto. "Y así empecé", dice, "yendo con las amigas a bailar a Santa Marina, y aquí sigo, al pie del cañón". Entre tanto han pasado muchos años, todos ellos dedicados a la familia, a las danzas y al barrio que le vio nacer. Su carrera como dantzari se desarrolló en el grupo Dindirri. Según cuenta Begoña, "Dindirri era entonces como el Athletic, cogía a los que mejor bailaban de los grupos de danzas que había en Bilbao". Y así fue fichada ella. Allí canalizó sus inquietudes como dantzari hasta que se casó, a los 28 años. "En mi época, cuando te casabas, dejabas todo, hasta el trabajo". Sí, porque Begoña trabajó desde muy joven como dependienta en la Cooperativa Javier que los Jesuitas tenían en la calle Diputación.

Parroquias El matrimonio le retiró de la interpretación, pero no de la enseñanza de las danzas vascas. "Me llamaban de muchas parroquias de Bizkaia", recuerda, "porque era el único sitio donde se podía aprender ya que no entraba la policía". Así, en la semiclandestinidad, fueron surgiendo los grupos de danzas durante la dictadura. También el de Castaños. Begoña lo recuerda muy bien: "Le pedí al párroco de El Salvador que me dejara unos locales para ensayar porque yo había empezado a dar clases a los críos del barrio después de que las amigas me propusieran que les enseñara a sus hijos a bailar la jota, y como cada vez tenía más chavales...". El párroco aceptó la petición. El resto fue coser y bailar. Las madres confeccionaban los trajes y ella ampliaba el repertorio. Hasta que Begoña decidió que había que dar un nombre al grupo y federarlo. "Yo quería hacer bien las cosas para que así pudiera ir con los chavales por pueblos, ya que habíamos comenzado a actuar en las fiestas del barrio". Le llamó Salbatzaile en honor a la parroquia y al cura que les había permitido nacer. "A todos les pareció bien", dice, "incluso a los jóvenes". Eso fue en 1978.

Después de la parroquia se trasladaron a unos locales del mercadillo, donde estuvieron más de treinta años. Y desde hace cuatro, desde que el mercadillo se convirtió en Centro Cívico, los componentes de Salbatzaile ensayan en los bajos de un edificio que les ha cedido el Ayuntamiento al final de la calle Castaños. La actividad diaria en los locales es continua. Allí está ella, sentada en una silla, sin perder detalle. Begoña supervisa todo y si algo no le gusta, echa la correspondiente bronca. "Dicen que tengo mal genio, ya lo sé", confiesa, "pero si no llego a ser así igual no tendríamos grupo de danzas". Cuenta que los dantzaris mayores le suelen recordar "las toñejas que les he dado, pero no será para tanto", dice riéndose.

Populares Lo que empezó casi en familia se ha convertido en un grupo con más de doscientos dantzaris de todas las edades, desde los 6 años hasta los 60. Precisamente, las clases para los mayores de 18 años son las que más demanda están teniendo los últimos años. "Las llamamos populares", señala Begoña, "porque solo se enseñan bailes para las romerías". Actualmente hay 105 personas con una media de 40 años. "La pena es que hay gente que se queda fuera porque no tenemos sitio", dice. El resto del grupo lo conforman los niños y niñas que siguen las enseñanzas tradicionales para luego poder actuar. Por ejemplo, en bodas. "Antes nos llamaban más, pero ahora, o la gente se casa menos o hay menos dinero", señala. Las bodas les reportan unos pequeños ingresos con los que pueden afrontar los gastos que suponen renovar el vestuario. Y de eso se queja Begoña, de las pocas ayudas que reciben los grupos de danza. "Antes, en Bilbao había 15 grupos y ahora solo quedamos tres", advierte. Pero ella piensa seguir luchando, yendo al Ayuntamiento o la Diputación en busca de subvenciones. A pesar de que está en tratamiento por una grave enfermedad, Begoña dice que espera vivir muchos años, "por lo menos hasta los cien", dice. Reconoce que ha sido feliz enseñando a bailar a la gente del barrio "y de toda Bizkaia", empezando por sus cuatro hijos y ocho nietos. Muchos de ellos mantienen viva el alma de Salbatzaile.

Begoña Arroyo posa en el local donde ensayan los integrantes del grupo de danzas Salbatzaile en Castaños.

Begoña Arroyo posa en el local donde ensayan los integrantes del grupo de danzas Salbatzaile en Castaños. (O. Martínez)

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