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Pas de Basque

Egilea
M. J. Gandariasbeitia
Komunikabidea
Deia
Mota
Erreportajea
Data
2003/02/21

‘‘Pas de Basque’’ no es un título elegido al azar. Juan Antonio Urbeltz, antropólogo y folklorista, le ha dado ese nombre a su espectáculo para hacer justicia a la danza vasca, ya que el ‘‘pas de basque’’ es un movimiento de danza que existe en el vocabulario internacional de ballet clásico. «Todas las academias de ballet del mundo lo conocen y se utiliza constantemente», dice Urbeltz en estos días previos a la presentación en el Arriaga, mientras trata de explicar ese ‘‘paso valseado’’ difícil de describir con palabras, como una cadencia que va de derecha a izquierda, pero con una gran amplitud en el movimiento. «Ahora mismo, cuando estamos hablando de ello, en Tokio o Nueva York alguien está haciendo un ‘‘Pas de Basque’’ y que un elemento de la cultura de danza internacional que lleve nuestro nombre es importante. Cuando nos vean dirán: «hombre aquí están los que han creado el ‘‘Pas de basque’’ », añade.



Y los que en esta ocasión lo recrean son cuatro grupos ­‘‘Harkaitz’’, de Añorga; ‘‘Aritz’’, de Elgoibar; ‘‘Kezka’’ de Eibar y ‘‘Argia’’­ que forman en Ikerfolk un laboratorio de ideas para la escena. En total son alrededor de sesenta dantzaris, más ocho o doce músicos, que el domingo, a partir de las 20 h., subirán al escenario dirigidos por Juan Antonio Urbeltz, un enamorado de las formas tradicionales de la cultura vasca investigador del folklore desde los años 60.



En este caso el espectáculo se compone de tres sketches: danzas al desafío, danzas del destino y Carnaval. El desafío ­explica el investigador navarro­ es inherente a los aspectos individuales de la danza, con la rivalidad de los bailarines sobre quién borda mejor un paso, ya sea sobre una mesa , con unas varas o sobre medidas de trigo (el ‘‘almut’’, reflejado en la ‘‘almute-dantza’’). En cuanto al destino, el baile de cintas es la danza más universal por su alegoría: el palo simboliza el árbol de la vida y la cinta el cordón umbilical. «La vida es circular ­precisa Urbeltz­ y ésta es la disposición de los bailarines alrededor del palo, en el que todos somos obstáculo unos para otros, mientras se forma un tejido: el destino. Estas danzas las hemos unido a los ‘‘ingurutxos’’ de una parte de Navarra para hacer la presentación de las ‘‘danzas de boda’’ relacionándolas con la vida y el destino».



El tercer sketch del espectáculo se centra en el Carnaval con la introducción de algunas novedades suletinas y un fragmento de estilo contemporáneo en torno a los caballitos de ‘‘zamalzain’’.



Un trabajo individualizado



En este laboratorio de ideas cada grupo mantiene su identidad y trabaja una parte del programa y después el conjunto ensaya una o dos veces por semana en la sede de Argia en Aldapeta de Donostia. «Luego, cuando hay programas especiales nos reunimos los fines de semana en Arteleku para dar un repaso de forma exhaustiva a todo el espectáculo. Los músicos también acuden y pasan cinco horas tocando, lo cual no es ninguna broma porque todos los ensayos se hacen con la música en directo», explica el coreógrafo.



Todo el elenco de Argia es amateur lo que tiene doble mérito. «Son unos dantzaris y unos músicos de una versatilidad y una gracia como no es frecuente ver. Para los que hemos vivido la danza vasca desde los 18 años, presentar este espectáculo en el Arriaga es un sueño, porque cuando yo empecé en el año 59 esto era un auténtico desierto», comenta Urbeltz que reconoce la intensa preparación de los bailarines, aunque siempre dentro del estilo popular. «Hacen mucho ejercicio pero no tocamos nada los elementos gestuales del ballet clásico porque le da un manierismo y una falsa idea de lo que debe ser la danza tradicional. De eso hemos huido como de la peste. Procuramos que en lo que hacemos haya naturalidad».



A lo largo de los años, Argia ha montado espectáculos como ‘‘Zortziko’’, ‘‘Alakiketan’’, ‘‘Kondharian’’ o ‘‘Muriska’’, con algunos de los cuales han realizado giras y actuaciones en Boise, en París o en el Festival de Confolens, siempre con gran éxito.



Otro de los aspectos muy cuidados es el del vestuario, en su plasticidad y en la fidelidad a la tradición, tal como cuenta el director de la compañía. «Cuando hicimos ‘‘Zuberoa’’ recorrí el museo de Pau y el de Lourdes y Baiona muchas veces y el Museo de San Telmo de Donostia ni qué decir. También conecté con gentes del norte del país como Marcel Gaztelu que tenían una magnífica colección de trajes. Es toda una red».



un fondo oculto de cultura



Desde el punto de vista artístico, Urbeltz cree que Argia «ha supuesto el redescubrimiento de un fondo de cultura». El grupo ha puesto en circulación quinientas melodías de danza y construcciones de Carnavales además de otras cosas que en algunos casos estaban muy perdidas o no valoradas porque desde el año 40 no se habían tocado. «Los vascos no teníamos universidades ni departamentos de antropología sobre los que trabajar y esto se sostenía en cuatro ilusiones y cuatro ideas que venían del año 31 al 37. Aquí se ha vivido en una ensoñación», comenta.



Ahora en cambio hay unos documentos «que han permitido a la mayoría de los grupos de país trabajar sobre unos patrones de mayor fiabilidad», aunque Urbeltz reconoce que lo fundamental es el arte. «Se requiere sensibilidad y conocimientos porque bailar o construir un traje es muy versátil y complicado y cuando las cosas no se hacen bien, el pastiche o el invento se ve de lejos. Hay que hacerlo de forma que quede bien, que la gente del país lo recoja como algo propio y se sienta a gusto con ello».



Alakiketan’’ o el ritmo repetido de la tobera



ALAKIKETAN es una onomatopeya del toque de tobera, la txalaparta con hierro, cuyos primeros golpes suenan así: ‘‘alakiketan, alakiketan, alakiketan...’’. «De ahí le puse el nombre», recuerda hoy Urbeltz, que en aquella ocasión, allá por el año 94, investigaba como siempre para recuperar elementos populares de la cultura vasca y fundirlos a los de otras tradiciones. Argia debutó en 1987 con el ballet ‘‘Irradaka’’, al que luego siguieron ‘‘Zortziko’’ y ‘‘Muriska’’, una coreografía singular y llena de originalidad ya que estaba basa da en la dualidad de las culturas cristiana y turca, todo ello enlazado con las pastorales suletinas. Fue un espectáculos sobresaliente por la estética del vestuario, la técnica de los dantzaris y la originalidad de la coreografía.

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