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Peeping Tom mezcla danza, teatro, música y cine para narrar la vida en una comunidad cerrada

"Otras miradas, otras escenas"

Egilea
Ana Oliveira Lizarribar
Komunikabidea
Noticias de Navarra
Tokia
Pamplona
Mota
Albistea
Data
2010/05/04

Después de que el Nobel Darío Fo inaugurase el Festival Teatro Gayarre Otras miradas, otras escenas el pasado jueves, la programación continúa hoy de la mano de la compañía belga Peeping Tom, que, partiendo de la danza, emplea otros elementos como el teatro, la música y los recursos cinematográficos para narrar una historia que sucede en una comunidad cerrada y sometida a un estricto código de comportamiento. La soledad, la incertidumbre y la supervivencia son los temas centrales de 32, Rue Vandendranden, en escena a partir de las 20.00 horas.

El título del espectáculo hace mención a una dirección postal de alta montaña, nevada y remota, donde entre los habitantes de dos caravanas subyace un entramado de reglas sociales que determina las acciones de sus habitantes, provocando situaciones de humor y llanto. El argumento se inspira, en parte, en la película La balada de Narayama, de Shoei Imamura, donde una comunidad pequeña y cerrada que luchaba por sobrevivir regía su comportamiento por un código muy estricto. Pero el filme sólo es "uno de los puntos de partida inspiradores" de la propuesta de Peeping Tom, tal y como comentó una de sus directoras, la bailarina y coreógrafa argentina Gabriela Carrizo, que ayer estuvo en el Condestable presentando el filme y hoy mantendrá un encuentro con estudiantes, profesionales y público en general en la Escuela Navarra de Teatro a las 12.00 horas. En esta cita, Carrizo dará cuenta del modo de trabajar que ha llevado a alcanzar gran prestigio en todo el mundo a la compañía que fundó en el año 2000 junto a Franck Chartier. Un núcleo de creación que apostó por configurar un lenguaje propio ya desde sus primeros proyectos, la celebrada trilogía Le Jardin, Le Salon y Le Sous Soul, con más de 350 representaciones en todo el mundo. Antes de eso, Carrizo, Chartier y otros colaboradores iban de gira en invierno con una caravana, en la que representaban Una vida inútil. "Fue un tiempo loco, pero divertido", recordó.

"zoom" emocional Con 32, Rue Vandenbranden, Peeping Tom profundiza un poco más en su interés por las emociones y presenta a una serie de personajes un tanto inquietantes en un escenario en el que, en medio de la tempestad, hacen aparición personas que protagonizan escenas aparentemente divertidas y poéticas: una mujer que cambia tres veces de vestido en un segundo, una pareja empujada por el viento que flota en el aire, una mujer que desaparece en una pared rocosa, alguien que imita El grito de Munch... "Queríamos analizar ciertos códigos", cuenta Carrizo, que subraya lo paradójico que resulta que en un lugar donde el cielo es enorme y la libertad parece tocarse, "los jóvenes deciden quedarse allí, encerrados en sus miedos, en su incertidumbre". Y cuando parece que se produce una situación que posibilita su partida, ya es tarde y entonces sólo queda luchar para sobrevivir".

La compañía explora estas temáticas desde la danza, "muchas veces extrema", el teatro y la música, un elemento capital en su trabajo. En este caso, suenan Pink Floyd y una composición creada por Juan Carlos Tolosa. Tampoco falta el cine, "que nos permite profundizar en los estados emocionales de los personajes", practicando una especie de zoom de los sentimientos; jugando con el sonido del viento o el silencio. Y todo, desde una atmósfera muy trabajada, con nieve en el suelo y en los tejados de los barracones, viento... Introduciendo al público en la atmósfera del espectáculo desde el principio.

Gabriela Carrizo, ayer en el Palacio del Condestable.

Gabriela Carrizo, ayer en el Palacio del Condestable.

Una de las escenas de

Una de las escenas de "32, Rue Vandenbranden".

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