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Carnavales. La última gran juerga

Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Mota
Albistea
Data
2007/02/12

El Carnaval era la última oportunidad del invierno para que los jóvenes efectuaran una cuestación o eskea , con cuyos beneficios se deleitaban con un gran banquete. Por tradición, el martes de Carnaval se hacían enormes comilonas sin que pudiera faltar la carne, alimento prohibido durante los cuarenta días siguientes.

Perdido el referente religioso, hoy en día en Gipuzkoa, como en todo Euskal Herria, se celebran dos tipos de Carnavales: los de las ciudades como el de Tolosa o Donostia, y los más rurales, que conservan antiguos elementos simbólicos de importante valor etnográfico.

En 1938, cuando Franco estaba en plena batalla del Ebro, publicó su decreto de prohibición del Carnaval. Como consecuencia de la orden del dictador desaparecieron todas las fiestas de disfraces y sólo pervivió la de Tolosa. A finales de la década de los setenta, las localidades pequeñas, poco a poco, empezaron a incorporar la fiesta en su calendario, inspirándose en la modalidad más simbólica, y aún continúan con esa labor de recuperación varios pueblos guipuzcoanos.

Una claro ejemplo de ello es la fiesta que organizan en Lizartza. Antiguamente mataban un ternero para celebrar la fiesta del Carnaval. La carne del animal recién sacrificado era demasiado dura para comer, por lo que esperaban al siguiente fin de semana para darse el gran banquete. El pasado día 3 comieron hígado en la plaza de Lizartza, y la fiesta se alargará durante dos semanas, pero hoy en día no sacrifican ningún animal.

LEZO

Trapujale baja de Jaizkibel

El jueves, Ostegun Zuri, baja de Jaizkibel a Lezo un gigante de unos cuatro metros cuya cabeza es calavera de caballo y dos brazos largos con sendas garras. Es Trapujale, personaje al que le acompañan la bruja Mari Nazkane (Doña Asquerosa) y siete Zirikus, amigos de la bruja. El Martes Negro Trapujale se somete a un juicio: Mari Nazkane acusa a Trapujale de haber matado la ovejas del valle y, tras la sentencia, le cortan la cabeza. Con sus intestinos elaboran chorizos con los que se hacen bocadillos que se reparten entre los lezoarras presentes en la fiesta.

Es un Carnaval que tiene 19 años de historia y personaje propio. Todo surgió cuando un grupo de vecinos vio la necesidad de recuperar la tradición carnavalera perdida. "A los de Lezo desde tiempos de Víctor Hugo se nos llamaba trapujales , por la hambruna que pasábamos", recuerda Jon Legorburu, miembro del grupo que recuperó el Carnaval. Legorburu es consciente de que es una fiesta inventada, pero entre los más jóvenes tiene gran éxito: "Lo importante es que son nuestros Carnavales y eso tiene un gran valor".

BAILAR

Recuperar lo perdido

En este intento de recuperación se rehabilitaron antiguas danzas lúdicas. Así se hizo en Lasarte-Oria con la sorgin dantza . Siendo el de Oria un baile burlesco, era idóneo para bailarlo el domingo de Carnaval. Fue así como se inauguraron los Euskal Inauteriak en 1982, de la mano de Ibargi Dantza Taldea. En 1999 incorporaron la burra Golfa y el oso a la fiesta y desde entonces se acercan cada año a Lasarte-Oria.

Más bufas son las danzas de An-tzuola y Aretxabaleta. El primero baila la sorgin dantza desde 1989 junto con el oso y el mono. Además, cada año recuperan un baile -este año será el muxikoak -. Un mes antes se imparten clases a todo el que lo desee y el domingo se deleitan con el movimiento. Tienen claro que lo importante no es bailar bien: "Somos aficionados, lo mejor es no mirar a los pies", dice el txistulari Bittor Arbulu. En Aretxabaleta se hace la txino dantza . Al compás de una música, muchachos vestidos de mujeres baserritarras esbozan unos cuantos pasos antes de mostrar sus traseros en calzoncillos.

Elorri Kultur Elkartea recuperó la fiesta de Segura hace cuatro años. El oso, símbolo del despertar de la primavera en todo Europa, visita el pueblo goierritarra.

POSTULACIÓN

De caserío en caserío

También se ha rescatado un hito fundamental en los Carnavales de antaño: la postulación por barrios y caseríos. Los grupos de txantxos los forman jóvenes vestidos de blanco y adornados con cintas del colores que van de puerta en puerta bailando una makil o talai dantza , un baile de palos.

Los jóvenes amezketarras ofrecerán su talai dantza el domingo y el lunes de Carnaval. Se juntarán en Zubillaga y el último baile lo ofrecerán en el caserío Larreta. "Somos aficionados, no hace falta nada especial, con un poco de ganas y ritmo es suficiente", dice Aritz Larrea, uno de los integrantes de Talai dantza taldea. En Abaltzisketa recuperaron el txantxo dantza: "Da pereza levantarse pronto pero luego merece la pena", dice Iñaki Artola, uno de los participantes que, asegura, saldrá con mucha ilusión el domingo.


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