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Bailar en la oscuridad

Komunikabidea
Noticias de Gipuzkoa
Mota
Albistea
Data
2007/10/15

El vacío y silencioso cauce de pasillos y escaleras vibrará por unos minutos, se conmocionará con el torrente de voces y pasos camino de la butaca. Es el momento álgido para los acomodadores, el que la gran lámpara aprovecha para guiñar sus brillos, el único en el que los espectadores son protagonistas.

A partir de ahí, sólo queda la escena. Telón y el espectador olvidará el exterior. La luz mantendrá el reclamo de las vecindades de la taquilla, pero la oscuridad será la auténtica protagonista.

Es ella quien otorga, desde el primer instante, una propuesta de teatro negro que roza lo fantasmagórico pero, en el último segundo, se abalanza sin dudarlo sobre lo onírico. Unos seres de luz toman el escenario en los primeros compases de la velada y pronto surge el reto a la razón. Las siluetas no poseen un movimiento corpóreo, sino que adquieren rítmicas formas imposibles, estratosféricas zancadas lunares, un trance del que el espectador no puede salir.

Es un pecado perder el escenario de vista. La repleta platea dibuja una constelación de dos millares de pupilas que no pierde de vista los trazos de luz, siguiendo de reojo las sombras en busca de los secretos cimientos del trampantojo. En medio del vacío del espacio, de misteriosas formas simétricas -con un impecable uso de las proyecciones-, los misteriosos seres pasean su ingenua luminosidad, mientras el público busca en la imaginación el origen de su plástica historia.

Cuerpos flotantes

El código del teatro negro

Un banco de medusas convierte las tablas en profundidad abisal en la siguiente coreografía. Porque, aunque va más allá, no se puede olvidar que Momix es baile. Baile al servicio de una idea mayor, de una abstracción fantástica que tras encontrar sus iconos adquiere de nuevo formas narrativas.

Sun flower moon es un combinado de sensaciones que parte de la misma banda sonora, donde los instantes atmosféricos preceden a la epopeya. El código del teatro negro tiñe la oscuridad de luz negra, que resalta formas y oculta aún más la oscuridad. De ella emergen irreales cuerpos flotantes, pero también la imposible vibración de dos cuerdas. Inquietantes arácnidos -sorprendente la reproducción del movimiento animal- son capaces de crear vida y arrebatarla, levantando el suspiro del incrédulo público.

El firmamento de miradas sigue ensimismado, buscando el secreto de una ficción que va más allá de la mera actuación, de la representación artística, para convertirse en un pequeño universo propio. Por eso, al final, el público siempre premia la obra con una tormenta de aplausos, agradeciendo la intensidad del viaje.

Los bailarines emergen. Aceptan el baño de luz y aplausos. El público observa sus cuerpos, antes escondidos. Su ausencia ha sido la protagonista, por eso el público los reconoce. Por no reconocerlos. Los bailarines dan testimonio de su presencia con unos pasos. Y la imaginación se hace carne ante un campo de girasoles que sigue la luz del escenario con sus dos mil ojos.

El cerebro de Pendleton

Un regreso esperado

Momix, la compañía norteamericana de danza creada en 1980 por el prestigioso coreógrafo Moses Pendleton, ha regresado a los escenarios después de más de dos años de ausencia con su espectáculo Sunflower moon , en el que los bailarines evocan un mundo de imágenes surrealistas recurriendo al cuerpo, el vestuario, la escenografía, las luces y, sobre todo, las sombras.

Este espectáculo, que bebe directamente de las fuentes del Teatro Negro de Praga, es la última creación de Pendleton, un coreógrafo hecho a sí mismo que nació y creció en una granja al norte de Vermont, en Estados Unidos. En los 70 cofundó la Pilobolus Dance Theatre, cuyo trabajo fue reconocido con el Premio de la Crítica de Berlín en 1975, entre otros. Dos años después, Pierre Cardin presentó la compañía en Broadway, lo que supuso el despegue definitivo. .

La imaginación de Pendleton es responsable de la coreografía Intégrale Erik Satie o de la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno.

En las imágenes, distintas coreografías de 'Sunflower moon'.

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