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El renovado alarde del moro conquista

El renovado alarde del moro conquista

Egilea
J.A. Migura
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Albistea
Data
2009/07/19
En 2006, el Ayuntamiento encargó un estudio a Eusko Ikaskuntza para potenciar un acto que corría el riesgo de languidecer. Las conclusiones del estudio, así como el trabajo realizado por Mairuaren Alardea Biziberritzeko Taldea, se concretaron ante los centenares de personas que siguieron la escenificación en las calles de Antzuola y, sobre todo, en la plaza. La curiosidad por los cambios multiplicó la presencia de espectadores, que valoraron positivamente las novedades. Como señalaba la joven Marta Sánchez, «estoy muy contenta con el trato que se ha dado al personaje del califa. Me ha parecido bien que hablara en árabe, y que montase a caballo en lugar de hacerlo en burro como otros años».
La comitiva militar -con los dantzaris, los txistularis, el general y el caudillo-, arrancó a las 19 horas, una hora más tarde de lo habitual. El Alarde que recordaban los vecinos más veteranos y los habituales era más lineal que el que se disfrutó ayer, que incorporó tiempos y movimientos más teatrales, dando un mayor protagonismo a la músicas, a los dantzaris y al caudillo y presentando una cuidada escenografía.
Equiparar los protagonistas
En los papeles estelares también había una novedad. Encarnó a Abd-Al Rahman III Juan Carlos Gómez. Debutaba tras recibir la herencia de Salvador Peña, que se retiró en la pasada edición después de compartir cuatro décadas con el personaje. Juan Carlos protagonizó un doble estreno: debutó en el papel y mostró una nueva caracterización, más acorde con el posible tono de tez de su personaje que el negro abetunado de su predecesor. Lució un nuevo vestuario y dispuso de escolta propia para equiparar su peso al del general, al que dio vida Joseba Iparragirre. La nueva indumentaria, inspirada en la casa real marroquí, y su séquito provocaron una ovación ya en su primera aparición.
Después de cubrir el recorrido por la calles de Antzuola, y antes de la rendición, Abd-Al Rahman desapareció de los ojos del público para dar paso a la narración histórica y a la descripción de la bandera y escudo de Antzuola por parte del general. Iparragirre ofreció un discurso más ajustado a lo acontecido en el siglo X, en una intervención en la que se intercaló la ezpata dantza ejecutada por Oinarin Taldea.
Volvió Abd-Al Rahman con todos los honores a la plaza transformada en escenario. Y llegó el momento de la rendición, antes de la que se interpretaron los versos que compuso para la ocasión el urretxuarra José María Iparraguirre. Sin tener que asumir gestos de sumisión, entregó las armas y juró no luchar contra los antzuolarras. El general le animó al entendimiento y al respeto entre culturas en un discurso suavizado que agradó. Como apuntaba Juan Antonio Iturbe, «el Alarde poco a poco va adquiriendo la forma adecuada, aunque considero que el tratamiento hacia el moro está a mitad de camino todavía. Ha sido acertado el acompañamiento de la guardia y sustituir el burro por el caballo. En general, me ha parecido más entretenido y más vistoso».
El revalorizado caudillo respondió en árabe y euskera. Juan Carlos Gómez tuvo el mérito de aprender fonéticamenta su intervención. Además, todos los textos en euskera se declamaron en el euskalki local para que fuesen más comprensibles, y sin distinción de género.
Las mujeres llevan años presentes en el Alarde pero ayer, además de acudir como músicos o dantzaris, por primera vez diez mujeres formaron parte del cuerpo de cuarenta fusileros y dispararon las estruendosas salvas intercaladas con los impactantes cañonazos, que tradicionalmente cerraban en Alarde. Ayer, todavía faltaba un final musical con la presencia de todos los protagonistas y la salida conjunta por un pasillo de sables del general y el califa.
El número de participantes se duplicó. Casi 200 integraron la formación, incluida buena parte de la Banda de Música de Bergara, que interpretó una partitura de su director, Alfredo Gz. Chirlaque, cantada por el coro y los vecinos. La riqueza musical, que aportaron la melodía musulmana, la Alborada de Segura que se interpretó durante la revista de las tropas y un acompañamiento de percusión en la salida del califa, también gustó.
Markel Belastegi destacaba que «los mejores momentos han sido cuando sonaban los tambores y actuaban el moro y su guardia. Ha sido un cambio radical. Han conseguido alejarse bastante de la imagen que reducía el Alarde a un simple desfile militar que a muchos vecinos no gustaba demasiado».
El renovado alarde del moro conquista
 

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