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Nuevos caminos para la danza tradicional

La participación directa de las mujeres es uno de los últimos cambios que vive la danza tradicional vasca

Egilea
Nagore Ferreira Zamalloa
Komunikabidea
Deia
Tokia
Bilbao
Mota
Erreportajea
Data
2004/04/17

La participación de la mujer en las fiestas populares ha abierto puertas que antaño eran infranqueables. Hoy en día en los grupos de danzas su número rebasa con creces al de los hombres. Además, de la «feminización» de la danza vasca tradicional, los expertos apuntan que los dan-tzaris son más jóvenes que antes.





Los nuevos aires también han traído la experimentación y la mezcla a la danza, algo que no parece convencer a todos.





Durante las décadas 50 y 60 del siglo pasado el medio rural de Euskal Herria sufrió un éxodo que lo dejó parcialmente vacío. De esa manera muchas de las costumbres y modos de vida relacionadas con lo rural comenzaron poco a poco a no ser útiles, y por lo tanto a desaparecer.





«Bailar danza tradicional y ser baserritarra eran lo mismo, y eran algo peyorativo», explica el etnólogo bilbaino Kepa Fernandez de Larrinoa. A finales del siglo XX lo rural recuperó su aspecto positivo, y también la danza tradicional. Pero hubo cambios significativos. Entre ellos cabe destacar la entrada de la mujer en las celebraciones populares. Los hombres, que hasta entonces protagonizaban la mayoría de las representaciones folklóricas, se alejaron de ese mundo y las mujeres tomaron la iniciativa. «Además de feminizarse ­asegura Fernández de Larrinoa­ los dantzaris son ahora más jóvenes que antes».





Escasez de hombres





La sensible disminución de hombres y la incorporación de las mujeres ha traído consigo cambios en la ejecución de las danzas. Las maskaradas de Zuberoa, según algunas opiniones, no expresan lo mismo representadas por mujeres; los pasos son los mismos, pero parece ser que ya no expresan fuerza como antes. Para muchos la calidad ha bajado.





Algunos no toleran la feminización de la danza. «He visto enmudecer a txistularis en Baztan ­recuerda el etnólogo bilbaino­al salir las chicas a bailar el mutil-dantza». Para muchos otros no hay otra solución que amoldarse a esta evolución. «Hay muy pocos chicos pero la mayoría de las danzas son de ellos, ¿vamos a dejar que desaparezcan porque no queremos que los hagan las chicas?», lanza Edu Muruamendiaraz, director de la compañía Aukeran. Cada vez menos, pero todavía se tilda a los chicos dantzaris de ‘‘mariquitas’’, según explica el dantzari gipuzkoarra.





La danza tiene fuertes competidores, con los que se encuentra en desventaja. Los niños disponen de una amplia oferta, y la danza poco tiene que hacer frente a la repercusión del fútbol, por ejemplo. «Vista desde fuera», como puntualiza Juan Antonio Urbeltz director de la compañía Argia, no parece una actividad muy ligada a los chicos. «Tiene que vérselas, sin apoyo, con deportes que aparecen continuamente en los medios. No me refiero a que haya que mimarla, porque se tiene que defender por sí misma, pero sí a apoyarla más», añade el investigador.





«Se enseña euskara en las ikastolas ­agrega­ pero resulta que otros elementos de la misma cultura vasca, como es el caso de la danza, se dejan a la misma altura que el judo o el baloncesto. En mi opinión no se valora en la medida que le corresponde».





A menudo se habla de crisis en la danza tradicional, de que camina sin rumbo. En opinión de Edu Muruamendiaraz «no vive sus mejores momentos, esa es mi percepción; algo tendrá que cambiar para atraer a más gente». Ante esta situación Juan Antonio Urbeltz cree imprescindible que los grupos definan su papel dentro de la sociedad: «Cada grupo debería funcionar como un grupo de folk; como mantenedor y conocedor de una tradición».





La fragmentación que existe en el entorno de la danza preocupa a Kepa Fernandez de Larrinoa. «Hay mucha gente preparada, cada uno con un proyecto muy personalista pero no hay diálogo». Acusa la falta de una institución que una a todos los agentes.





«La crisis continuará ­profetiza Urbeltz­ mientras exista una atomización de grupos y de actividades. Necesitamos una estructura que conduzca». La de la danza parece ser una crisis endémica pero no mortal, como la que sufren otras expresiones artísticas.