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Apoteosis Euskaldun

Crítica, Pas de Basque

Egilea
Idoia de Lecumberri
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Albistea
Data
2003/12/22

¿ Qué podemos decir de nuevo de Argia y de su artífice y alma que no sepamos todos los interesados en nuestra cultura ?



Que Juan Antonio Urbeltz es el coreógrafo e investigador más riguroso, apasionado y sensible que conocemos en nuestros días y que a través de sus espectáculos -donde recopila y recrea danzas de nuestros territorios- trata de difundir nuestra danza con gran sabiduría y una elegancia que le distinguen del resto de las compañías de danza vasca. Juan Antonio, trabajador infatigable dentro del campo coreográfico de las danzas tradicionales vascas, ha luchado siempre desde la creación de Argia en 1966 por dignificar el folklore vasco, y lo ha logrado a través de la calidad de todos sus espectáculos.



En Zortziko y Alakiketan, llegó a utilizar hasta doscientos bailarines trabajando la idea de lo colectivo y veinticinco músicos; con Pas de Basque, donde utiliza sesenta bailarines y siete músicos, trata de primar la idea de la habilidad individual, del virtuosismo del que hacen gala todos los integrantes de Argia y de sus colaboradores provenientes de las compañías de danza de Añorga, Elgoibar y Eibar.



Este montaje resulta menos espectacular que aquellos donde bailaba tanta gente, pero es más intimista y entrañable.



Tenemos que resaltar dos factores importantísimos en el éxito final del espectáculo: los bailarines, especialmente los masculinos, que derrochan energía y gran destreza técnica tanto en Pas de Basque como en el Zortziko de la primera parte y el Souletino de la segunda, y los músicos que si bien están dirigidos por Marian Arregui (mujer de Juan Antonio Urbeltz y quien mejor lo comprende), es Mikel Urbeltz (su hijo) quien destaca por la rotundidad de su actuación al violín, incluso bailando unos pasos de Zortziko y es quien realmente dirige a la troupe musical. Como los flamencos, tocan todos con una inusual energía con la que contagian a los dantzaris de un ritmo y potencia que el público capta continuamente.



La finura y elegancia del grupo es su sello más característico. Uno de los aspectos que nos llama la atención es el porte natural de su coreógrafo, Juan Antonio Urbeltz, y la habilidad para imitar, captar y aprender el sentido con el que se baila en cada rincón del país.



Habiendo estudiado cada danza in situ, ha recopilado asuntos como, por ejemplo, la postura de brazos en fandango inicial que son sueltas y relajadas; en el Zortziko, las piernas de los bailarines ejecutan rápidos y difíciles movimientos; y en el Branze de la segunda parte, que resulta calmo y sereno, el peso corporal y las suspensiones adquieren una relevancia que otorgan a esta danza un toque muy particular. Todos estos elementos los transmite a sus dantzaris muy fidedignamente.



La bonita coreografía de Ana Remiro y su danza de zíngaras seductoras bailando con el Zamalzain, está muy bien integrada en el contexto del souletino que se va a desarrollar a posteriori. Las danzas de los locos de Jo Pitxu Jo, resultan marchosas y divertidas e impresionan como siempre los solos de los personajes del carnaval, especialmente la perfecta cabriola en el aire aterrizando sobre el vaso de vino de Garikoitz Otamendi.



Un espectáculo, en conjunto, magnífico. Va por ellos, nuestro rotundo aplauso.

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