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Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «He sacado una conclusión muy dura de mi vivencia: los mayores estorban»

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«He sacado una conclusión muy dura de mi vivencia: los mayores estorban»

Formado junto a figuras como Antonio Gades, con solo 24 años ya contaba con su propia compañía y hasta debutó en el cine de la mano de Carlos Saura (en ‘Salomé’ e ‘Iberia’). La vida del bailaor malagueño Paco Mora cambió radicalmente cuando su madre enfermó de alzheimer y se convirtió en cuidador.
Egilea
Amaia Ereñaga
Komunikabidea
Naiz
Tokia
Bilbo
Mota
Albistea
Data
2026/01/14
Lotura
Naiz

 

Paco y Carmen, en el escenario.
Paco y Carmen, en el escenario. (Sala BBK)

 

El bailaor malagueño Paco Mora protagonizará este jueves 15 de enero un encuentro abierto al público (acceso libre hasta completar aforo) en la sala BBK de Bilbo, dentro de las actividades paralelas previas al II Concurso Internacional Developpe Dantza, donde compartirá en primera persona el origen, desarrollo y dimensión humana y terapéutica de su proyecto ‘Flamenco para recordar’, el espectáculo de danza que creó con su madre, Carmen, ya fallecida, una iniciativa pionera en la utilización del flamenco y la copla –música y danza–, como herramientas de acompañamiento y estimulación para personas ancianas con deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.

Compartimos con él preguntas y respuestas a través de audios de whatsap, por las cosas de la falta de cobertura, cuando se dirige en tren hacia la capital vizcaina. «Hablo mucho» repite este hombre que, para cuidar a su madre, dejó su carrera en parón y la recuperó gracias a ella, cuando creó un espectáculo en el que Carmen pudo, por fin, debutar en un escenario. En silla de ruedas y con la memoria así, así. ¿Y qué importa? Lo disfrutó a tope y desembocó en tres años de gira, otro espectáculo y un documental, ‘En mis zapatos’. También en que su hijo trabajara en el ámbito sociosanitario y por él, recuperara su arte. Por cierto, nos pedimos ya una plaza en esa residencia que tiene en mente. 

La danza como herramienta contra las enfermedades neurodegenerativas’ es el título de la charla que ofrecerá en la sala BBK. ¿A quién va dirigida: a cuidadores, a gente de la danza...?

Es una charla de concienciación y de visión real, desde una vivencia real, que no significa que tenga que ser la mía la más idónea, porque evidentemente cada caso es un mundo. Pero, al fin y al cabo, todos nos unimos en lo mismo: en la desesperanza, en cuánto nos afecta volver a incorporarnos al mercado laboral... 

Hay mucho que hablar, mucho que concienciar, pero yo he sacado una conclusión muy dura en cuanto a mi vivencia. Y mi principal crítica está en que los mayores estorban. Y no puede estorbar quien nos ha dado la vida, quien nos ha dado la historia, quien nos ha dado el progreso, quien nos ha dado todo lo que tenemos hoy día, ¡que lo han luchado comiendo piedras! Al contrario, tenemos que darles un final hermoso, un final cercano y ahí es donde entramos los cuidadores familiares.

Con las enfermedades neurodegenerativas, se juntan otros factores: que es un proceso doloroso, lento y que, encima, nos afecta de manera directa como cuidadores y familiares y, por supuesto, como ciudadanos. Porque no podemos aportar en la misma medida si cuidamos personalmente y estamos haciendo un mercado que termina mercantilizándose demasiado, con unos sueldos ínfimos para el pago de cuidadores profesionales, pero con unas empresas intermediarias que son las que al finalmente se lucran de tu desgracia.

 

 

Paco Mora, coreógrafo y bailarín. (Leila LAHBI)

 

 

Somos una sociedad cada vez más envejecida, cada vez hay más mayores con enfermedades neurodegenerativas, pero, aún así, no sabemos cómo enfrentarnos a ellos. ¿Qué tenemos que aprender como sociedad sobre los cuidados?

Terminamos obviando los problemas. Por ponerte el caso, no extremo pero demasiado común: siempre he dicho que no pueden ser un terreno lucrativo desde la Administración pública. Evidentemente, no estoy de acuerdo con el lucro de la parte privada, pero, bueno, existe y también genera mucho trabajo, pero creo que tendría que haber un control del servicio prestado, porque termina siendo una saturación de trabajo para los trabajadores, con unas exigencias en las que la excusa es la buena atención a los usuarios.

La excusa es tener atendidos y bien cuidados a los usuarios, cuando se olvidan de los fundamental: que es la compañía, la conversación, lo emocional, el movimiento y que tengan un final de vida como mi madre tuvo. Sí es verdad que es difícil una atención personalizada y exclusiva como ella tenía, pero yo aspiro a poder ofrecer ese tipo de cuidados.

De ser un coreógrafo y bailarín reconocido, ¿cómo terminó en esta otra faceta profesional como asistente sociosanitario? Fue por su madre, claro, pero ¿qué aprendió con ella?

Yo llegué a los cuidados porque me tocó: ‘Toma, ahí la tienes, entera para ti y aprende’. Me formé como auxiliar sociosanitario principalmente para tener las herramientas que necesitaba dentro del proceso de cuidado. Luego fui descubriendo que ese proceso podía estar acompañado de una atención mucho más cercana, en el que las emociones tuvieran un potencial y una fuerza importante y donde realmente encontráramos el equilibrio entre la desgracia de perder la memoria y el poder mantener la que nos queda desde una perspectiva emocional bonita.

Eso me supuso una apertura laboral, pues me encontré de bruces con un sistema que, evidentemente, no nos permite hacer el bien como deberíamos. Luego seguí formándome, descubrí que me apasionaba y que, a partir del arte y de mi expresión artística, podíamos hacer muchas cosas, no solamente desde la perspectiva de la enfermedad, sino en el entorno familiar. 

¿Y el descubrimiento del papel terapéutico del flamenco, con hasta un espectáculo titulado ‘Flamenco para recordar’, cómo surgió?

Fue algo completamente inesperado. Yo andaba siempre viajando. Según la enfermedad iba avanzando, fui tomando decisiones y me ofrecieron la dirección artística del CAB, del Centro Artístico de Badajoz. ‘¿Por qué no? Un sueldo, tranquilidad, no tengo que viajar’. Nos fuimos para Extremadura, pero evidentemente no iba a ser tan fácil como había imaginado. Lo que ganaba se me iba en los cuidados y me perdía muchísimas horas de ella. Terminé diciendo: ‘La cuido yo’.

Perdí completamente mi entorno social y laboral, porque evidentemente no trabajaba, con lo cual no ingresaba. Apechugué lo mejor que pude, pero todo entró en un conflicto de desesperanza, por lo que me dije: ‘Algo tengo que hacer’. En Badajoz, sin familia, sin nadie cercano, empecé a llevarla a ver espectáculos de flamenco. En casa siempre sonaba flamenco o copla, pero no le puse atención hasta que me di cuenta de que los recuerdos que generaba el flamenco y la copla en su memoria perduraban mucho más en el tiempo que cualquier otra actividad que hubiéramos hecho.

«Me di cuenta de que los recuerdos que generaba el flamenco y la copla en su memoria perduraban mucho más en el tiempo que cualquier otra actividad que hubiéramos hecho»

Se me encendió una bombilla y empecé teniendo charlas con ella, que fuimos colgando en redes, básicamente en YouTube y Facebook, y, sobre todo, empecé a a tener actividades en casa de estimulación cognitiva a través de la copla. Hacíamos reconocimiento de colores o de ciudades, a través de las letras. Y con el flamenco, hacíamos ejercicio de regeneración física y de estimulación, sobre todo de las articulaciones, porque terminan teniendo mucha inmovilidad. Y siempre que hacíamos algún tipo de ejercicio que implicara un movimiento de una parte que ella normalmente pudiera quejarse de dolor, bailándolo no lo tenía.

Ella quería haber sido bailaora. Pero claro, en Málaga, año 1940, 8 años, mi abuelo, recién muerta mi abuela, decía que él ‘no criaba putas’. Eso quedó como un recuerdo bastante amargo y doloroso para una mujer ya octogenaria. Lo hicimos para que ella sintiera lo que era ser artista: fue el 21 de septiembre del 2018, en el marco del Día Internacional del Alzheimer a favor de la familia y de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Almendralejo, en el Teatro Carolina Coronado, y aquello iba a ser, simplemente, un debut y una despedida. Pero yo descubrí a una artista. Ser el hijo de la artista es el mejor regalo que he tenido en mi carrera.

Por experiencia personal, sé qué importante es la música y el baile en estos casos. ¿Por qué no se trabaja en las residencias? 

Respecto a las actividades en las residencias, esta es una guerra en la que yo no he cesado y no pienso cesar, pero sé que pondré poner en marcha en la residencia que tengo en mente. Una residencia en la que los cuidados se centren en el enfermo. La desgracia de todo esto es que el sistema está muy mercantilizado y se aborda desde una perspectiva beneficiosa económicamente.

Yo digo y diré siempre que el sistema público tiene que ser deficitario. Tiene que ser el de mayor presupuesto y el que menos ingrese, pero el que más resultados dé, porque, al final, es para lo que uno trabaja. Al menos, para tener un final digno. Y un final digno no significa y, esta expresión es muy común dentro de los que trabajamos dentro del sector, lavar el culo. A mí no me importa, yo estoy encantado de lavar lo que haga falta, pero sí quiero lavarlos con una sonrisa y que ellos tengan tranquilidad.

Plantéate que llegue un señor que no conoces de nada, con una señorita que no conoces de nada tampoco, que de buenas a primeras te quiten la ropa, te empiecen a lavar, te digan para dónde tienes que ir a comer, te sienten en un sillón y a veces te aten si pones un poquito de resistencia. Tú imagínate esa situación, ¿cómo la vivirías? Pues eso mismo le pasa a una paciente o un enfermo con problemas cognitivos.

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