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Danza egipcia, una opción diferente

La bailarina Ainhoa Izagirre imparte un curso del que quiere alejar todo tipo de idea preconcebida

Komunikabidea
Diario Vasco
Tokia
Ordizia
Mota
Erreportajea
Data
2004/01/15

Con el inicio del año, Ainhoa Izagirre, su responsable, saluda a los alumnos veteranos, alumnas habría que decir, ya que los hombres casi brillan por su ausencia, Iñaki es el único, y recibe a las nuevas que se acercan cautelosas, a ver qué es esto de la danza egipcia. Lo primero que Ainhoa, profesora y bailarina profesional, quiere dejar claro es que «la danza egipcia no es la danza del vientre y está muy lejos del cabaretismo, las gasas y las lentejuelas».



Aclarado este primer y vital aspecto se puede decir que «partiendo de la tradición que posee Egipto, respecto a una de las danzas más antiguas del mundo, con su música, su estética... se crea una forma nueva y contemporánea de interpretar la danza egipcia». Otro de los aspectos que quiere dejar claro Ainhoa es que «no es fácil», algo que avalan las veteranas, que con humildad reconocen que «no tenemos ni idea», pero también afirman que sus ventajas superan con creces este hándicap, y además, tal y como deja claro Ainhoa una vez comienza la clase, no es necesario hacerlo a la perfección, sino dejarse llevar y sobre todo disfrutar.



El contenido pedagógico de las clases incluye la toma de conciencia de la respiración como reflejo de posibles bloqueos corporales así como trabajo de desbloqueo y alineamiento corporal, partiendo del aprendizaje de una respiración completa y profunda que permita que el movimiento fluya.



Con todo parece ser que, al igual que ocurre con otro tipo de disciplinas, como el yoga, por ejemplo, se llegan a mover músculos y partes del cuerpo, poco o nada trabajadas y que se encuentran boqueadas. Es uno de los aspectos que más destacan Iñaki, Begoña, Nieves, Ana o Nuria, algunos de los asistentes. «Hace tiempo que deseaba trabajar la zona lumbar -cuenta Iñaki- porque nos movemos poco a ese nivel, y descubrí esto por casualidad, en Irún. Me costó mucho acercarme, entre otras cosas porque había muchas mujeres».



Mezcla sutil



Sin embargo, Iñaki descubrió no sólo que la danza egipcia cumplía sus expectativas a ese nivel, «una mezcla sutil de diferentes disciplinas, acompañadas de música que me aporta un gran bienestar provocado en parte por la liberación de las zonas bloqueadas en el día a día», sino que la profesora «es una persona que se ha trabajado a sí misma, con mucha base y que aporta muchísimo».



Algo que sus compañeras también subrayan. « Es una delicia verle bailar», afirman. Y es que Ainhoa no es una recién llegada. Hace algunos años, tras una larga trayectoria en la danza contemporánea comenzó a adentrarse en la danza oriental. «Me pareció agradable y fácil de compaginar con lo que hacía. La música me gustaba y además tenía ciertas coincidencias con el yoga, que también practico y enseño. Hoy en día formo parte del grupo de profesionales de la que hoy es mi profesora, una coreógrafa egipcia, que fue la que finalmente propició que me introdujera del todo en esto».



Ahora da clases en diferentes lugares, entre los que se encuentra Ordizia. Unas clases que tienen lugar en la Escuela de Educación Infantil de Urdaneta, los viernes de 5 a 7 de la tarde. Un lugar que en opinión de la profesora «no reúne las condiciones necesarias para esta práctica», pero que de momento es con lo que cuenta la aproximadamente decena de participantes en las mismas.



En estas clases «se entiende el cuerpo como un todo, sin segmentarlo, y en ellas se trabajan sobre los conceptos básicos: noción del centro, con el fortalecimiento del suelo pélvico y musculatura abdominal y alargamiento lumbar; noción del eje, con la proyección de la columna vertebral y finalmente noción de las extremidades».



Movimiento armónico



Al mismo tiempo el movimiento resulta armónico. Se trata, en definitiva, de asentar y enraizar el cuerpo y para todo ello y como colofón, se trabaja con la danza. Los ritmos y melodías propias de Egipto, los diferentes aspectos de la danza egipcia y la sensibilización hacia la improvisación como forma tradicional de expresión en el país del que proviene esta disciplina, completan los ingredientes de este curso que satisface plenamente a sus asistentes.



Reconocen que a pesar de que «esto no es coser y cantar», les aporta muchísimo bienestar, porque mueven partes del cuerpo que en la vida cotidiana apenas se ejercitan, porque trabajan la respiración y relajación, porque disfrutan con la música y del espectáculo que supone ver a Ainhoa bailar, porque armonizan y fortalecen todo el cuerpo... y así hasta una larga serie de razones que tiene como colofón el bienestar físico y psicológico del que dicen disfrutar cuando salen.



Tras enumerar las bondades de la danza egipcia comienza la clase. Ainhoa, plenamente concentrada, marca las pautas y el resto le sigue como puede y a su aire, con el objetivo principal de «soltarse y disfrutar», para empezar.

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