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El primer Carnaval
Condenado a morir en la hoguera con un cartucho de pólvora en la bragueta, 'El Hombre de Paja' presidió ayer la fiesta de Ilarduia, Egino y Andoin
Más de cuatrocientas personas asistieron a la fiesta, que comenzó en
Ilarduia, tras una comida popular. «El encuentro entre los vecinos es
el sentido de este Carnaval y la mayoría se ha volcado en el festejo»,
explicaba Carlos Ortiz de Zarate, que hace tres años lideró el grupo
que recogió los testimonios de los mayores para recuperar este festejo
rural.
Especialmente emotiva fue la visita de la comitiva -encabezada por
65 porreros- a la casa de Fermín Mendigutxia, un vecino ya fallecido,
cuya contribución para que la fiesta volviese a cobrar vida fue
«esencial». Ante su caserío, bailaron los ceniceros, los gordos, las
puntillas, las cubiertas, el hojalatero, la vieja, la pareja, el cura y
los monaguillos, los auténticos protagonistas del día.
Tras pedir por varias casas del pueblo y recoger alimentos, el
colorista desfile se dirigió animadamente hacia Egino. Eso sí, hizo una
parada en el camino, frente al cementerio. Allí, el jolgorio se tornó
en un silencio sepulcral, tan sólo roto por el son de las txalapartas.
Y es que, en la fiesta «también hay un momento para recordar a los que
ya no están», indicaba Ortiz de Zarate.
Entre risas y bromas, la comitiva llegó a Egino, donde los
ceniceros -los personajes más ácratas- escenificaron un robo en una
casa. Después, a recuperar fuerzas. «Las 850 torrijas y los 40 litros
de chocolate que hemos hecho se han acabado rapidísimo», detallaba Ana
Martínez de Musitu. Tras la parada, el desfile tomó rumbo hacia Andoin.
Antes, 'El Hombre de Paja' fue montado en un carro tirado por 'bueyes'.
Al llegar a la última localidad, se unió a la fiesta 'El Hombre
Sangriento', un porrero diablesco que se dedica a asustar a los niños.
«Hemos recuperado este personaje este año», indicaba Marivi Lezea. No
fue, sin embargo, la única novedad. También lo fueron los monaguillos,
que aparecieron con un puchero con hierbas húmedas y excrementos de
ganado.
Por fin, ya de noche, se vivió el momento álgido de la jornada: el
juicio y la quema en la hoguera de 'El Hombre de Paja' con un cartucho
de pólvora en la bragueta. «A él se le atribuyen todos los males, como
los robos, las muertes y la sequía», justificaba Lezea. Así se puso fin
al primer Carnaval del año que se celebra en Álava.
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