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"Cualquiera puede bailar, yo animo a la gente a salir del armario coreográfico"

Sabin Bikandi. Doctor en etnomusicología y miembro fundador de Aiko Taldea

Egilea
José Basurto
Komunikabidea
Deia
Tokia
Bilbao
Mota
Elkarrizketa
Data
2011/11/24
Lotura
Deia

Sabin aprendió a bailar "como el que aprende a silbar, de una forma natural, en casa, con la ayuda de mi ama". También aprendió a tocar el txistu muy joven en su localidad natal, Galdakao, con la ayuda de Máximo Moreno, "director de la banda del pueblo y un músico multiinstrumentista que me contagio el veneno". Con esos sólidos cimientos artísticos, Sabin fue construyendo su carrera musical. Primero se graduó en el conservatorio de Donostia y, posteriormente, se doctoró en Etnomusicología en Londres. Fue entonces cuando comenzó a investigar sobre las danzas vascas. Y ahí sigue, volcado en evitar el "divorcio entre la música y la danza tradicional y en abrir los bailes tradicionales a todo el mundo".

¿Siempre le ha gustado bailar?

Sí. Yo he tenido la suerte de haber conocido las romerías, aquellas en las que se iba a ligar, a cortejar y donde se bailaba con las chicas en la plaza del pueblo.

¿Qué bailaban?

De todo. Desde el rock del momento a las jotas o el pasodoble.

¿Usted dónde aprendió a bailar?

En casa. Cuando yo era un crío, el baile en las casas era un aprendizaje normal, un pasatiempos. Hay que tener en cuenta que mis aitas lo habían mamado de una forma natural. En su época había romerías todos los domingos como mínimo.

¿Cuál fue el primer baile que le enseñaron?

El pasodoble. Lo aprendí a bailar sobre los pies de mi ama.

¿Y cuándo comenzó con los bailes tradicionales?

Eso fue posterior, cuando hice el doctorado. Me tuve que poner las pilas y aprender a bailar el repertorio tradicional porque estaba haciendo la tesis sobre Alejandro Aldekoa, un txistulari de Berriz, que también era tamborilero y maestro de danza.

¿Dónde acudió a recibir las primeras clases?

Al grupo de danzas de Andra Mari de Galdakao. Allí aprendí muchísimo, pero me di cuenta de que la música iba por un lado y la danza por otro, que no había puntos de encuentro. También pude comprobar que era más fácil encontrar clases de la danza del vientre, merengue o salsa que de jotas.

¿Por eso impulsó la creación de Aiko?

Sí. Aiko surgió hace algo más de cinco años por iniciativa de una serie de profesionales de la música y la danza que estábamos preocupados por ese divorcio entre las dos disciplinas y por las deficiencias que había desde el punto de vista didáctico y pedagógico.

¿Qué objetivos se marcaron?

Resocializar la romería, abrir el baile a todo el mundo, democratizarlo. En definitiva, queremos que la gente pueda probar y descubrir el mundo de la música y la danza.

¿Lo han conseguido?

Nosotros estamos muy contentos con la experiencia. La gente se lo pasa bien cuando descubre que puede bailar. Creo sinceramente que hemos conseguido crear un nuevo modelo para la transmisión del baile tradicional.

¿Que tipo de actividades realizan?

Organizamos talleres y cursos a través del programa Dantzaldi Ibiltaria.

¿En qué consiste ese Dantzaldi Ibiltaria?

Son cursos que celebramos en diferentes localidades como Sopelana, Erandio, Gernika, Galdakao, Durango, Zarautz y Zaratamo. Aparte de esto, también tenemos las romerías mensuales en el Kafe An-tzokia Plateruena de Durango.

¿Qué danzas enseñan?

El repertorio de los bailes de romería, básicamente lo que se bailaba hace 80 años en los pueblos, antes de la guerra. Desde un vals hasta los jotas pasando por el chotis, el pasodoble, las polkas, el puerro, mazurkas…

Pero algunas de esas danzas no son las típicas tradicionales vascas, ¿no?

Pero es que la danza es como el queso, un lácteo que en todas partes se hace con leche y luego es diferente si es manchego, del Roncal o de Idiazabal. En la danza y en la cultura en general hacemos nuestro lo que sentimos que es nuestro.

¿Es difícil aprender a bailar?

Eso es como todo. Cualquier cosa para hacerlo bien requiere tiempo y esfuerzo.

¿Qué tipo de personas acuden a los cursos de Aiko?

La mayor parte son adultos y hay mayoría de mujeres.

¿Cualquiera puede empezar a bailar?

Sí, por supuesto. Nosotros solemos animar a la gente a salir del armario coreográfico y, cuando se dan cuenta de que pueden bailar, disfrutan mucho. También les decimos que no todo el mundo tiene que ser Igor Yebra, que hay otras formas de bailar y de disfrutar con la danza tradicional.

¿Los grupos de danza tradicional van a tener que modernizarse?

Yo creo que van a tener que reformularse porque estamos viviendo un momento muy interesante de cambio. De hecho lo están haciendo. Muchos grupos están recreando sus tradiciones a nivel local, cosas muy interesantes y bonitas más allá del espectáculo.

¿Qué le diría a una persona que está interesada en aprender a bailar danzas tradicionales?

Que no tiene excusa si verdaderamente quiere aprender.

El problema es que, una vez que aprende, luego no tiene oportunidades para practicar porque apenas hay romerías a la vieja usanza.

Es verdad que no hay oportunidades. Por eso, uno de unos objetivos en Aiko es precisamente crear espacios.

A usted como músico ¿cuál es el instrumento tradicional que más le gusta?

El txistu y el tamboril, aunque yo soy más tamborilero que txistulari. La percusión para mí, desde el punto de vista de la danza, es muy importante.

¿Su mayor satisfacción dentro del mundo de la música y la danza?

Como músico, cuando toco para alguien que está bailando. Es cuando ves que el trabajo de tamborilero, como es mi caso, tiene sentido. Yo he tocado muchas veces con en conciertos y audiciones ante veinte o cien personas y no sabes si llegas o no al público. Sin embargo, en la danza el feeling es inmediato. Enseguida ves que la gente se lo está pasando bien.

¿Cuál es el próximo proyecto de Aiko?

Sacar un nuevo disco. Tenemos un departamento de producción en el que desarrollamos un trabajo muy interesante. Hasta el momento hemos sacado seis CDs.

Sabin Bikandi posa en una sala de baile de Bilbao Musika, donde trabaja como miembro de la Banda Municipal de Txistularis .

Sabin Bikandi posa en una sala de baile de Bilbao Musika, donde trabaja como miembro de la Banda Municipal de Txistularis . (Irati Atxa)

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