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'Axuri Beltza', los primeros 40 años

Egilea
Tamara de la Rosa
Komunikabidea
Deia
Mota
Erreportajea
Data
2009/05/04

CUANDO llevaba siete meses en el vientre de su madre, debutó en el Teatro Victoria Eugenia. Era 4 de mayo de 1969. Aún le quedaban dos meses para nacer, pero casi se puede decir que Mikel Urbeltz sabía silbar la melodía de la danza Axuri beltza, que su madre tocaba por primera vez en un escenario con el acordeón muy pegado a la tripa, para disimular el embarazo. Casi sin darse cuenta, sus padres Marian Arregi y el coreógrafo Juan Antonio Urbeltz marcaron ese día un antes y un después en la danza tradicional vasca con el estreno de este baile, creado para ser bailado por mujeres. Ahora Mikel está a punto de cumplir cuarenta años pero antes celebrará con su familia otra fecha muy señalada ya que hoy se cumplen cuatro décadas de aquel día en el que, un grupo de mujeres, dirigidas por su padre, hicieron ponerse de pie al público que ocupaba las butacas del teatro, entre ellos Jorge de Oteiza y Benito Lertxundi.

El punto de partida se encuentra en el año 1967 cuando, mientras Urbeltz y su mujer investigaban acerca de las danzas de Otxagabia, decidieron comprar dos folletos sobre el valle de Erronkari, el Almiradio de Navacueces y el valle de Salazar. Fue en el folleto correspondiente a este último lugar donde Urbeltz encontró algo que le llamó la atención, la letra de una canción. "Hacía referencia a una danza cantada del pueblo de Jaurrieta. Junto a la letra había una pequeña explicación donde se especificaba que era una danza para mozas y eso fue lo que me llamó la atención porque prácticamente no había bailes para mujeres dentro de los grupos de danza tradicional", asegura. Movido por la curiosidad, el irundarra buscó ayuda en los editores del libro, los hermanos Estornés Lasa, de la editorial Auñamendi, quienes le dijeron que habían recogido la melodía del cancionero de Azkue.

Descubriendo el éxito No se lo pensó dos veces. Consultó el cancionero y descubrió su nombre, Axuri Beltza y una melodía. Pero no se conformó con eso, viajó hasta Jaurrieta para intentar recabar mas información sobre esa danza. "Hablamos con una mujer muy mayor, que estaba retirada ya en la cama a causa de la edad. Le cantamos la melodía. Nos dijo que recordaba algo pero finalmente no pudo darnos una información muy precisa", recuerda Urbeltz.

Tuvieron que pasar dos años desde que descubrió letra y melodía para que la danza pudiera ser vista en un teatro. 730 días de mucho trabajo en el que tanto Urbetz como su esposa llevaron a cabo la reconstrucción coreográfica del esta danza. "Mi mujer toca el acordeón y fue ella quien le dio todo el carácter al baile", asegura el coreógrafo con orgullo. "Luego yo bailé la primera parte de la partitura con un estilo de mutildanzta, que era lo que ponía en el cancionero de Azkue, y a la segunda melodía le añadí unos pasos con estilo zuberotarra. Además, como la íbamos a presentar en teatro, también se nos ocurrió preparar una música nueva, esta vez de Lekarotz, para la entrada de las chicas al escenario, en forma de soka-dantza o danza encadenada, que se titula Zikiro beltza (carnero negro)", añade.

Ya sólo quedaba un detalle para poder estrenar por todo lo alto, los vestidos. Para ello recogieron el traje típico del valle de Salazar. "En los pueblos conservan muchos trajes antiguos y no nos fue muy difícil dar con él. Son unos vestidos negros muy elegantes con el pecho decorado siempre con algún color litúrgico -verde esperanza, morado, amarillo, rojo…-. A partir de los trajes originales que habíamos encontrado en Salazar, unas monjas Adoratrices de Donostia nos cosieron los vestidos", explica echando la vista a atrás 40 años. El toque final, un postizo de una trenza en el pelo y en el extremo de ésta, un lazo morado.

El gran estreno Y llegó el 4 de mayo de 1969. "Estábamos nerviosos porque queríamos desafiar el mundo de la cultura, dar un paso más sobre lo que ya existía y encima tanto mi mujer como yo éramos muy jóvenes cuando estrenamos y las chicas con las que bailábamos más aún. Tuvimos que tener mucha mano izquierda para tranquilizar al grupo. Siempre mantuvimos un optimismo equilibrado y confiamos en que el espectáculo iba a ser una maravilla". Ese día, las butacas del Teatro Maria Eugenia estaban ocupadas por personas muy relevantes en Euskadi. Desde Jorge de Oteiza, muchos miembros de Soka Amairu, Benito Lertxundi, el docto Irigaray de Euskaltzaindia, el periodista Javier Aramburu hasta José de Artetxe. "Invité a gente afín para que después del espectáculo pudiese sacar criterios que me reforzaran o que me hicieran modificar cualquier cosa. Para eso siempre he mantenido un carácter muy abierto y autocrítico", apunta Urbeltz.

Pero nadie le recomendó que cambiara ni un ápice del número. Las chicas salieron, bailaron y cantaron. Algo que también ocurría por primera vez sobre un escenario y las críticas fueron más que favorables. "Hubo críticas muy buenas y sobre todo de sorpresa porque las protagonistas eran chicas, los trajes eran maravillosos, era un baile cantado y eso tampoco se había visto nunca antes y encima era en euskera. Era un baile muy sencillo y, además, Marian tocaba el acordeón y añadimos una xirula para dar un carácter pastoril al ambiente de la danza. Otra novedad más", destaca.

Desde ese 4 de mayo de hace hoy 40 años, Axuri Beltza es una de las danzas más versionadas y bailadas de la danza tradicional vasca. Por las manos de Juan Antonio Urbeltz y su mujer han pasado al menos 80 grupos de danza con los que ha practicado este baile. El primero creado para las mujeres que hasta entonces sólo bailaban con palos pequeños y arcos con guirnaldas,"bailes que además se decía que eran cedidos por los hombres para que los bailaran mujeres", cuenta Urbeltz. "Lo que pasó ese día en Donostia marcó una forma de entender y cultivar esa parcela de cultura tradicional. Ahora casi todos los grupos de danza la incorporan alguna vez en su repertorio, aunque la elaboración de los trajes es muy costosa, pero las mujeres están encantadas de bailar el Axuri Beltza", añade.

Un gran paso Aquel primer día del Axuri Beltza no sólo marco una nueva forma de entender la danza popular sino también una nueva manera de darle cabida en un escenario. "Antes todo lo que se veía en teatro eran números con un alto grado de dificultad y representados por hombres: bailes con espadas, coreografías donde subían la pierna con violencia… Nosotros hicimos un repertorio donde las mujeres tenían una mayor presencia porque salían prácticamente en la mitad de los números y así le dimos también una mayor riqueza a este mundo. Conseguimos otorgarle otros atractivos a la danza que se hacía en el teatro, con más sencillez, más simplicidad, colores nuevos en los trajes, la calidad de las melodías…", aclara.

Ahora a Axui Beltza, aquella danza atrevida, sencilla y la primera protagonizada por mujeres, se le une un adjetivo más, cuarentona. Una cualidad que más que ser peyorativa es halagadora. Porque ha perdurado pueblo a pueblo convirtiéndose en inolvidable e imposible de borrar. "El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo", dijo en una ocasión Gustavo Aldolfo Bécquer. El recuerdo que dejó el estreno de Axuri Beltza fue y es mucho más importante que la propia danza en sí. Zorionak!

Juan Antonio Urbeltz fue el pionero de esta nueva danza de mujeres.

Esta danza, característica por bailarse en corro, se vio por primera vez el 4 de junio de 1969 en el Teatro Victoria Eugenia de Donostia.

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