Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka "No me canso de decir fuera que el ballet clásico está lleno de pasos que proceden de las danzas vascas"

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"No me canso de decir fuera que el ballet clásico está lleno de pasos que proceden de las danzas vascas"

Egilea
Iñaki Mendizabal Elordi
Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Tokia
Bilbao
Mota
Albistea
Data
2011/05/02
Lotura
Noticias de Gipuzkoa

Veinte años después regresa al Teatro Campos Elíseos. ¿Sigue manteniendo intacta su ilusión?

Lo mío es vocacional, esto no es un trabajo, es una bendición. Si algún día dejo de disfrutar lo dejaré. Seguir adelante sin ilusión no tendría sentido para mí. A pesar del trabajo y del estrés, es un oficio maravilloso.

Pero tiene sus límites ¿Hasta cuándo puede estirarse su profesión?

Hay que mirarlo individualmente. El ballet clásico ha evolucionado mucho. Cada vez empiezan antes, y con mayores exigencias. Las lesiones llegan antes y muchos bailarines se retiran a los treinta años. Yo tengo la fortuna de que las lesiones me han respetado, y soy un trabajador total de mi cuerpo, muy constante, y eso hace que tu carrera se pueda prolongar un poco más de tiempo.

Ensaya cuatro horas al día. ¿Cuántas dedica a su preparación física?

Todas. Son cuatro horas físicas que trabajas todos los días, sí o sí. Estiramientos, abdominales, ejercicios de barra, etc... El estiramiento, además, es una cosa continua que hacemos durante todo el día.

¿No le resulta tediosa la disciplina?

Esa es la gran dificultad del ballet, pero pasa igual con la música. Hay que empezar desde pequeñito, y a los alumnos hay que hacerles comprender que ese entrenamiento tedioso, esas repeticiones, son esenciales para poder ejecutar los movimientos como se deben. Y la juventud ahora no está acostumbrada a ese sacrificio. Están acostumbrados a hacerlo todo rápido, a conseguir resultados rápidos, y eso no concuerda con el ballet clásico ni con la música.

Tras años exigiéndole el máximo, ¿le sigue sorprendiendo su cuerpo?

Sí, me sigue sorprendiendo. Sobre todo en los malos momentos, que es cuando más aprendes. Por ejemplo, cuando estás lesionado pero no puedes parar por cuestiones de agenda, te das cuenta de lo inteligente que es el cuerpo, y ves que puedes llevarlo a unos límites insospechados, pero para ello hay que saber escucharle, hay que saber quererlo y respetarlo. Y te da sorpresas increíbles.

Ha afirmado que baila mentalmente a todas horas. ¿No es obsesivo?

Hace años, cuando atravesaba por un mal momento y pensaba en dejarlo, Antonio Gala me dijo: Te has equivocado, tú no has elegido un trabajo, tienes una vocación. Las vocaciones son maneras de vivir y, lógicamente, son obsesivas, tienen que serlo.

¿Ha sufrido muchas situaciones así?

He tenido muchos baches, y es normal, pero de ahí se sale reforzado. Ahí es donde aprendes a superarte.

¿Qué se le hace más duro?

Para mí todo lo que hago es normal. No me importa viajar; llevo fuera de casa desde los trece años y no me asustan los retos. Al revés, me asustaré el día que tenga que dejarlo y no viaje (risas). Pero, por ejemplo, no llevo muy bien estar rodeado de gente. Lo demás va implícito en el trabajo. Es un punto masoquista, lo sé.

¿Se acuerda del aplauso más largo que le han dedicado?

La verdad es que no. Me gusta, no voy a mentir, pero cuando acaba la función estoy deseando para poder relajarme y quedarme solo. Me gusta refugiarme en mi soledad un rato, en silencio. Tengo que desconectar para reencontrarme.

¿Cómo va la academia que fundó?

Muy bien. Este es el quinto año y tenemos 150 alumnos, desde el primer momento fue un éxito de matriculación. No tenemos espacio físico para albergar a más. Pero es una pena que no podamos terminar el trabajo. Antes de que se conviertan en profesionales, los dos últimos años de formación, nos vemos obligados a mandar a las alumnas a otros centros. Una niña que ha ido a Londres, otra a San Francisco, otra a Madrid... Nunca estoy satisfecho, y me gustaría que pudiéramos empezar y acabar con cada persona.

Echa de menos una Escuela Vasca de Ballet, o un Ballet Nacional Vasco.

Sí, claro, algo así haría falta. Pero estoy contento del gran grupo que hemos formado. No todos los que vienen quieren ser profesionales, pero no hacemos distinciones y enseñamos disciplina y respeto. Aun así siguen viniendo todos con la misma ilusión, y eso me llena de orgullo.

¿Se trata de falta de sensibilidad?

En el mundo del ballet, igual que en el de la música, la técnica ha evolucionado de forma salvaje. Pero muchas veces a los profesores se les olvida que el ballet no es un mero ejercicio técnico; se supone que es un arte, un medio de expresión, y ahí es donde algunos fallan. Pero los tiempos tampoco acompañan, porque vivimos en la sociedad de la tecnología y de la ciencia. Eso está bien pero no hay que olvidar que lo más importante es el sentimiento.

¿Sigue los pasos que está dando el baile tradicional vasco de la mano de Jon Maia o Edu Muruamendiaraz?

Sí, los conozco muy bien. Están haciendo un trabajo excelente. Igual que ha ido evolucionando el ballet clásico, tiene que evolucionar nuestro baile tradicional, no hay que asustarse con ese tipo de cosas, y menos cuando se hace como ellos: con respeto y con mucho trabajo.

Los vascos hemos jugado un papel interesante en el ballet clásico, ¿no?

El ballet clásico está plagado de pasos que vienen de las danzas vascas, y esto no es ninguna tontería: el paso del vasco, el salto del vasco, los saltos cruzados de la ezpata-dantza... hay muchos movimientos. El ballet clásico lo crearon franceses e italianos, y uno de esos coreógrafos, que vivía cerca de Iparralde, introdujo pasos de las danzas vascas. Yo no me canso de decirlo fuera.

Pero no tenemos fama de buenos bailarines.

Es como eso que se dice de que los vascos no tenemos sentido del humor. Me río yo de eso (se ríe)

Igor Yebra, en su papel de Albercht en "Giselle".

Igor Yebra, en su papel de Albercht en "Giselle". (Foto: teatro campos elíseos)