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No hablo de sacrificios porque soy una privilegiada

El próximo viernes actuará en la gala de Los Vascos y La Danza en el Palacio Euskalduna de Bilbao, pero su primer aplauso lo recibió actuando en la parte trasera de un camión en las fiestas de un pueblo navarro. Tenía seis años. Un cuarto de siglo después, la guipuzcoana es una bailarina que recoge el reconocimiento del público en los mejores teatros del mundo.
Egilea
Rosana Lakunza / Joachim Riederer
Komunikabidea
On
Mota
Elkarrizketa
Data
2014/10/10
Lotura
On

Lleva veintiocho años bailando, y eso que solo tiene treinta y dos. Cuando tenía cuatro comenzó a ir a clases de ballet en Hondarribia (Gipuzkoa), su localidad natal. Recuerda a su profesora, Elvira, y el momento en el que ella le dijo que si quería seguir adelante con la danza tenía que salir fuera. Itziar Mendizabal emprendió muy joven el viaje hacia una profesión que obliga a dejar atrás entorno y familia: la danza clásica. Horas de soledad, de baile, de alegrías y añoranzas, todo mezclado en una mujer alegre y divertida, también sumamente positiva, que disfruta con su profesión y que es la primera solista del Royal Ballet de Londres. El viernes, a las ocho de la tarde, en el Palacio Euskalduna, volverá a subirse a un escenario tras diez meses de parón por una lesión. Tener enfrente a los espectadores vascos, su familia entre ellos, le emociona. 


Lleva ya mucho tiempo bailando...
Uff, sí, desde los cuatro años. Nadie sabe de dónde salía mi afición a la danza, porque no es que mi familia me llevara a ver ballet, nada de eso. Estaba claro que cada vez que veía algo de baile o escuchaba música me quedaba hipnotizada, y con cuatro años le dije a la ama que quería hacer ballet.

¿Tenía posibilidades de iniciarse en ballet en Hondarribia? 
Sí, en la escuela de Elvira Ubierna. Allí íbamos casi todas las niñas de la ikastola. Tenía muchas alumnas, y por su escuela hemos pasado medio Hondarribia.  

El mundo del ballet se va complicando año a año y se vuelve muy exigente.
Si lo eliges como una carrera, es como todas. Si quieres triunfar en una carrera hay que trabajar mucho. En mi caso, para hacer del ballet mi carrera profesional me tuve que ir de casa muy temprano. Elvira era muy buena profesora, pero fue ella la que me dijo a los catorce años: Tendrás que irte fuera, yo más de lo que has aprendido ya, no puedo enseñarte.
¿Una decisión difícil?
La situación hace que esta carrera se complique un poco más. Una no puede compaginar el ballet con los estudios; tienes que tomar decisiones a muy temprana edad. 
¿A dónde se fue usted?
Con catorce años me fui a Madrid, a la escuela de Víctor Ullate, que fue la que más me gustó.
¿Era consciente de que destacaba en ballet?

Bueno, eso es relativo. Había alguna compañera más que también destacaba en clase, pero mis padres tenían miedo y se preguntaban: ¿Destacará también cuando estéen Madrid? Y parece que sí destacaba. Víctor también vio potencial en mí y la Diputación me dio una beca, así que parece que sí destacaba de pequeña.

¿Fue duro salir de casa e irse a vivir sin su familia a Madrid?
Recuerdo cuando tuve que decir adiós a los aitas, cuando me dejaron con una señora y su hijo. Ese viaje que había planificado, que había casi soñado, se convertía en realidad. Tus padres se van, tú te quedas ahí, tu hermana tampoco está, estás con una familia que no conoces... Fue duro, un show. El primer mes estás muy emocionada, todo es nuevo, estás todo el día bailando y conoces a gente distinta, pero cuando llevaba dos meses me empecé a dar cuenta de la verdad y a echar mucho de menos a la familia, a los amigos... 

¿Muchas lágrimas por la noche?
Sí, de esas seguro que mi ama te contaría miles. Días que le llamaba y le decía gritando: Me quiero ir de aquí, quiero volver... Pero al día siguiente llamaba y le decía: No, no, me quedo que me ha ido muy bienHabía un poco de todo: momentos duros y momentos felices, pero eres una niña y aunque maduras de golpe, tus primeras reacciones son muy extremas: días buenos y días malos.

¿Da miedo dejarlo todo para no avanzar y quedarse a mitad del camino del mundo de la danza?

Sí, y lo he visto mucho a mi alrededor. Yo tuve claro que iba a dejar los estudios para dedicarme al baile porque los horarios no me daban para todo. Mis aitas son los dos maestros y sabían que era un gran riesgo lo que iba a hacer, pero tomamos una decisión porque no llegaba a todo, y eso que yo era buena  estudiando. Mucha gente lo ha hecho igual que yo y no ha tenido la misma suerte, no han hecho una carrera en danza y han tenido que regresar con
todo lo que eso implica: sensación de fracaso, volver tarde a los estudios... Puede ser algo muy frustrante y es un riesgo. 

¿Qué es necesario para hacer danza y no morir en el intento?

Juegan muchos factores: la capacidad psicológica para aguantar la dureza física, la separación familiar, las lesiones... Puede ir mal, y por desgracia hay gente a la que no le ha ido tan bien como a mí y ha sufrido mucho. 

¿Qué ha dejado por el camino para convertirse en la primera bailarina del Royal Ballet de Londres?

Más que dejar cosas por el camino, haces elecciones. No me gusta utilizar la palabra sacrificio. Considero que soy muy privilegiada a la hora de hacer lo que hago, de tener la suerte de vivir, y vivir bien, de algo que me encanta hacer. Que es duro, sí, porque muchas veces no he podido estar en Navidades en casa, no he podido estar en determinadas situaciones con mi familia; que hay cosas a las que tienes que renunciar, también; pero no es más que una elección. Y esta carrera me da muchas cosas positivas: haces elecciones duras o no tan duras, pero eso va en el trabajo. 

Alicia Alonso comentaba en una entrevista que una de las cosas que ella no podía hacer y le encantaba era patinar.

Ja, ja, ja... Si te digo la verdad, me iba muchas veces en patines a clase de ballet y Elvira, la pobre, se tiraba de los pelos. Además de ir en patines, yo jugaba al fútbol, hacía atletismo, me iba a esquiar... Te estoy hablando de antes de los catorce años. Una vez que fui a Madrid y todo era más serio, evitaba hacer cosas de riesgo. Por ejemplo, una cláusula del contrato de cuando bailaba en Zúrich decía que no podíamos montar en moto, no podíamos esquiar, no nos permitían hacer nada que tuviera riesgo de lesión. 
Todas esas cosas también entran en el listado de renuncias, ¿o no?

Cuando era joven hice de todo y no me arrepiento. La verdad es que hay que vivir con cabeza, con cuidado, pero tampoco se puede uno obsesionar. 

¿Echa de menos Hondarribia?
Mucho, aunque ahora un poco menos, porque tengo mi vida montada y bastante establecida en Londres, con mi marido, y vas sintiendo que esa es tu casa. Durante años, cuando estaba en Madrid, en Zúrich o en Alemania, tenía esa cosa de que mi casa todavía era Hondarribia. Aún lo echo de menos, pero es diferente, me siento más establecida allí, aunque siempre vuelvo: no hay año en el que no vaya por lo menos dos o tres veces. 

¿Cómo es un día normal en Londres?

Por la mañana llego a la Ópera hacia las nueve y media de la mañana, a las diez estoy en el estudio, las clases empiezan a las diez y media, y duran una hora y cuarto. A las doce empezamos con ensayos hasta las seis y media de la tarde. Ese es un día en el que no hay espectáculos. Los días que hay espectáculo son más o menos lo mismo hasta las cinco y media de la tarde, y luego el espectáculo. Trabajamos de lunes a sábado, e incluso, en ocasiones, algún domingo. A tope.

¿Cuál es su ballet favorito?
Ufff, es difícil elegir uno, pero si tengo que  hacerlo, El pájaro de fuego. Con él fui primera bailarina en Alemania y me siento muy identificada. También lo bailé en el Royal. Me trae buenos recuerdos. 

Muchas bailarinas dicen que una de las renuncias es la maternidad... ¿Le pesa a usted este tema?

Por suerte, esta es una compañía que te permite tener hijos. ¿Puede afectar a mucha gente el tener hijos más tarde? Sí, pero es algo que va más allá de ser bailarina. Hoy en día las mujeres que quieren tener carrera, por lo general, retrasan la maternidad por causas laborales y para poder conseguir una estabilidad económica que te pueda permitir sacar adelante una familia.

¿Qué hace cuando no baila?
Mi marido y yo quedamos mucho con amigos, hacemos cenas en casa, vemos películas, vamos al cine, a pasear, leemos... No tengo un hobby fuera del ballet
al que le dedique mucho tiempo. 

¿Un mes de vacaciones sin dar un paso de ballet o hacer ejercicio es posible en el caso de una bailarina de su nivel?

Cuando era más joven alguna vez lo hice, justo al principio, con veinte años, pero la vuelta duele. Cuando eres más joven no cuesta tanto, pero ahora, con treinta y dos años, no lo hago. Me suelo coger quince días como máximo sin hacer nada, pero el resto del tiempo hago ejercicio por la  mañana. Hago mantenimiento para evitar lesiones, porque aquí, en el Royal, cuando volvemos de vacaciones empezamos bastante rápido con ensayos, espectáculos, y esos ejercicios suaves evitan problemas al volver tan rápido.
Está usted sumamente delgada, ¿se cuida mucho en la comida para no engordar?

He tenido mucha suerte con ese tema y la verdad es que no me cuido. Soy de naturaleza muy flaquita, pero como de todo y tengo mucho apetito. La gente se sorprende cuando me ve en la mesa. Me gusta comer bien, y si un día me apetece una hamburguesa, me la como, y con patatas fritas. Tomo verduras, carne, pescado y fruta... de todo. Es decir, no tengo dieta; al contrario, cuando tengo temporadas de estrés o algún estreno importante pierdo bastante peso por los nervios, porque tengo un metabolismo muy rápido y debo tener cuidado: bajo de peso y no debo perder fuerza.

¿Ha tenido muchas lesiones?
He tenido bastante suerte por ese lado, pero sí una que me ha dado bastantes dolores de cabeza. Me pasó una vez en Alemania y el año pasado. No sé cómo se llama exactamente la lesión, pero es una fisura en el hueso por sobrecarga. Cuando baile en Bilbao el próximo viernes va a ser la primera vez que lo haga después de diez meses parada por esta lesión. Toco madera, pero por lo general suelo tener bastante salud. 

¿Tiene fecha de caducidad para usted el ballet?

Creo que sí. Es importante ser honesto con uno mismo y tener en cuenta tu fecha de caducidad, porque cada bailarín tiene una diferente. Cada cuerpo es un mundo y cada cabeza tiene un estado psicológico diferente. Hay gente que con treinta y pocos dice que ya no puede más, y no es por el cuerpo, sino porque psicológicamente ya no puede. Creo que hay un momento en el que uno mismo tiene que aprender a decirse: No, hasta aquí . Debe ser difícil tomar esa decisión, pero yo espero acertar y saber cuándo va a ser mi momento de dejarlo, aunque prefiero hacerlo cuando esté arriba. 

Aún le falta mucho para pensar en ello,¿no?

Creo que sí. Hoy en día, por suerte, los bailarines aguantamos bastante más y es gracias a la medicina deportiva, a la alimentación... Tenemos equipos médicos que nos siguen, en el Royal nos tratan como a deportistas, y eso hace que al final nuestros cuerpos se mantengan mejor. Me quedan unos añitos.
¿Recuerda su primer aplauso?
Ja, ja, ja... Sí, y fue en un espectáculo fuera de lo común. Tendría unos seis o siete años y fue Echávarri, un pueblecito cerca de Estella. Mis tíos tienen una casa allí e íbamos todos los veranos. Tiene unos cincuenta habitantes en invierno y cien en verano. En verano nos juntábamos los niños del pueblo y andábamos sueltos por el campo durante días; solo pasábamos por casa a cenar. Y en fiestas hacían un karaoke en la parte de atrás de un camión,
como si fuera un escenario, y cada uno presentaba un espectáculo.
¿También canta?
Ja, ja, ja... No, se supone que era un karaoke, pero yo decidí bailar. Me planté en el escenario con mis mallas de ballet e hice el baile del pajarito. Ese fue mi primer espectáculo, y me encantó; me encantó estar allí arriba, bailando encima del camión. Yo me creía que ese era el mejor espectáculo. 

¿Y qué siente cuando baila en casa, en este caso en Bilbao? 

Es el mejor regalo, saber que están tu familia, tus amigos... Una sensación única la de poder hacerles disfrutar. Es la gente que siempre ha estado ahí cuando he estado bien, cuando he estado mal y en todo momento. Es devolverles todo lo que me han dado. Me llega al corazón, y solo de contarlo me emociono. Una vez que bailé en Hondarribia fue una maravilla: arrantzales, baserritarras, fue todo el mundo... Me decían: No tengo ni idea de ballet, pero yo voy a verte. Eso es maravilloso, sobre todo lo de esa gente que dice que no sabe.
¿Un rincón de Hondarribia?
Seguramente Guadalupe, la cantina y la iglesia; arriba, desde donde se ve todo Hondarribia. Es un lugar al que siempre voy porque me encanta ver el pueblo abajo. Y también me gusta ir el día del Alarde.
¿Una comida de casa que eche de menos?
Las kokotxas, las de merluza, y la paella de aita. Las kokotxas de la ama y las paellas del aita.

¿Es usted buena cocinera?
Me encanta. Todavía llamo a los aitas para preguntarles cómo hacen los garbanzos, cómo harían unas albóndigas... Y se mueren de la risa.


PERSONAL
Edad32 años (14 de diciembre de 1981).
Lugar de nacimientoHondarribia (Gipuzkoa).
IniciosComenzó a recibir clases en una academia de ballet de Hondarribia; su profesora hasta los catorce años fue Elvira Ubierna, una conocida docente de danza que ya está jubilada. A esa edad se trasladó a Madrid para estudiar con Víctor Ullate.
TrayectoriaPasó por el Ballet de Zúrich (2002-2006) y se convirtió en una estrella en el Ballet de la Ópera de Leipzig (2006-2010), donde alcanzó la categoría de Primera Bailarina y fue nominada a los Premios Benois de la Danse –los Oscar de la danza–. En 2009 recibió el Premio Revelación de Gipuzkoa. Desde hace cuatro temporadas es la primera solista en el Royal Ballet Ópera de Londres. El viernes bailará para el público de Euskal Herria en la gala de Los
Vascos y la Danza, en el palacio Euskalduna de Bilbao. Uno de sus ballets preferidos es El pájaro de fuego, aunque está entusiasmada con todos los repertorios en los que participa.

Fotos: Joachim Riederer

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