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El Lance Armstrong del aurresku

El vitoriano Íñigo Manuel ha ganado siete veces el campeonato de Álava de dantzaris y fue el primero que bailó en el Parlamento vasco

Egilea
Ángel Resa
Komunikabidea
El Correo
Tokia
Vitoria
Mota
Albistea
Data
2006/05/14

Ahí ha ido un breve resumen de su formación y su capacidad para movilizar colectivos. Pero Íñigo, cuyo círculo social entero se relaciona con los bailes vascos, ha alcanzado un reconocimiento incuestionable como dantzari en la soledad del escenario. Entre sus clientes habituales están las instituciones: Ayuntamiento, Diputación y Gobierno vasco. Y ha ganado siete txapelas como el mejor representante de Álava en dos tandas, de 1999 a 2001 y de 2003 hasta el último título logrado el 30 de abril en Estíbaliz. Es el Lance Armstrong del aurresku.

«Toda mi vida está relacionada con la danza. Han bailado mis padres y mis tíos, baila una prima, mi hermana... Y toda la gente con la que tengo algo que ver está metida en este mundillo. De los campeonatos ya me retiro, pero seguiré danzando hasta que el cuerpo aguante», dice el protagonista.

No hará falta que le inviten a dejarlo. Él se exige más que nadie y será imposible ver sacar un aprobadillo a quien siempre busca la matrícula de honor. «No pienso arrastrarme en un escenario. Yo ya tengo un estatus y no quiero tirar el prestigio. En cuanto vea que no bailo como yo quiero seguiré con la danza, pero detrás».

En el mejor momento

Ahora, a los treinta años, considera que se encuentra en la mejor fase de su carrera artística. «Cuando tenía quince debía calentar cinco minutos y ahora un cuarto de hora, pero creo que estoy en el mejor momento. Eso de que la experiencia es un grado es cierto». Íñigo cree en la evolución y el perfeccionamiento y, no en vano, Algara ensaya todos los viernes de ocho y media a once de la noche en la sociedad excursionista Manuel Iradier.

Formó parte de la comitiva que viajó a Roma para asistir a la beatificación de la religiosa alavesa María Josefa Sancho de Guerra, fue el primer dantzari en el Parlamento vasco y también ha bailado en Cataluña. De hecho, los folklores catalán y gallego le interesan mucho. «Tienen similitudes con nosotros por temas políticos y culturales». Razones que le llevan a emparentarse, asimismo, con las danzas irlandesas. «Me veo muy reflejado en ese tipo de cultura». Incluso ha participado en fusiones vasco-irlandesas dentro de un espectáculo que escenificó en Montehermoso.

El próximo agosto acudirá con su grupo a Hungría, donde se celebrará un festival internacional folklórico, «representando a Euskal Herria». Íñigo se siente libre para elegir dónde baila y ante quién lo hace. Así, cobra cuando le llaman las instituciones, se niega a ciertos recados y se presta a actuar gratis para «asociaciones culturales, ONG's o fiestas de barrios donde se promociona el euskera».

Alcanzado el alto nivel que se le reconoce, da la impresión de que el protagonista acabará dedicándose a la enseñanza. Pero establece sus condiciones, ligadas al interés de los alumnos y algunas destrezas previas. «Yo no valgo para dar clases desde cero. Soy muy exigente y necesito que la gente venga con unas nociones básicas porque no tengo paciencia».

Y un aviso para navegantes: respeto a la danza vasca. «Me gustaría que la gente se animase a hacer cantera porque muchos empiezan y a los trece años lo dejan porque se entendía que bailar era de maricones. Luego te los encuentras a los veintiocho y te piden que les enseñes a danzar. ¿Pero no me decías que era...?».

EL PERSONAJE
Lugar de nacimiento: Vitoria-Gasteiz.
Edad: 30 años.
Profesión: delineante.
Peculiaridad: dantzari desde los ocho años, ha logrado siete txapelas como campeón de Álava, ha sido el primero en bailar en el Parlamento vasco y formó su propio grupo (Algara) hace seis años.