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Ballet clásico vivo

Crítica, Grigorovich Ballet

Egilea
Idoia Lecumberri
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Kritika
Data
2005/08/23

La Compañía Grigorovich Ballet Krasnodar con la participación de las estrellas invitadas del Ballet Bolshoi, Anna Antonicheva (Quitri) y Dmitry Belogolovtsev (Basil), cosechó un gran éxito ante un público de la Quincena Musical, atento y entregado.



La coreografía de Don Quixote se desarrolla en tres actos con prólogo y epílogo. El libreto es de Marius Petipa, basado en la obra homónima de Miguel de Cervantes y estrenado el 10 de Septiembre de 1999 en Krasnodar (Rusia); música de Ludwig Minkus y coreografía de Yuri Grigorovich.



A telón cerrado y a modo de prólogo aparece en escena Don Quijote que trastornado por los libros de caballerías, comunica a su criado Sancho Panza la decisión de hacerse caballero andante. En un mercado de Barcelona la joven Quitri se ve obligada por su padre, mesonero, a aceptar las ofertas del rico Gamash y rechazar a su amado Basil. En este entorno, los bailarines menean su cuerpo a modo de El peléle de Francisco Goya.



Durante el primer acto, las partes bailadas sustituyen a las partes teatrales con mímica. De esta manera, el coreógrafo explicita la acción que se está desarrollando en la escena, pero la forma de expresión se nos antoja algo anticuada y acartonada pues parecen personajes salidos de un comic. Resulta preciosa la escena torera y la danza de los capotes y destaca Sergei Barannikov como torero principal por su porte y buen hacer.



Anna Antonicheva y Dmitry Belogolovtsev bordan de inicio a fin el papel del barbero Basil y de Quitri. Los levantes que realizan conjuntamente son técnicamente dificilísimos y resultan perfectos pues él la suelta en el aire de forma consecutiva tres veces y la vuelve a coger, sin ningún percance. Cuando bailan ellos dos, el espectador tiene la sensación de ser el amante más acérrimo del ballet y es que son dos intérpretes virtuosos que se complementan y, sobre todo, agitan el corazón con su alma artística.



En el segundo acto, destaca también por su virtuosismo técnico en sus giros en arabesque a la punta, Tatiana Vladimirova en el papel de Reina de las Dríadas. El pas de deux de aire español torero, donde ella elegantemente vestida en tonos rojos y lilas, desliza cuatro cambrees hasta el suelo, nos deja boquiabiertos.



Dmitry Belogolovtsev, en su papel de Basil, en su solo maravilloso, realiza giros con la pierna en segunda posición, giro doble y salto. ¿Increíble! Y Quitri, siempre sonriente, en sus piquès arabesques, se muestra guapa, ligera y preciosa.



En el tercer acto, se preparan las bodas de los novios, Quitri y Basil. Bailan su paso a dos con gracia, encanto y amor. Es en éste pas a deux, romántico y elegante, donde se concentra la exhibición mas pura de la alta técnica académica, con momentos coreográficos de gran belleza, completamente independientes a la acción dramática de la obra.



Quitri realiza unos piquès rotundos, definitivos, estáticos y limpios, gira seguidamente seis veces en unos tours dedans apoteósicos. Basil realiza unos levantes maravillosos y ella realiza dos tours en dedans, plongeè.



Son momentos donde la riqueza y la perfección técnica de los pasos como retales aislados de destreza, ponen en evidencia la validez del Ballet Clásico. Se suceden los silencios en la sala, el ambiente es eléctrico, la emoción grande y el ballet se hace arte, arte mayúsculo. Y más piruetas en dedans, seis, cinco, cuatro, en dehors, doble tour en el aire de él, plongeès limpísimos, levante conjunto... En fin, un goce. Basil ejecuta un manege con saltos muy elevados, pulidos, perfectos. Quitri, con sus fouettes sencillos y dobles, silencio del público, Basil continúa con sus giros con la pierna en segunda posición y ...llegan los aplausos del público, el éxtasis.



Gracias Grigorovich, Antonicheva, Belogolovtsev, gracias por mantener el Ballet Clásico así de vivo.

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