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La danza primigenia

Crítica, Compañía de Danza Aukeran

Egilea
Teobaldos
Komunikabidea
Diario de Noticias
Mota
Kritika
Data
2005/05/09

EL trabajo del grupo Aukeran es una panorámica de los tipos de danza más habituales del folklore vasco servida con una pulcritud técnica, una belleza de vestuario y luces, y una fluidez escénica admirables. Muruamendiaraz es sumamente honrado al abordar todas las danzas con una pureza exquisita desde su raíz; pero, además, las va insertando en una corriente de modernidad; o, mejor, de actualidad, que las hace cotidianas y expresivas de sentimientos festivos, de rivalidad, amorosos, heroicos... a través de sus peculiares estéticas. Los ocho bailarines se presentan con un dominio total de la simetría, una belleza en origen basada en la fortaleza y el hieratismo propio de nuestra danza autóctona. Pero también enseñan su soltura y su dialéctica hacia otros bailes, como el tango, el claqué o el pop. Predomina, absolutamente, el baile de pies, y aquí demuestran un virtuosismo casi exhibicionista, sobre todo al final, cuando el espectáculo deriva en la frenética demostración de taconeo en la danza.



La espata-dantza, el aurresku, los paloteados, etcétera, resultan impecables en estos bailarines que han mamado la tradición, y especialmente bellos en su esencia, al llevarlos al escenario desprovistos de su entorno habitual, incluso, en algún momento de música, dentro de un vestuario austero, atemporal, elegante y que da mucho juego, y con luces llenas de sugerencia. Surge así la danza desmenuzada y excelentemente ejecutada.



Asumen los bailarines el riesgo del propio baile -danza sobre el vaso de vino, danza sobre las andas...-, pero sobre todo asimilan totalmente el estilo para sobrepasarlo y explayarse ya en coreografías más contemporáneas. No falta tampoco el sentido del humor que se hace especialmente patente en la variación del zampanzar y el juego -absolutamente jocoso- del baile con los cencerros.



Dos elementos ayudan sobremanera al éxito del espectáculo. En primer lugar, la música en directo servida por un grupo en el que la percusión -sobre todo la txalaparta- juega un importante papel; por cierto, a mi juicio, y como sucede en todos los espectáculos, amplificada en exceso. Y, por otra parte, las luces, fundamentales para enmarcar a los bailarines, y con detalles muy logrados, como esos pequeños focos que parecían arrastrar a los protagonistas fuera de la escena.



El público, absolutamente complacido de haber asistido a una puesta en escena y a un repaso precioso a las danzas que conoce, obsequió a los bailarines y músicos con una ovación de gala, contagiados todos de la danza. No había forma de mantener los pies quietos.

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