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La costumbre de quemar la sardina tiene origen en Madrid Tradiciones carnavaleras

Año tras año celebramos en la comarca unos actos propios del Carnaval, pero muchos de nosotros ni siquiera sabemos porqué. ¿Cuál es su origen?

Egilea
Yolanda Sanluis
Komunikabidea
Diario Vasco
Tokia
Oarsoaldea
Mota
Albistea
Data
2006/02/24

El hábito de quemar la sardina tiene origen en Madrid, de donde se dice que el miércoles de ceniza, gente disfrazada de mendigos y religiosos en tono burlesco recorrían las calles portando escobas, jeringas y orinales. En el centro, sobre una camilla, llevaban un pellejo de vino con una careta, de cuya boca colgaba una sardina. Al atardecer, la sardina era enterrada y el vino repartido entre la gente.



¿Y por qué una sardina? Todo parece indicar que se trata de una deformación fonética. En la antigüedad se enterraba carne, que era lo que verdaderamente representaba el pecado de gula que tanto rechazaba la iglesia con la Cuaresma. Se trataba de un cerdo abierto en canal o una 'cerdina', que ha acabado convirtiéndose en sardina.



Como se puede ver, el fuego está muy presente en los ritos carnavalescos no sólo de la comarca, sino también de casi todo el mundo occidental. El último día del período festivo, se quema un simbólico muñeco, representando el final del invierno, aunque también el final del Carnaval, que da paso a la Cuaresma. OARSOALDEA. DV. ¿Qué representa el azeri dantza?; ¿quién era Trapujale?; ¿Por qué quemar una sardina? Estas representaciones se organizan en la comarca Carnaval tras Carnaval, forman parte de nuestra cultura y, sin embargo, han pertenecido también a otras culturas vigentes antaño.



El Jueves de Carnaval, tal día como ayer, se representaba en Errenteria el azeri dantza (danza del zorro), que también se organiza en otras localidades guipuzcoanas como Hernani, Andoain o Aduna. En este baile, los integrantes del Ereintza Dantza taldea desfilan en kalejira por algunas calles de la villa hasta llegar a la plaza, donde se interpretan todas las danzas que componen esta tradición. Los chicos visten de chicas y viceversa, siguiendo a la música con unos pasos humorísticos.



El baile de Errenteria ha tomado forma propia con el paso de los años, al igual que en el resto de localidades. Sin embargo, el azeri dantza se bailaba de un mismo modo en todo Gipuzkoa. Por aquel entonces (los primeros datos que se tienen de esta tradición es de finales del siglo XVIII), la celebración trataba de lo siguiente: tras el divertido y loco baile de los dantzaris, los jóvenes se dirigían a los caseríos en busca de alimentos. Mientras tanto, continuaban bailando en los portales de los caseríos y, después de comer parte de ellos, regresaban a la plaza con el mismo baile. El jefe, a continuación, prendía fuego a la estopa que colgaba de la nariz de los bailarines. Al acabar el baile, comiendo los pollos, se daba fin a los festejos populares.



Acerca de relacionar este animal con el festejo, unos de los tantos estudios sobre cultura vasca llevados a cabo por historiadores hacía referencia a la astucia de los zorros, que debían presentarse en aquellos lugares donde más gente había sin ser vistos por los demás.



Trapujale



El azeri dantza viene de muy atrás, pero existen otras costumbres en Oarsoaldea que han sido creadas recientemente. Es el caso de Trapujale, que se celebra exclusivamente en Lezo y que lleva organizándose 19 años. La comisión de Cultura de la localidad se reunía con el deseo de celebrar unos carnavales propios, únicos, al igual que se hacía en Lanz o en Ituren y Zubieta. La leyenda de Trapujale fue creada por Mikel Susperregi y Lander Zurutuza, reflejada en un cómic que todavía hoy permanece archivado en la biblioteca municipal.



Cuenta la historia de Mari Nazkane, una bruja que tiene unos secuaces (zirikus) que se comen a las ovejas de Jaizkibel, y echan la culpa a Trapujale. Por ello, todos los años los dantzaris bajan a Trapujale del monte, un personaje con cintas de colores colgando. Trapujale permanece en la plaza del Santo Cristo de Lezo durante todas las fiestas, cada día de un color: jueves blanco (ostegun-zuri), viernes amarillo (ostiral-hori), sábado rojo (larunbat-gorri), domingo morado (igande-ubel), lunes gris (astelehen-arre) y martes negro (astearte-beltz).



El último día, el Martes de Carnaval, se hace un juicio público a Trapujale en el que sale culpable. Entonces se le concede un último viaje por el pueblo y, tras regresar a la plaza, se le corta la cabeza y con ella se ofrece una afari-merienda para los lezoarras.



Origen del nombre



Si curiosa es la historia, más curioso es si cabe el origen del nombre de esta fiesta. Sus creadores decidieron atribuirle este nombre porque habían oído contar a familiares y amigos ya mayores (de 80 y 90 años) que hace mucho tiempo, en la que Lezo vivió épocas de hambruna, se llamaba trapujales (cometrapos) a sus habitantes, porque se alimentaban de lo que podían.

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