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Buenas sensaciones

Crítica, Muestra Coreográfica

Egilea
Ana Remiro
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Kritika
Data
2006/05/09

La muestra coreográfica, como ya viene siendo habitual, consiguió llenar la sala de un público joven e implicado en las nuevas tendencias de la danza, curioso por ver y escudriñar lo que dan de sí las recientes tentativas coreográficas que cada año fructifican en este espectáculo compuesto por varias piezas cortas. Cuatro fueron los trabajos que en la actual edición resultaron seleccionados de un total de diez y que han tenido como recompensa esta pequeña gira de tres funciones de las cuales, la de Donostia, fue la última.

La primera pieza de la noche, Connection, firmada por Marian Gerrikabeitia y Robert Jackson, nos introdujo en el mundo de la imagen con un sugerente y atractivo trabajo audiovisual que hilaba perfectamente con el trabajo de movimiento propiamente dicho. En él estos polifacéticos artistas desarrollaron un insólito y original lenguaje corporal al que supieron darle un positivo desarrollo con un desafortunado final. A continuación, Cecilia de Madrazo y Tonatiuh Daz con Si fue en Babel, no lo sé, nos sumergían en el movimiento bailado desde el primer segundo de su intervención con una danza enérgica y vital que se expresaba de forma directa y sin recovecos. Un chelo y un violín en vivo acompañaron de modo cercano y simétrico el movimiento participando del juego espacial e interpretativo que proponían los bailarines. Esta pieza combinó con equilibrio y eficacia todos los elementos puestos en escena: música, luz, movimiento, espacio, escenografía y argumento cerrando satisfactoriamente la estructura de la pieza. Delicias de la civilización con Leire Ituarte en su dirección, quiso hablarnos de Freud y se interrogó sobre nuestros patrones de conducta en una pieza sólida y perfectamente ejecutada. Basándose en la manipulación corporal los tres bailarines hacen gala de un depurado dominio del cuerpo logrando un intenso efecto expresivo. Cerrando la representación Olatz de Andrés nos ofrecía su solo Yo soy una cosa que dura segundos. Esta composición desprende un gran sentido estético que se apoya sobre todo en el excepcional trabajo de iluminación. Su interesante estudio de las pausas y sus especiales efectos luminosos nos remiten al mundo cinematográfico creando una particular atmósfera en la que el movimiento cede su terreno a la imagen detenida.

Cuatro trabajos de ponderada calidad que dejaron buenas sensaciones en el público y una impresión de evolución respecto a anteriores ediciones.

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