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Alsasua presume de tradición

La localidad celebra el martes la fiesta recuperada hace ahora dos décadas tras un esfuerzo de recopilación por parte de los vecinos

Egilea
Iosune Gorriti
Komunikabidea
Diario de Noticias
Tokia
Alsasua
Mota
Erreportajea
Data
2002/02/10

Esta era parte de la realidad que encontraron los impulsores de la recuperación del carnaval hacia la década de los años 70, una estampa perdida en el pasado que acostumbra a recordarse cuando se habla del carnaval de Alsasua. No obstante, los primeros años de la democracia fueron también tiempos de efervescencias culturales y de reivindicación de identidades que sirvieron para rescatar tradiciones y fiestas locales.



En Alsasua se puede decir que estuvo todo el pueblo implicado en esta labor de rescatar al carnaval del olvido al que había sido relegado, ayudado por el temor que se adivinaba en el rostro de los mayores, al citar a los momotxorros y los acontecimientos de una historia política y social complicada.



Además, las autoridades políticas y eclesiásticos habían denostado el carnaval. "Recuerdo que los mayores nos tildaban de locos cuando íbamos a tomar datos sobre sus recuerdos. Consideraban que el carnaval era algo salvaje y revivirlo suponía volver al pasado, a lo contrario del progreso", relatan José Javier Agirrebengoa y Andoni Beramendi, dos de los integrantes de la comisión.



El músico Enrique Zelaia lideró la recopilación de testimonios de los últimos vecinos testigos del carnaval original, de boca de los ancianos; la comisión del carnaval se encargó de dar formar a la ilusión y adaptar la tradición a los tiempos actuales, aunque sin perder el espíritu original. Además, la vuelta a la vida del carnaval alsasuarra contó con el apoyo de personas del exterior de la villa que reconocieron el valor de esta tradición.



El historiador navarro Jimeno Jurío, J.A. Urbeltz, así como la formación de danza Andra Mari de Galdakao, (Vizcaya), fueron también definitivos en la vuelta de los momotxorros, mascaritas, sorgiñas, akerras, juan tramposos y demás elementos propios de esta exaltación de Don Carnal. También influyeron otros aspectos como la visión en el cine de la villa de la película búlgara Cuerno de Cabra, filme que reproduce un carnaval rural de este país.



Según los miembros de la comisión, que quedaron impactados por la visión, la imagen era muy similar a la idea que se tenía sobre la tradición alsasuarra. "Coincidían muchos elementos de la sociedad agrícola ganadera con los que se integra el carnaval o ihote de Alsasua", señalan.



Todavía ahora señalan que falta por hacer realidad la idea de recurrir a la embajada búlgara para intercambiar el carnaval local y el propio del país del este que conocieron a través de la citada cinta. La comisión del carnaval rural, integrada por cerca de 8 personas, incide en que esta cita ha logrado integrar a todos los alsasuarras, a pesar de sus diversos orígenes.



Todo este cúmulo de circunstancias hizo posible que en el año 82, la villa acogiera el primer carnaval rural, tras años de suspensión. "Salió como muy espontáneo", aseguran los integrantes de la comisión. La fuerza del carnaval alsasuarra hizo que el grupo de danza, creado también por las mismas fechas, Altsasuko Dantza Taldea, el grupo de danza precursor del actual Aitzindari, recibiera invitaciones para acudir a diversos lugares a escenificar las carreras de los momotxorros.



"La formación de danza desempeñó una gran labor por esta tradición", según señalan integrantes de la comisión del carnaval rural. Los carnavales visitaron toda Navarra desde el sur al norte, Iparralde, las provincias limítrofes y lugares más lejanos como Munich, en cuyo estadio olímpico estuvieron los momotxorros.



José Javier Agirrebengoa, encargado de encarnar a uno de los bueyes de la golda o arado que se incluye en el carnaval, recuerda anécdotas de esa época. "Llevamos el carnaval a las calles de Donostia, invitados por la sociedad Gaztelubide". La actuación de los momotxorros allí fue criticada por la prensa. "Relataban que se había tratado de 47 salvajes saltando y corriendo", detalla, mientras recuerda que los espectadores, "por su actitud, sentados algunos en sillas, no esperaban tener que huir del asedio de las sardas empuñadas por los momotxorros".

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