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"Quisiera dotar a mi tierra de una escuela y de mayores facilidades para la danza"

Igor Yebra, bailarín

Komunikabidea
Gara
Tokia
Bilbo
Mota
Elkarrizketa
Data
2004/07/11

Por tercer año consecutivo, el reconocido bailarín ha colaborado con los Encuentros de Arte y Cultura de Bilbo, su ciudad natal, con un taller de danza clásica. ­El curso que imparte incide en la búsqueda de la belleza y de la armonía, la transmisión de emociones y de sentimientos.



¿Cómo logra el bailarín que el público perciba todas esas sensaciones más allá de la técnica?



Desde mi punto de vista no debe darse vueltas a cómo conseguir la comunicación con el público. Desde el momento en que uno está haciendo lo que le gusta, lo que ama, y se lo está pasando bien, ya existe esa transmisión. El misterio está en sentir lo que se está haciendo en lugar de pensar en lo que se está haciendo. Se trata de sentir el pensamiento en vez de pensar el sentimiento.



­Tan bello como comunicar esas sensaciones será percibir que el espectador las recibe.



Indudablemente. Lo que ocurre es que el hecho de subirte al escenario es un acto muy egoísta y tiene que serlo, tiene que producirte un gran placer haya o no público, sino no funciona. Esta es una carrera que requiere de un esfuerzo muy grande y si simplemente estás pensando en causar un placer al público, en cómo se lo está pasando, estás acabado porque realmente, en proporción, eso vienen a ser minutos, no llegan a días, en la vida de un bailarín. Tienes que hacerlo por ti porque donde más horas mete un bailarín es en ese trabajo privado con uno mismo.



­¿Cómo prepara los papeles que lleva al escenario?



Pensando, buscando el máximo de información sobre los personajes que voy a interpretar. Un Romeo siempre es mucho más fácil porque tienes a Shakespeare, las películas que se han hecho, muchos libros en torno a la historia de Romeo y Julieta. Por otra parte, yo siempre he dicho que toda persona posee absolutamente todo tipo de sentimientos dentro de sí, depende de uno mismo determinar cuáles exterioriza. Nosotros tenemos la fortuna de que el escenario nos sirve como desahogo para sacar ese tipo de sensaciones que, de otra forma, quizás no nos atreveríamos a sacar porque no se deben ni se pueden sacar. Buscando y conociéndose a uno mismo uno puede encontrar dentro de sí todo tipo de personajes, de sentimientos y de sensaciones.



­En ocasiones le han definido como el perfecto Romeo. ¿Le resulta difícil asumir personajes distintos a éste?



Es un personaje muy para mi fisionomía, para mis facciones. He tenido la fortuna, además, de ser quizás uno de los bailarines que más versiones de ''Romeo y Julieta'' ha bailado. He tenido la suerte de interpretar las cuatro coreografías más importantes y eso me ha dado una visión de Romeo muy amplia. Creo, además, que Romeo está dentro de todo ser humano, es el personaje más sentido que podemos tener porque todos lo hemos vivido en una época de nuestra vida. Es un personaje con el que me he encontrado cómodo.



­Ha afirmado que un bailarín por muy buena técnica que posea debe contar sobre todo con una buena formación cultural.



En cualquier profesión y creo que, sobre todo, en la artística. Si nuestra máxima finalidad es subir a un escenario y transmitir esos sentimientos al público, lógicamente no podemos estar encerrados en nosotros mismos, en la técnica. Uno debe rodearse de todo lo que tiene a su alrededor, de la cultura, de lo que está ocurriendo en el mundo porque, de lo contrario, estará dentro de su bolita de cristal y no va a poder crear esa conexión con el público. Principalmente por eso, uno debe cultivarse en todos los campos. Cuanto más desarrolle su cerebro e inteligencia mejor va a ser en su profesión y, sobre todo, como persona.



­Lee mucho. ¿Cuáles son sus autores predilectos?



Leo casi todo lo que cae en mis manos. Me gustan mucho los clásicos, Shakespeare, Dostoyevsky, Tolstoy, los escritores alemanes. Me gusta la escritura profunda, la que no te lo da todo mascado, la que esconde algo más detrás de las palabras.



­Este mes estrena en Córdoba el musical sinfónico andaluz «Walada. El sueño de un poeta cordobés». ¿Qué puede contar de este montaje?



Es una obra bastante atípica. Va a ser una fusión bastante especial, con música en vivo compuesta por Triana. Digamos que que ese va a ser el mayor placer, contar con este grupo, que vuelva a estar ahí. Después, está la fusión entre el ballet español y el clásico. Es una fusión de tres campos que son similares pero, a la vez, son muy diferentes. A esto le unimos una escenografía audiovisual, con lo último del mercado a nivel de luces y filmación.



­Todo un reto para un bailarín clásico.



Aquí ejerzo también de coreógrafo. Tengo que hacer una coreografía a la que no estoy acostumbrado porque no abarca exclusivamente el mundo del ballet del cual yo procedo sino otro tipo de música y de movimiento. Esa es la mayor dificultad y luego trabajar con gente que vive en un mundo con otro ritmo de trabajo.



­Interviene como bailarín y como coreógrafo. ¿Cómo se siente más cómodo?



En mi trabajo me exijo muchísimo y quizás por eso sea tan distraído en mi vida cotidiana. Por eso me es muy difícil decir 'en esto más que en lo otro'. Cada cosa que afronto la intento llevar al máximo, más allá incluso de mis posibilidades.



­¿Cuáles son sus compromisos más inmediatos?



Después de Córdoba vuelvo a Italia. Tengo funciones en el teatro antiguo de Taormina, con un ballet nuevo creado expresamente para mí. Luego vuelvo a Roma, donde tenemos las representaciones del ''El lago de los cisnes'' en las Termas de Caracalla junto a la Opera de Roma. Lo siguiente, voy a Lituania a hacer ''Don Quijote''.





­¿En qué proyecto que no haya participado hasta la fecha le gustaría verse involucrado?



En dotar a mi casa de una escuela de baile y de mayores facilidades para la danza de las que en estos momentos hay. Ese sería para mí el proyecto más bonito porque ya no es un proyecto para mí sino un proyecto para los demás en el cual yo puedo ayudar.





­En un momento de su carrera decidió seguir como artista independiente. ¿Se ve creando su propia compañía?



Es algo muy complicado. A lo que yo me dedico principalmente, que tiene el ballet clásico como base, requiere de muchos esfuerzos para montar un grupo o una compañía, es muy difícil llegar a hacerlo. Por otra parte, no es lo que más me llama la atención. Sería como empezar la casa por la ventana. Yo ya bailo como bailarín invitado en muchas compañías, por eso no tengo esa cosa de tener mi compañía o de hacer lo que me dé la gana, porque entre comillas ya lo estoy haciendo. No tengo esa necesidad que tienen otros bailarines que están todo el año bailando con una compañía y quieren hacer algo que sientan suyo.

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