Muchos años por delante gala décimo aniversario de la escuela de danza Andrés Beraza

Intérpretes: Alumnos de la Escuela de Danza Andrés Beraza de Estella-Lizarra. Programa: Coreografías de Maite Legarrea, Carmen Larraz y Andrés Beraza. Adaptaciones de La Fille Mal Gardée de P.L.Hertel / Spoerling y del Corsario de Adam / Petipa, por Andrés Beraza. Lugar: Cines Golem-Los Llanos. Fecha: 16 de junio de 2013. Incidencias: se agotaron las entradas.
Egilea
Teobaldos
Hedabidea
Noticias de Navarra
Mota
Kritika
Data
2013/06/17
Esteka
Noticias de Navarra

NUNCA se agradecerá lo bastante la ingente labor que las escuelas privadas de danza están haciendo por el ballet y la danza -en todos sus estilos-, en general. Máxime si esta labor se desarrolla en la periferia, -como es el caso-, fuera de la capital, donde supone, además, un revulsivo cultural de primer orden para ciudades como Estella, donde la respuesta a la propuesta de esta escuela ha sido espléndida, creando un ambiente dancístico que nace, crece y se desarrolla entre sus vecinos, y la hace crecer culturalmente. Diez años de progreso artístico que no solo dan el fruto de un espectáculo vivido y disfrutado por todos, sino, sobre todo, unos éxitos académicos que llevan a alguna de sus alumnas a la escuela oficial de Vitoria, por ejemplo. Son diez años, pero serán muchos más, a juzgar por la vitalidad y acogida de lo visto en este último espectáculo que nos ocupa.

Como es habitual, el comienzo corre a cargo de los más pequeños; el primer contacto con el escenario y cierta disciplina, aquí con el acierto de insertar la demostración en un cuento infantil. En el siguiente peldaño ya asoman los tutús, y cada vez la disciplina es más ordenada; para dar paso, a continuación, a cierta soltura en vestuario y abanicos.

Los cuatro números de La Fille mal Gardée revelan ya los niveles altos: tras una escena de pantomima impecable, ajustada, nada exagerada y muy bien teatralizada, la danza de las campesinas revela un paso a cuatro, enmarcado por el cuerpo de baile en coreografía distinta, muy bien realizado por las bailarinas. El subsiguiente vals es de gran elegancia, y la danza de los zapatos -de espectacular y apretado entrelazado- es alegre, impecable en su simetría y de belleza clásica. Es de destacar el perfecto estilo y eje que luce el elemento masculino del grupo.

De la otra obra clásica, El Corsario, sobresale el poderoso y bellísimo paso a tres de las protagonistas, bien enmarcadas por las disciplinadas odaliscas. Paso a tres que permite, además, el lucimiento a dos y a solo de las bailarinas.

Se van intercalando, entre el clasicismo y el neoclasicismo, diversos números de música pop, que, indudablemente gustan a las intérpretes y al público joven: no es solo ritmo, se cuida el vestuario -tienen gracia las vaqueras, y está logrado el vestuario a rayas- y se acota el mero contorneo con la disciplina coreútica.

Con Abiani de Maite Legarrea y Bonet de Andrés Beraza, la gala adquiere una luminosidad especial. Abiani, rítmica y criolla, sobre el esplendor blanco, transmite optimismo. Con Bonet, sobre conocidos temas de la inolvidable María del Mar Bonet, las bailarinas se adentran en los cuatro elementos, y los transmiten por la excelente asimilación, tanto individual como colectiva, de la bien pergeñada coreografía, que, precisamente por su concreción, da sensación de libertad y soltura; esa sensación de soltura y la estupenda realización de la propuesta es la que llega al espectador: tierra en el vestuario, mar en las amplias miradas, viento en el movimiento, fuego en los pies, y una aureola de luz en todo el espacio que cambia con la danza, desde la más cegadora, hasta la más cálida y crepuscular; siempre con la fuerza del suelo y su elevación de él. Está, sin duda, llena de vuelo, de frescura, pero, a la vez, de profundidad ancestral, de tradición heredada. Bellísima juventud, doblemente bella cuando baila. Que siga la danza por muchos años.