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Nuevos cofrades

Nueve parejas se convirtieron ayer en santaneros y santaneras en Ordizia, en la celebración que todos los años se hace en la villa

Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Albistea
Data
2007/07/28

A media mañana, los esposos plasmaron su firma en el volumen de actas de la cofradía, y se dirigieron después a la Parroquia para asistir a misa. Pero el momento más emocionante de la celebración llegó cuando las parejas volvieron al ayuntamiento para bailar la tradicional Esku-Dantza. Mientras las esposas salían al balcón, los maridos, acompañados por los txistularis, entraron en la plaza Mayor para dar comienzo a los bailes.

Aunque la mayoría de las parejas acostumnran a saber bailar piezas como el fandango, el arin-arin o el zortziko, este año entre los maridos había un dantzaro. «Aunque he bailado mucho para otras celebraciones y también he sido profesor, este año me ha hecho especial ilusión bailar en la plaza de Ordizia», comentó Joseba Juarez, mientras sus familiares estaban en primera fila disfrutando del espectáculo. Fue Joseba precisamente quien en, su función de aurrelari, tuvo el honor de abrir la celebración. Tras él, el segundo marido, el atzelari lo desafió con su danza.

Bajo la atenta mirada de las esposas, cuatro de los maridos subieron al ayuntamiento para recoger a una de ellas, que recibió la reverencia del aurreskulari. La operación se repitió con una segunda esposa, a quien el atzelari ofreció su mejor baile.

Finalmente, el resto de las esposas se incorporó al grupo de bailarines. En ese momento, todos los presentes pudieron observar la belleza de los mantones que lucían las nuevas cofrades. «Se dice que fue Fray Andrés de Urdaneta quien trajo de Manila los mantones a la vuelta de una de sus expediciones a Filipinas. Otros, sin embargo, creen la tradición empezó con el clásico pañuelo de ocho puntas y se pasó al mantón, porque es mucho más vistoso. También se dice que antes se usaba para disimular los embarazos de muchas de las recién casadas», explicó Iñaki Hidalgo, responsable de Cultura de Ordizia. Lo cierto es que, a pesar de su belleza, las prendas dieron mucho calor a sus portadoras. «Entre el calor que da el mantón y que se nos hinchan los pies, no se cómo hemos bailado», bromeaban las santaneras.

Tras la exhibición en la Plaza Mayor, las parejas cogidas por un pañuelo blanco recorrieron las calles de la Parte Vieja. El desfile de las nueve parejas se hizo entre la música de los txistularis de Ordizia y la gente y familiares que los acompañaron.

Aunque algunos se mostraron más hábiles que otros a la hora de bailar, lo cierto es que todos pusieron mucha ilusión y empeño. «Al final ha salido mejor de lo que pensaba», aseguró el ordiziarra Iván, que se vio metido en esta celebración por iniciativa de su mujer, Charo, y porque también lo habían hecho otros de la cuadrilla. En la pareja formada por Argiñe y Joseba, fue éste quien, como buen ordiziarra, quería vivir la experiencia. «Llevamos un mes ensayando tres veces por semana. Y aunque Joseba es un experto bailarín, la verdad es que no hemos ensayado en casa», explicó la beasaindarra, quien aseguró que esta celebración era casi una cita obligada ya que su marido lo había vivido desde pequeño y le hacía mucha ilusión participar.