Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka Álbum familiar de una estrella

Dokumentuaren akzioak

Álbum familiar de una estrella

Lucía Lacarra, primera bailarina de la ópera de múnich

Egilea
Maite Redondo
Komunikabidea
Deia - Noticias de Bizkaia
Mota
Albistea
Data
2011/01/10
Lotura
Deia - Noticias de Bizkaia

SU madre tenía una caja de música con una bailarina que daba vueltas y ella se pasaba horas frente a aquel joyero. Muchas veces Lucía Lacarra (Zumaia, 1975) se ha preguntado si aquello le influyó a la hora de decidir que quería dedicarse a la danza. En aquella época, en Zumaia no existía ninguna escuela de ballet, pero recuerda que tenía sólo tres años cuando ya le pedía a su madre que la llevara a Zarautz o a Donostia a aprender a bailar.

"Ella no me tomaba en serio. Se reía y me decía que me iba a llevar a Mónaco, a la escuela de danza clásica de la princesa Grace Kelly", sonríe ahora la bailarina vasca. Ironías de la vida. Hoy su madre luce orgullosa encima de la mesa de su casa una fotografía de su hija con el príncipe Alberto de Mónaco cuando este le entregó en 2002 el premio Nijinsky de la danza.

Uno de los tantos galardones que Lucía Lacarra, primera bailarina de la Ópera de Múnich, ha recibido en todos estos años de carrera profesional al más alto nivel. El último, el de Bailarina de la década de Moscú. "Nunca he hecho este trabajo por los premios que me pudieran dar, pero no voy a negar que es muy gratificante que te reconozcan y que te agradezcan así tu esfuerzo. Para un espectáculo que dura como mucho tres horas, se trabaja meses. Es un momento muy intenso, acabas emocionalmente destrozada. Pero cuando se cierra el telón, se ha acabado, al día siguiente es como si no hubiera ocurrido. Cuando recibes un premio, te permite rememorar esos momentos", explica Lucía Lacarra.

de zumaia al bolshoi, múnich...

Sus primeras "puntas" y llanto

En cuanto abrieron la primera academia de ballet en Zumaia el primer nombre en la lista fue el suyo. "Cuando tenía nueve años, mi madre me llevó a un cursillo a Tarragona para que me quitaran de la cabeza la idea de bailar. Pero la sorprendida fue ella cuando todos los profesores se volcaron en mí y no paraban de decirla que tenía talento, que si ella me ayudaba iba a llegar lejos".

No se equivocaron. Los profesores le recomendaron que enviara a su hija a aprender con Mentxu Medel a Donostia. "Durante dos años fui dos veces a la semana cuando acababan las clases. No era nada fácil, no había trenes, me tenían que llevar en coche... Pero ya con 13 años me tuve que quedar a vivir en San Sebastián porque mi profesora me quiso preparar para una beca en Madrid. El momento más duro que recuerdo de toda mi carrera fue el primer día que me llevó mi madre a Donostia y me quedé sola, sin mi madre, sin mi hermana, en casa de una señora que se llamaba Carmen, al lado de donde trabajaba Mentxu. Llegué allí un domingo a la noche y el lunes cogí mi bolsa y me fui a un colegio nuevo, donde no conocía a nadie. A la tarde vino mi madre a verme porque estaba muy preocupada por mí. Para ella tampoco era fácil, mi padre se había muerto cuando yo tenía dos años, y era la niña de la casa. Me dio una llorera enorme. Fue cuando me di cuenta de que si yo quería bailar, ya no iba a poder a vivir en mi casa con mi familia. Hasta ese día no fui consciente de los sacrificios que supone esta profesión. Fueron unas horas muy duras. Cuando mi madre me vio llorar, me preguntó si me merecía la pena esa vida que yo había elegido. Le dije que sí. Cuando me fui a Madrid a estudiar, ya estaba preparada emocionalmente".

"respiramos al mismo tiempo"

Su marido y su partenaire

Fue Víctor Ullate el que le dio la primera oportunidad y la puso por primera vez encima de un escenario. Lucía apenas tenía quince años. Desde entonces y durante todos estos años, ha tenido la inmensa suerte de haber bailado como estrella invitada en los escenarios más maravillosos del mundo. Se ha convertido en una estrella de este siglo. "Nunca me he arrepentido de haber tomado esa decisión, a pesar de que esta vida es muy solitaria y difícil de comprender, con unos horarios que son imposibles, sin fines de semana, sin vacaciones... Un día estás actuando en Atenas, al otro, en Munich, al otro, en Moscú... La vida pasa y no puedes vivirla porque no tienes tiempo", explica la bailarina zumaiarra.

Pero reconoce que ella ha tenido mucha suerte. "Mi marido, Marlon Dino, primer bailarín también de la Ópera de Múnich, comparte vida y escenario conmigo. Si no estás con una persona de tu misma profesión, es muy difícil que entienda por lo que pasas en el escenario, la excitación, la adrenalina... Además, a la hora de bailar es maravilloso. Confío en él a ciegas. Cuando tienes tanta confianza en esa persona te dejas guiar completamente. Tenemos la misma musicalidad y creo que hasta respiramos a veces al mismo tiempo. Eso se nota artísticamente porque puedes ir mucho más lejos, romper con los límites".

Con él se ha casado en dos ocasiones. Una en Albania, donde nació su marido."Era muy difícil trasladar a los 70 invitados de la boda, ya que todavía se necesita un visado para viajar a Europa". Y, por supuesto, otra en su tierra, que sigue amando, aunque no pueda venir todo lo que desea debido a sus compromisos profesionales. "Todavía me emociono cuando oigo hablar euskera en el extranjero", confiesa.

"Nunca he sido una persona que siga mucho las tradiciones, cuando te vas de tu casa tan joven, creas tus propias tradiciones. Pero, al estar tan lejos siempre de mi familia, me hacía mucha ilusión casarme aquí. Quería disfrutar ese momento tan especial con mi familia y con mis amigos. Alquilamos un hotel y disfrutamos juntos todo un fin de semana".

su mejor momento profesional

"¿Colgar las zapatillas? ¡No!"

Lucía Lacarra se encuentra en su mejor momento profesional y personal. "Llevo ocho años como primera bailarina en el ballet de la Ópera de Múnich, el máximo tiempo que he estado en una compañía. Estuve tres años en Madrid, otros tres, en, Marsella y otros tres en San Francisco. Siempre he tenido inquietudes por conocer otras cosas, por ver lo que se producía en otras compañías de diferentes estilos, de diferentes países... Nunca he tenido miedo a hacer las maletas e irme a otro país".

Y, por supuesto, deja bien claro que en ningún momento ha pensado en colgar las zapatillas. "He tenido momentos en los que no me he sentido satisfecha y lo que he hecho ha sido cambiar de compañía. En esta profesión, como en la vida, no te puedes quedar estancada. La vida de las bailarinas es muy corta. Lo normal suele ser que a una persona le guste llegar a una cierta estabilidad cuando tiene 30 años, pero nosotras a partir de los treinta y tantos, estamos pasando ya al final de nuestra carrera. No tienes tiempo para quedarte estable en una compañía".

¿Para cuándo se la podrá ver bailar en Euskadi? De momento, no tiene nada confirmado "porque la situación económica es un poco difícil y la danza suele sufrir siempre en esos momentos". Pero confiesa que, aunque no tenga fechas, está trabajando en ideas".

No puede evitar ponerse triste cuando se le recuerda que en verano cancelaron la actuación que tenía prevista en Donostia. "Tenía muchísimas ganas de bailar en casa, había cancelado muchísimos espectáculos para poder ir, pero quiero volver lo antes posible y con algo que sea maravilloso".

El príncipe Alberto de Mónaco le entregó el premio Nijinsky en 2002

El príncipe Alberto de Mónaco le entregó el premio Nijinsky en 2002


 
El príncipe Alberto de Mónaco le entregó el premio Nijinsky en 2002

El príncipe Alberto de Mónaco le entregó el premio Nijinsky en 2002

Dokumentuaren akzioak