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"Bailar no es marcar pasos"

Antonio Márquez rinde homenaje a su maestro

Egilea
Laura Kumin
Komunikabidea
El Cultural
Mota
Elkarrizketa
Data
2008/04/18

Cuando el relevo generacional se hace aún más patente con el reciente fallecimiento de artistas como José Granero, Luisillo y Pilar López, esta obra, el concepto de la danza española y el modelo de compañía de Márquez se distinguen especialmente en una época marcada por otras jerarquías profesionales.

 

Antonio Ruiz Soler empezó a bailar como niño en su Sevilla natal e hizo pareja artística con Rosario durante más de quince años. Forjó una importantísima carrera internacional marcada por una intensa y productiva época en salas, teatros y películas en los Estados Unidos antes de volver a España donde con su propia compañía añadió a su dominio de la técnica y personalidad arrolladora, una prodigiosa capacidad creativa cuyos frutos forman parte del patrimonio coreográfico del país.

 

“Revolucionó a los bailaores españoles cuando volvió de los Estados Unidos. Fue un innovador y cuando aquí casi no se levantaba un brazo y no se daba una vuelta, Antonio vino con las piruetas y el poderío de moverse en el escenario,” explica. Márquez. “Mi experiencia más directa con Antonio comenzó cuando llegué al Ballet Nacional de España, bajo su dirección, en 1981. El tenía sesenta y pico años y yo dieciocho, pero me superaba en energías. Tenía una ilusión y una vitalidad increíble. Me enseñó que no hay nada más bello que salir a un escenario porque realmente te gusta. Me confió un papel principal con Manuela Vargas y Paco Romero en el ballet Las Tardes en la Alameda

", que nunca se llegó a estrenar porque cesaron a Antonio justo cuando terminamos de montarlo, en 1983. El montaje, recuerda Márquez, evocaba la época en la que unos jovencísimos Antonio y Rosario se juntaron con un organillero y bailaban en la Alameda de Hércules en Sevilla por las tardes.

 

La obra con la que Márquez homenajea ahora a su maestro hace un recorrido por la vida del gran bailarín y coreógrafo a través de algunas de sus obras más conocidas y escenas que evocan los ensayos, las clases y algunas anécdotas sobre su relación profesional con Rosario. “Ha sido un proceso apasionante y emocionante, con mucha información de artistas que bailaron y se formaron con Antonio”, comenta. “Creó muchísimas obras y aquí vemos algunas de ellas como Las Sonatas del Padre Soler, Triana, La Caña, Zapateado de Sarasate, el Tanguillo de Rosario, El Camborio, Asturias

, que hemos ido adaptando con un guión biográfico. Termina con su cese en el BNE y el homenaje que brindamos a Antonio y a todos aquellos maestros que de una forma han contribuido al enriquecimiento y evolución de la danza española.”.

 

Antonio Márquez tiene también palabras de reconocimiento para otras figuras como Pilar López (“maestra”), Mariemma (“elegancia, la persona que mejor ha conocido el folklore de nuestro país”), Antonio Gades (“estética”) o José Granero (“el que más ha influido en mi manera de trabajar hoy día. Gracias a él sigo luchando”). “Hoy recogemos los frutos que ellos sembraron. Si analizamos la historia de la danza no hay nada que no hayan hecho ellos antes que nosotros. Es la personalidad de cada artista lo que nos diferencia.”

 

Tener compañía propia.

Respecto a la situación de la danza española, el bailarín no se muestra muy optimista:“No está en uno de sus mejores momentos, aunque no por falta de talentos. Los medios de comunicación confunden al público y a los bailarines con programas que quieren crear talentos de un día para otro”. Y continúa sobre la tendencia actual: “Todo el mundo cree que tiene que tener compañía propia. Pienso que hay otras formas de apoyar a jóvenes talentos. Imagínese todas esas jóvenes promesas de artistas en el Balle Nacional de España, como en su época gloriosa. ¿Quiénes son los referentes en la Compañía Nacional hoy?”. Márquez explica que en su compañía trabajan al estilo de antes. “Siempre me he rodeado de coreógrafos, maestros y artistas invitados que me aportaron técnica y sabiduría. Los jóvenes de hoy, especialmente los que se llaman los fundadores de la fusión, tienen que saber quiénes eran todos estos maestros, quienes somos y de donde venimos. Bailar no es solamente marcar pasos. Hay que recuperar el respeto. Antes se entraba en el teatro como si fuera una iglesia. Hoy se trata igual que un campo de fútbol.”

 



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