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Heurística de la danza

Egilea
Henry Brown Sarasua
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Iritzia
Data
2006/10/11

Los bailes vascos son reflejo de una sociedad pagana y profana que había conseguido armonizarlo en cultura popular expresando la vida y costumbres de un pueblo. El enorme sentido del baile, en su código, en su interpretación de la vida natural, su sentido de la elevación, habían conseguido una estilización del baile que dio base en parte a la Danza Clásica.

Leyendo un libro sobre danza del escritor Armand Colin, titulado Nacimiento de un movimiento de pensamiento, encuentro una frase lapidaria que aquí transcribo: «Durante la edad media, una danza profana había sobrevivido, proveniente de danzas paganas, donde la Iglesia se encargó de borrar el carácter dionisiaco. Poco a poco, el cuerpo deviene sospechoso, y esta sospecha engendra una dicotomía entre el cuerpo y el alma, de lo cual, los jesuitas se convierten en fervientes defensores». El hecho de que los jesuitas fueran los originadores de semejante cambalache, me picó la curiosidad. Recordaba una referencia de San Ignacio de Loyola a la bondad y necesidad de bailar como acto positivo e intrínseco del ser humano.

Hablando con mi querida madrina, Ángela Sarasúa, le comenté todo esto siendo su reflexión «¿Qué raro, creo recordar a los jansenistas con mucha influencia por esta zona»! Según el Diccionario de Lengua Española de la Real Academia, Jansenismo es: «Doctrina de Cornelio Jansen, herejiarca holandés del siglo XVII, que exageraba las ideas de San Agustín acerca de la influencia de la gracia divina para obrar el bien, con mengua de la libertad humana». Otra definición, esta vez del Larousse dice: «Doctrina, profesada por Jansenio, que tendía a limitar la libertad humana, partiendo que la gracia se concede a ciertos seres desde su nacimiento y se niega a otros».

Un pequeño libro en euskera, Jansenismo A Euskal Herrian de Luis Larrañaga, me indicó lo que necesitaba, que transcribo en lo fundamental para información de los lectores:

Lo curioso es lo que decían (los jansenistas) sobre las danzas vascas. Fray Bartolomé Santa Teresa, en su libro Euskal -Errijetako olgueta ta dantzeen neurriz cogatz-ozpinduba (1816). «No hay en toda la cristiandad bailes más deshonestos y desvergonzados que en Euskal-Herria; por eso pienso que hay que prohibirlos». Los considera un atentado contra la castidad y son pecado mortal por las palabras soeces, los contactos del cuerpo, las bromas y mímicas de hacer (el pecado), los besos son sucios, los bailes inmorales y los que estén presentes allí donde se celebren llenarán el infierno.

Esta dureza en las costumbres de Euskal Herria se fue imponiendo poco a poco, asociando baile con pecado para obtener un aumento de la devoción a la vez de prohibir las costumbres folklóricas. La puntilla la colocó el obispo de Miranda, Argaiz, en su nota epistolar (1750) dictando la condenación de fiestas religiosas y profanas conjuntamente, porque profanan y menosprecian... templos, basílicas, ermitas, cementerios, procesiones, cofradías y restos. Terminaba prohibiendo también, los instrumentos musicales. (Txistu y Tamboril).

Había que seguir en busca de la vida y milagros de Cornelius Jansen. Otro libro me dio la solución esta vez de José de Arteche titulado Saint-Cyran.

Juan Antonio du Vergier de Hauranne (Bayona 1581), famoso Abad comendatorio de Saint-Cyran y más conocido por el último nombre, fue alma gemela de Cornelius Jansen. Vasco y de familia muy influyente en la Diócesis de Bayona (desde Donostia hasta Valcarlos subiendo hasta la preciosa ciudad de Bayona, una frontera moral, no física), acogió en su seno por varios años a Cornelius Jansen que, junto a su íntimo amigo Saint-Cyran, fueron gestando los primeros planes del Augustinus, obra cumbre del jansenismo.

Para ello se leyeron diez veces la obra entera de San Agustín, y treinta los tratados del Gran Obispo de Hipona contra los pelagianos. Semejante obstinación retrata al hombre cerrado. El jansenismo fue el sector más retrógrado en este ámbito del cristianismo en el siglo XVIII, el siglo teológico por excelencia, y tuvo su área de influencia sobre todo en Francia, en Guipúzcoa y Navarra.

Su estética y filosofía se podían resumir así: Todo lo que es naturaleza en el ser humano lleva el sello de la impureza.

Entonces me di cuenta de la influencia moral que estos dos beatos nos dejaron para la posteridad. Ellos marcarán primero la superioridad de unos pocos sobre el resto por la «gracia de Dios» y acto seguido negaron la naturaleza por impura.

Un simple ejemplo de lo antes descrito. Con 8 años vi la película San Francisco de Asís en el cine Trueba. Hay un momento en el que el santo camina junto a sus queridos animales desnudo, una mujer a la que admiro como una madre me tapó inmediatamente los ojos. Ni qué decir tiene que asocié desnudez con pecado. El cuerpo es pecado. El jansenismo nos dejó en la memoria colectiva inconsciente muchas influencias que dan para la realización de un tratado freudiano. Sospecho que lo femenino, la mujer, es encarcelada en sentido metafórico como objeto impuro. Muchas más cosas se me vienen a la mente, pero quisiera terminar esta reflexión con una: «Negaron a la gente la mirada, aquella que había permitido a un pueblo admirar la belleza».

* A los aitas, Agueda y Peter. Agradecimientos: Lourdes Domínguez y Juan Antonio Urbeltz.

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