Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka "Para los bailarines de aquella época salir al extranjero fue como un éxodo"

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"Para los bailarines de aquella época salir al extranjero fue como un éxodo"

La bailarina Hilde Koch imparte clases en el primer encuentro europeo de ballets junior. Nació en Pamplona, se crió en Donostia y durante diez años fue solista bajo la dirección de William Forsythe en Frankfurt

Egilea
Cristina Tapia
Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Tokia
Donostia
Mota
Albistea
Data
2008/04/08

Ahora, vuelve otra vez a la ciudad que la vio crecer para ofrecer los conocimientos que le ha proporcionado su dilatada experiencia a jóvenes de los ballets junior de Biarritz, Génova, Toscana y Cannes dentro del primer encuentro europeo de estas compañías de jóvenes.

Estudió en el conservatorio de la capital guipuzcoana con unos profesores "magníficos": Peter Brown y Águeda Sarasua. "Eran los directores cuando yo empecé y tuvimos mucha suerte al poder contar con ellos", afirma.

Sin embargo, sólo con el conservatorio no se puede desarrollar una carrera en el mundo de la danza y por eso tomó la "difícil" decisión de salir al extranjero. "Era muy complicado salir adelante pero llegó un momento en el que había que tomar una determinación. Vieron que tenía aptitudes, que me gustaba y que me quería tomar esto como una profesión", comenta Koch. Ahí es donde surgió el "problema". "Después del conservatorio no había donde seguir con la educación, ni siquiera existían compañías en España y el trayecto educativo quedaba limitado".

Así, a comienzos de los 70 la única solución era marcharse. "Para los que salimos en aquella época fue como un éxodo porque no podíamos contar con otra alternativa en España. Me armé de valor, coraje y con mucha ilusión y salí", asegura la pamplonesa.

Aún así reconoce que tuvo suerte ya que gracias a un contacto del profesor Brown pudo estudiar un año en Essen (Alemania) y después en la Escuela de Stuttgart. "Tenía 16, todavía era una niña y ni pude firmar el contrato, aunque me vino de perlas porque pude aprender alemán y me di cuenta de que me faltaba bastante por afinar", comenta la bailarina.

Después dio el salto a la profesionalidad gracias al Ballet de Stuttgart donde permaneció ocho años y llegaron El lago de los cisnes , La bella durmiente , obras contemporáneas, el Metropolitan de Nueva York, el Royal Ballet... "En aquel momento éramos el producto alemán de exportación", asegura.

Pero fue en 1981 cuando conoció a William Forsythe, una de los coreógrafos de mayor relevancia en la actualidad. "Él entró como bailarín en la Compañía de Suttgart y pude vivir el comienzo y desarrollo de sus coreografías. Éramos un grupo de jóvenes con ganas de más aventuras, de más investigación en la danza y su trabajo nos llamaba muchísimo la atención", explica Koch.

fascinación La forma de hacer de Forsythe ha sido reconocida en todo el mundo por haber replanteado las normas del ballet clásico y trastocado sus tradiciones. En palabras de Hilde Koch, "tenía una capacidad creadora tremenda y abrió la puerta a bailarines a los que como yo nos llegó un momento en el que el repertorio no se nos hacía lo suficientemente interesante. A mí me fascinó desde el principio y me fui a Frankfurt con él porque veía que eso era en lo que yo quería invertir como bailarina; quería estar al lado de alguien así". "Tenía una visión fantástica del teatro, del espacio, de las luces, del tiempo y del contenido", añade la bailarina.

De los diez años que trabajó bajo su dirección, Koch recuerda con cariño cómo le hacía sentir el estadounidense: "Recrea un lenguaje nuevo y lo lleva a una técnica muy depurada y arriesgada. Te hace pensar en cómo puedes usar ese vocabulario para llegar más allá. Decía: no habría podido coreografiar esto porque lo estás haciendo tú y tú eres único ".

Ya en 1991 se unió como asistente a la dirección artística de la Compañía Nacional de Danza de Nacho Duato. "Tenemos una compañía que es un lujo. A través de Nacho la gente se ha concienciado mucho y en cualquier pueblo de Murcia saben quién es, van a ver el espectáculo y si no fuese él no sé si lo harían", asegura.

Ahora se dedica a las clases, a escenificar ballets de Duato y Forstythe y, desde hace cuatro años, forma parte del Consejo Rector de Teatros de la Comunidad Valenciana. El contacto con las nuevas generaciones le ha hecho ver que "hay mucho camino hecho" pero cree no existen tantas posibilidades que ofrezcan estabilidad. "Y un bailarín tiene que entrenar todos los días. No puede estar de camarero tres meses y después subir al escenario", finaliza.

Imagen de la bailarina pamplonesa Hilde Koch.Foto: n.g.

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