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La jota, cercana y desconocida

'Jotamentala' rinde tributo a este baile «total» y reivindica sus aspectos sencillos y de improvisación "Con esta danza pasa lo que con el jazz: es tan rica que se puede ir de lo fácil a lo difícil"
Egilea
Beatriz Ricabado
Komunikabidea
El Mundo
Tokia
Bilbo
Mota
Albistea
Data
2016/02/04
Lotura
El Mundo

Durante años fue considerada pecaminosa y erótica por la Iglesia. Más tarde, el siglo XX la convirtió en símbolo de la pureza de la danza autóctona. En el camino, la jota fue modificando su estilo y adoptando nuevas formas, cercanas al ballet. Y en las últimas décadas, está reivindicando de nuevo algunos de sus rasgos originales, como son el juego con la pareja, la vinculación con la música y el ritmo, la improvisación... Aiko Taldea repasa ahora esta evolución, y los muchos aspectos que la rodean, en el documental Jotamentala, con el que rinde tributo a lo que el colectivo considera el baile «total».

«La jota siempre ha tenido algo de juego y de relación de pareja, y aparte, siempre ha dejado sitio para la improvisación; tiene un ritmo y una música muy rica y con muchas personalidades, que se puede sentir de distintas maneras», explica Sabin Bikandi, de Aiko Taldea, colectivo que siempre ha reivindicado la relación existente entre la música y la danza. Manifestación natural de los ambientes festivos, «pese a ser conocida es muy desconocida», apunta por su parte Patxi Laborda, también de Aiko, quien explica que por ese motivo la cinta abre «muchas ventanas», aunque sean «sólo algunas» de las múltiples existentes, para asomarse al mundo de la danza tradicional.

El filme, que se estrenará el próximo viernes en el auditorio del Bizkaia Aretoa, ha sido producido por Aiko Taldea y Bideografik y cuenta con las colaboraciones de expertos como el investigador de las danzas vascas Iñaki Irigoyen y de Jon Pertika -uno de los fundadores del Grupo Beti Jai Alai de Basurto-. Ambos desgranaron ayer anécdotas y detalles sobre la evolución de la jota en un encuentro con los medios para presentar la cinta.

«En nuestro tiempo los bailes se hacían en cualquier sitio; estaban muy extendidos y no existían los grupos de danzas», explica Irigoyen, quien recuerda cómo las plazas o las romerías se convertían en seguida en escenario de esta manifestación festiva. Y no sólo en los pueblos. «En Bilbao también había romerías», reivindica, y explica que así lo recogen los escritos de siglos pasados de quienes visitaban el País Vasco y trataban de definir sus danzas.

Pero la afición a las competiciones, detalla, también llegó al mundo del fandango y del arin-arin, que poco a poco fueron recogiendo detalles de las danzas de otros lugares. Hasta el punto de que puede hablarse de «dos tipos» de jotas, la de los concursos y la popular. «Y con la de los concursos, no se puede extender el baile», considera. Recuerda de su juventud, de hecho, que ya entonces existían los concursos y «se inventaban pasos». «Pero los clásicos para bailar en la plaza eran sencilloS; y si se quiere hacer que la gente vuelva a bailarla, hay que hacerla sencilla», reivindica.

De la misma opinión es Jon Pertika, quien explica cómo en la formación bailaron la jota que les enseñó el difunto Silvestre Elezkano Txilibrin, quien era capaz de hacer «auténticas virguerías», pero sin perder esa esencia. «Pero en los concursos, a no ser una equivocación muy grande, ¿quién me puede decir quién baila mejor o peor?», reflexiona Pertika.

Fruto de esta evolución, son muchos quienes se acercan al mundo del baile con la impresión de que es algo complicado. Así lo han sentido en Aiko, implicados en promover la recuperación de las danzas tradicionales vascas a través de una manera diferente de enseñarlas y aprenderlas. «Pero no nos damos cuenta de hasta qué punto somos esclavos de lo que vemos; pensamos que es difícil porque lo hemos visto bailar difícil, pero la jota tiene eso, que puede ir de lo fácil a lo más difícil», detalla Laborda.

Y es que aunque probablemente muchos bailes llegaron al País Vasco a través de manifestaciones más cultas, «de ahí pasan al pueblo, que las hace suyas», explica Irigoyen. Por eso, el investigador señala que no es difícil intuir en la jota vestigios, por ejemplo, del minuet.

El origen de las danzas en el País Vasco es, de hecho, difuso. Se cree que el fandango llegó desde Andalucía, explica Irigoyen. También hay quienes defienden la influencia de Valencia, dada la facilidad de la comunicación por el Ebro. De lo que no hay duda es de que ya en el siglo XVIII y XIX, viajeros como Humboldt describen la afición por los bailes en el País Vasco y describen ya el fandango o del arin-arin.

Todos estos aspectos se recogen en el documental, que reúne testimonios de expertos como Irigoyen y Pertika, además de los de Juan Antonio Urbeltz y Jose Inazio Ansorena, entre otros. Además, cuenta también con la participación del director de Kukai Dantza Konpainia y uno de los fundadores de Aiko Taldea, Jon Maya, y del coreógrafo catalán Cesc Gelabert. Sus testimonios permiten dibujar la evolución histórica y los fundamentos de la danza en el País Vasco, y analizar su presente y su previsible futuro. «Lo que ocurre con la jota es similar a lo que pasa con el jazz, que es tan rico, que puede ir de lo más fácil a lo más difícil», describe Laborda.

Patxi Laborda y Sabin Bikandi tocan los panderos ante la mirada de Iñaki Irigoyen y Jon Pertika, ayer durante la presentación de 'Jotamentala'. ARABA PRESS / IÑAKI ANDRÉS

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