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"Para ver un espectáculo hay que pagar; tal vez sea un inconveniente, pero el arte siempre permite soñar"

Thierry Malandain, director del Centro Nacional Coreográfico del Ballet Biarritz

Egilea
Cristina Tapia
Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Tokia
Donostia
Mota
Elkarrizketa
Data
2008/05/20

'El retrato de la infanta' y 'El amor brujo'. Maurice Ravel y Manuel de Falla. ¿Cómo surgió la idea de este espectáculo?

Se trata de un programa transfronterizo que une dos compositores: uno español, Falla y otro francés, Ravel. Me gusta mucho este programa y hablar de España a través de los ojos de estos compositores. Además, Ravel nació en Ziburu y por lo tanto es un francés que tiene acento vasco.

¿Cómo ha sido trabajar con obras tan conocidas?

En primer lugar, lo que hago es escuchar la música y a través de ella intento ver imágenes que esa melodía me inspira. Después, los propios bailarines e incluso bailando yo también, improviso algunos pasos y así va saliendo la obra.

En 'El retrato de la infanta' ha podido colaborar con el escultor Manolo Valdés y sobre el escenario se podrán ver tres esculturas suyas.

El retrato de la infanta surge de un encuentro que tuvimos con el escultor cuando hace años presentamos una obra con la compañía en Nueva York. Allí coincidimos con una persona relacionada con el mundo del arte, Pierre Levai. Él nos puso en contacto con Valdés. Hicimos muy buenas migas. Hay muchas similitudes en nuestro trabajo.

¿Cuáles son esas similitudes?

Él retoma Las Meninas de Velázquez y las trabaja de nuevo. Muchos pintores lo han hecho, como Picasso, por ejemplo. Manolo Valdés utiliza también obras míticas y las actualiza, que es lo que yo hago en mis coreografías. Él nunca había hecho teatro pero por amistad respondió que sí. De entre toda su obra escogimos Las Meninas porque son conocidas. Él pensó esculturas en bronce pero iba a ser complicado y le pedimos que las hiciera moradas y de resina. Pensamos que no le iba a gustar pero le pareció divertido y accedió.

¿Cómo ha sido trabajar con Valdés?

Ha sido un trabajo muy fácil porque él es muy simpático. Nos vimos por primera vez en Biarritz y luego otra vez en Nueva York. En realidad él ha confiado mucho en mí porque ni siquiera ha visto el resultado. Lo verá por primera vez cuando se represente en Nueva York, en junio.

¿Y 'El amor brujo'?

Se trata de una petición del Teatro de la Ópera de Saint Étienne. La historia es bastante sencilla. Trata sobre una mujer que ha perdido a su marido y quiere casarse de nuevo. El problema es que el espectro de su difunto marido le molesta continuamente. Se trata de un ballet muy conocido internacionalmente y no lo quería tratar de una forma narrativa. He querido aunar la idea de renacimiento que supone el matrimonio de la joven con los rituales de bienvenida de la primavera.

Este año el Centro Coreográfico Nacional de Biarritz cumple su décimo aniversario. ¿Cómo se encuentra de salud?

En septiembre habrá un espectáculo retrospectivo y en diciembre saldrá un libro. ¿Que cómo veo el futuro? De manera positiva, el ballet va bien, hay muchos proyectos. En 2009, por ejemplo, vamos a estar con este proyecto en México. Además, hay muchas ideas en ciernes. Lo que ocurre es que la sociedad tiene muchas otras prioridades y no sé qué ocurrirá.

¿No está el público está cada vez más familiarizado con este tipo de espectáculos?

Es cierto que hay que pagar una entrada, y eso tal vez sea un inconveniente, pero el arte siempre permite soñar y reflexionar. La gente pide arte y cultura y ésa es la fuerza que tienen ambas. El arte da la posibilidad de ir más allá y por eso la gente va más al ballet.

El director del Centro Nacional Coreográfico del Ballet Biarritz y coreógrafo Thierry Malandain, ayer en Donostia.Foto: dani sagastume

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