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Rosángeles Valls: “Cada plan estratégico para la danza se va a pique”

Trabaja con regularidad, luce los galardones más prestigiosos y le respaldan cuatro décadas de trayectoria pero Rosángeles Valls echa el cierre de Ananda Dansa por la debilidad estructural. El 22 de febrero se despide con 'Âtman, el comiat' en los Teatros del Canal de Madrid.
Egilea
Elna Matamoros
Komunikabidea
El Cultural
Mota
Elkarrizketa
Data
2020/02/19
Lotura
El Cultural

Tras su paso por el Palau de les Arts y el Gran Teatre Antonio Ferrandis de Paterna, del que Ananda Dansa es compañía residente, llega a los Teatros del Canal de Madrid Âtman, el comiat, su más reciente y último montaje. Âtman significa ‘alma’ en sánscrito, y comiat, en valenciano, ‘despedida’ o ‘permiso para irse’. Paradójicamente, todavía sacudida por el clamor del éxito del estreno, la valenciana Rosángeles Valls, a la cabeza de la agrupación durante casi cuatro décadas junto a Edison Valls, ha anunciado el cierre de su compañía y su adiós a los escenarios.

Una función el día 22 pondrá punto final a una trayectoria que ha sido reconocida con el Premio Nacional de Danza, diez Premios Max o la Medalla de Honor del Consell Valencià de Cultura de la Generalitat Valenciana. Valls, vicepresidenta segunda de la Academia de las Artes Escénicas y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, sigue centrada en un su trabajo diario hasta que caiga el telón en su última función. “Cuando termine tendré papeleo y más papeleo. Se necesita tanto dinero y tanto tiempo para poder cerrar…”, explica a El Cultural.

Âtman, el comiat es una obra comprometida, como todo el trabajo de Valls, que siempre se ha inspirado en la realidad social. Este montaje, que reflexiona sobre la violencia de género, cuenta con música de su colaborador habitual Pep Llopis. Este ha partido del cant d’estil —canciones populares valencianas relacionadas con el ámbito rural, las rondas urbanas y los bailes— para crear una base orquestal sobre la que los textos de Amparo Panadero, en voz de la actriz Rebeca Valls, toman forma en una coreografía interpretada por 17 bailarines. Un elenco integrado por intérpretes de 60 años que empezaron en los inicios de la compañía y otros de sus últimas generaciones. “El cant d’estil es muy particular”, afirma la coreógrafa. “Viene de los árabes, nació con el flamenco. Pero el flamenco evolucionó y como Franco prohibió todo lo que estuviera en valenciano, el cant d’estil se estancó. Ahora está empezando, poco a poco, a volver a la luz. Yo tenía muchísimas ganas de trabajar con nuestra música tradicional valenciana”.

Pregunta. ¿Cómo fue la reacción de su equipo ante un tema tan doloroso?

Respuesta. Absoluta, porque la violencia de género no tiene edad; afecta por igual a una muchachita de 18 años que a una mujer de 84 como la que acaba de ser asesinada por el mal nacido de su marido, después de vivir 60 años con ella. Todos, hombres y mujeres, estaban totalmente implicados. Estoy orgullosísima y agradecida.

P. Es triste que siga afectando a las nuevas generaciones. ¿Se suponía que la sociedad tenía que evolucionar?

R. Lo que no evoluciona es la educación. En este país llevamos un retraso descomunal en educación y cultura porque en cada legislatura volvemos a empezar. En España no existe el medio o largo plazo.

Amargarse la vida

P. Eso también dificulta la gestión.

R. Por eso dejo la compañía, porque la estructura que se supone que debe proteger el producto artístico me está amargando la vida. No podemos perder tiempo investigando, creando, ni hacer espectáculos plurales con escenografía, vestuario, una iluminación potente, con más de ocho bailarines o música original. No podemos adelantar el IVA y cobrar las subvenciones un año después, y además pagar a final de mes a los bailarines porque los teatros pagan cuando pagan. Es una i-rres-pon-sa-bi-li-dad de los políticos hacia los artistas y se lo digo al nuevo ministro de Cultura, por ejemplo, que tampoco sé qué hace ahí, por cierto. ¿No lo estaba haciendo tan bien Guirao?

P. ¿Es un problema nacional o afecta más a unas regiones que a otras?

«Como artista subes al escenario con la mitad de lo que puedes darle al público porque la otra mitad te la dejas en la gestión»

R. Afecta cómo se respira la política cultural en España. Dos veces se ha intentado implantar un plan estratégico para la danza y dos veces se ha ido a pique por falta de acuerdos políticos. Es nacional aunque esto no sucede en el País Vasco, que es un ejemplo para nosotros, o en Galicia, que funciona de otra manera. En el País Valenciano afecta muchísimo. Yo tengo que hacer siempre lo mismo con 6, 7, 8 personas… Por ejemplo, el Centro Coreográfico de Nantes, que es una ciudad minúscula, prepara espectáculos con veinte bailarines y los llevan de gira. Aquí no nos llegan los recursos: te estás sacrificando como artista y subes siempre al escenario con la mitad de lo que puedes darle realmente al público porque la otra mitad te la estás dejando en la gestión. Pero no cierro la compañía con rencor porque siempre hemos tenido trabajo.

La sabiduría de Valls y, como ella misma admite, “el oficio, el poso de la edad” han cristalizado en una pieza que muestra su calidad como creadora. “He querido hacer una coreografía que, sin llegar a ser explícita, muestra y sensibiliza. Muestro pero no exhibo. Investigo mi propio estilo y creo que, independientemente de que estés sensibilizado o no con la temática de la pieza, la coreografía tiene su propio valor”, explica. Una obra que, en palabras de Valls, “transcurre de la oscuridad a la luz y refleja la crudeza del tema pero también que podemos tenderte la mano y ayudarte a salir, porque no estás sola”.

P. ¿Qué le diría hoy a la joven Rosángeles, la que empezó con su grupo hace 38 años?

R. Que se coma el mundo. Que se implique, que disfrute y que luche para dignificar la danza a todos los niveles, porque es algo que sólo podemos lograr nosotros. Que luche por pagar mejor a sus bailarines, por que cuando entren en la sala de ensayo tengan su seguridad social y su nómina, por que su técnica esté cada día más depurada para ofrecer al coreógrafo un buen manejo de su propio instrumento… En definitiva, tenemos que intentar ser cada día mejores personas, mejores creadores y mejores agentes sociales.

P. ¿Quién se queda colgado con el cierre?

R. Yo creo que nadie. El público tiene otras cosas y además, sinceramente, la danza no ha conseguido fidelizarlo en España. Aunque llenemos los teatros y tengamos trabajo, no hemos logrado ocupar el 50 % de los espacios con respecto al teatro. Mis artistas también trabajan en otros sitios; mi compañera de producción, sí se queda colgada. Y yo, que los voy a echar muchísimo de menos.

La coreógrafa aclara: “Yo ya he cumplido mi ciclo, he pasado todos los avatares artísticos, políticos y sociales que tenía que pasar. Quizás este acto pueda ayudar a sensibilizar algo. Si no, lo sentiré mucho; pero si fuera así, al menos los que vengan detrás de mí tendrán la oportunidad de ser verdaderos creadores”. Sólo en un momento se le quiebra la voz: “Mañana mismo me pondría a crear otro espectáculo. El contacto con mi gente me da la vida, qué le voy a hacer…”.

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