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Nuestras fiestas y danzas, en un libro-guía de Fernández Larrinoa

Además de poder utilizarse como guía de consulta, será de gran utilidad para los investigadores de folclore vasco

Egilea
Beñat Doxandabaratz
Komunikabidea
Deia
Tokia
Donostia
Mota
Albistea
Data
2004/02/24

Esta publicación del Departamento de Cultura del Gobierno vasco es un completo catálogo de danzas vivas que tienen lugar en diferentes localidades de Euskal Herria, desde las Entradillas de Orduña a las danzas de los Buhameak en Zuberoa, pasando por la bajada de los Cipoteros de Tudela.





Además de poder utilizarse como guía de consulta (con fotos tomadas a pie de calle inclusive), será también de gran utilidad para aquellos investigadores proclives a estudiar nuestro folclore.





A lo largo de los siglos las fiestas y danzas han evolucionado, pero siempre «han tenido como génesis el ciclo biológico del hombre (nacimiento, paso a la edad adulta, matrimonio,...) y al ciclo económico (cosecha, industria,...)», comentó Fernández de Larrinoa, que compareció en conferencia de prensa junto a José Antonio Arbelaitz, director de Creación y Difusión Cultural del Gobierno vasco.





La primera edición del trabajo ha sido de 1000 ejemplares que, además de ponerse a la venta, se remitirán a bibliotecas, grupos de baile y a la propia Euskal Dantzarien Biltzarra.





Así, sobre la base de una encuesta y posterior estudio etnográfico, el iruindarra Unai Martiartu ha catalogado y ordenado toda la información de forma temporal («siguiendo el calendario eclesiástico», precisó), con datos sobre la localidad en la que se ejecutan, descripción de cada danza, atuendos y colorido, música e instrumentos, historia y evolución de la danza y de la tradición arraigada a la misma.





Fernández de Larrinoa, no obstante, matizó que no se trata de un «calendario exacto y exhaustivo», ya que únicamente abarca aquellas citas que combinan danzas representativas con una localidad y sus habitantes.





Aunque no entró a valorar si nuestro folclore es más rico que el de otras latitudes, destacó que así como algunas celebraciones «se han ido perdiendo», a finales del siglo XX «otras se recuperaron, gracias a que los jóvenes repoblaron las zonas rurales ­el elemento dinámico imprescindible­, por aquello de la mejor calidad de vida». Añadió que muchas de las danzas han ido «perdiendo ese envoltorio litúrgico» de antaño para convertirse «en celebraciones de consumo cultural».