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Primer producto de la factoría Yebra

140 alumnos de la escuela abierta por el bailarín bilbaíno llevan al escenario del Arriaga 'Cascanueces Suite'

Egilea
Elena Sierra
Komunikabidea
El Correo
Mota
Albistea
Data
2007/06/26

Junto a pequeños bailarines de 4 años en adelante -«está siendo un trabajo muy duro para mí, para ellos y para sus padres», confía entre sonrisas el director de la escuela y del espectáculo-, estarán las estrellas del ballet de la Ópera de Burdeos Oksana Kucheruk y Roman Mikhalev, que ya bailaron en la segunda gala 'Los vascos y la danza', organizada hace un par de semanas por la Asociación Bilbao Ballet y dirigida también por Yebra. La coreografía esta vez es de Ángela Santos, «que es como mi segunda madre, me ha ayudado muchísimo», sobre la versión que hizo en su día Fernando Bujones, «uno de los grandes bailarines del siglo XX», sentencia.

Igor Yebra quería que sus alumnos tuvieran algo más que una actuación de fin de curso al uso para mostrarles la importancia de una disciplina que «no es un juego, aunque sea divertido. Es algo serio» que alguno de los 150 bailarines puede llegar a convertir en una profesión. Como han hecho muchos vascos que andan bailando fuera y que no cuentan con infraestructuras aquí. Eso precisamente, «infraestructura, base, conservatorios, escuelas», es lo que reclama Yebra.

Lo hace «sin catastrofismo, sin quejas. Al contrario, lo que quiero que se vea es que si hace 30 años la danza ni existía en Euskadi y en este tiempo, sin ayudas, hay tantas primeras figuras y buenos bailarines en los cuerpos de baile de muchas compañías, qué no nos puede deparar el futuro», explica. En un curso, sin ir más lejos, él ha consegudio de sus alumnos una 'Cascanueces Suite' de algo más de una hora de duración, que llega al público gracias al apoyo de La Caixa. «No saldrá perfecto, nunca saldrá bien porque siempre se cometen fallos, pero de eso se aprende. Esa es la mentalidad», dice el profesor.

Para Igor Yebra, nacido en 1974, formado en la escuela de Víctor Ullate, primer bailarín de esa compañía entre 1987 y 1996 y actualmente bailarín estrella del Ballet de la Ópera de Burdeos desde el año pasado y primer bailarín invitado de la Ópera de Roma desde 2001, hace falta que la formación en danza sea similar a la de música. La diferencia en el trato de ambas artes le parece incomprensible.

Reclama al menos un conservatorio de nivel elemental y medio en cada capital vasca, además de uno superior en la comunidad, para llenar un «agujero negro en la educación de nuestra sociedad» y para que los chavales, aunque no se dediquen profesionalmente al baile, «sepan valorar un espectáculo al verlo». De esta manera, además, el esfuerzo que tanto él como sus alumnos ponen en la escuela no quedará como «una quijotada», sino como un paso hacia la divulgación del ballet en Euskadi.

TRABAJO. Igor Yebra (a la derecha) examina los pasos de una de sus jovencísimas alumnas. / LUIS ÁNGEL GOMEZ

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