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Alberto Dueñas: “Antes de la actuación estuve ensayando varios días en una habitación de casa sobre un cuadrado de 1,50x1,50”

El pasado sábado, el dantzari Alberto Dueñas se convirtió sin quererlo en el protagonista de la prueba de saltos sobre la ría. Recibió más aplausos que los clavadistas
Egilea
José Basurto
Komunikabidea
Deia
Tokia
Bilbao
Mota
Elkarrizketa
Data
2014/09/28
Lotura
Deia

Alberto Dueñas, que actualmente tiene 45 años, comenzó a bailar con 9 en el grupo de danzas Salbatzaile del barrio bilbaino de Castaños, donde todavía sigue. Ha actuado en plazas, campas, iglesias, teatros, pero jamás en un escenario tan peculiar y peligroso como el de la plataforma desde la que saltaron los clavadistas. Obviamente, no tiene vértigo. “Si no, no lo hubiera podido hacer”, dice. Está acostumbrado a las alturas. Ha hecho puenting y escalada. Por eso aceptó el reto. Para asegurarse el éxito de la actuación estuvo ensayando en una habitación de su casa, donde marcó sobre el suelo un cuadrado de 1,50x1,50 metros. “La diferencia es que en la plataforma no había paredes”, aclara.

¿Cómo surgió la historia?

-La organización se puso en contacto con Begoña (alma máter y responsable del grupo de danzas Salbatzaile) y ella me llamó para comentármelo. Parece que yo fui el elegido.

¿Por qué cree que le eligió?

-Creo que porque daba el perfil. No me dan miedo la alturas. Estoy acostumbrado a ellas, ya que he hecho escalada y también puenting. Yo creo que he llegado a tirarme de un puente incluso más alto que el de La Salve. Pero una cosa es tirarse o escalar con un arnés y cuerda y otra muy diferente es bailar sobre una plataforma sin ningún tipo de sujeción a 27 metros de altura.

Aun así, aceptó.

-Sí. No lo dudé. De todas formas, cuando dije que sí, en junio, tampoco sabíamos ni dónde iba a ser exactamente ni las dimensiones de la pasarela.

¿Cuándo supo todos los detalles?

-Cinco días antes de la prueba me dijeron dónde iba a ser, en mitad del puente de La Salve y sobre una plataforma de 2,50x1,80 metros.

¿Le entró miedo entonces?

-No. Bueno, siempre tienes miedo a lo desconocido, pero una vez que hice la primera prueba me quedé tranquilo.

¿Cuándo hizo esa primera prueba?

-Fue el martes por la mañana. La hice solo y sin el txistulari. Me subí a la plataforma y di un par de saltos.Tuve buenas sensaciones.

¿Le impresionó?

-Pues la verdad es que no. Para mí este puente es algo muy familiar.

Explíquese.

-Como yo he estudiado en Escolapios y vivo en Huertas de la Villa, todos los días pasaba por aquí con los amigos... y hacíamos tonterías. Nos asomábamos, tirábamos piedras e incluso yo creo que tengo alguna foto donde estamos al otro lado de la barandilla.

Está claro que desde pequeño era atrevido y valiente.

-Digamos que no tenía vértigo.

Sigamos con la historia del sábado. ¿Cuándo realizó el ensayo?

-La víspera de la competición. El viernes a las cuatro y media de la tarde. Ahí es cuando me tranquilicé del todo.

¿Por qué?

-Porque vi que lo podía hacer bien. El ensayo fue con música. Vino Joselu, el txistulari, y bailé dos veces el Agurra, lo mismo que iba a hacer al día siguiente. Lo hice bien y eso fue determinante para sentirme más tranquilo.

¿Durmió con nervios ese día?

-No, dormí tranquilo. Gracias a Dios, a mí no me quita el sueño nada. Bueno, toco madera.

Llegó el día de la actuación. ¿Qué hizo en las horas previas?

-Tuve la suerte de que a las 12.00 del mediodía tenía otra actuación en una boda. Esto hizo que ya viniera un poco caliente y distraído. Hice un aurresku, que no es el mismo baile que el Agurra, pero ya venía metido en faena.

¿Cuál fue su primera impresión al ver tanta gente?

-Me quedé alucinado. La víspera, durante los entrenamientos de ellos, ya había habido bastante público, pero cuando vi tanta gente en la ría, en los barcos, cerca del museo... me impresionó.

¿Tanto como para ponerse nervioso?

-No. Yo en ese momento estaba muy concentrado. Esta es la base para que te salga bien el baile. Si te desconcentras es cuando te puedes confundir, y si te confundes en un sitio como este es peor, te puedes caer.

¿Qué sintió cuando apareció en la plataforma y el público comenzó a aplaudir intensamente?

-Eso fue lo que más impresionó, porque lo normal es que el aplauso llegué después de la actuación, pero allí la gente no paraba. Tanto es así que no podía ni escuchar al txistulari, y si no le oigo, no puedo bailar.

¿Qué hizo entonces?

-Tuve suerte porque el Agurra tiene una parte inicial que sólo es música y no hay que dar pasos, y justo, cuando tenía que empezar a bailar, la gente se calló.

¿Le desconcentraron esos aplausos?

-No. Me dio mucho calor y eso hace crecerte. Así que pensé: esto está lleno de gente, pues ahora vamos a hacerlo bien y a disfrutar.

O sea, que no tuvo tampoco miedo escénico.

-No. Los dantzaris estamos acostumbrados a actuar en público. Ahora bien, yo he actuado ante bastante gente en bodas, eventos de todo tipo, incluso en teatros, pero nunca ante más de cincuenta mil personas y a 27 metros de altura.

¿Ensayó más para esta actuación?

-Días antes de la actuación estuve ensayando en un habitación de casa sobre un cuadrado que marqué en el suelo de 1,50x1,50 metros.

¿Cuánto tiempo duró la actuación?

-Algo más de un minuto y treinta segundo.

¿En algún momento de la interpretación se vio mal o inseguro?

-No. Estaba tranquilo y concentrado en el baile. El Agurra es un baile que llevo muchos años interpretándolo.

Pues hubo un momento en el que el público enmudeció.

-Sí, fue cuando di una vuelta. Es que en el Agurra, lo más delicado son en los giros. Yo di una vuelta sobre la derecha, que es donde me siento más seguro, pero la de la izquierda la suprimí porque es donde más me podía desestabilizar.

¿Se le pasó por la cabeza que podía fallar y caerse a la ría?

-No, no lo pensé. Si vas pensando en esa posibilidad, no lo haces. Decían que si te caes como me podía caer yo, la caída no era buena. Así que no podía estar pensando que me podía hacer una avería.

¿Qué sintió cuando acabó?

-Un relax total. A partir de ese momento fue cuando empecé a disfrutar. Empezó a llover un montón, pero dije: de aquí no me muevo. Me quedé a ver los saltos.

¿Le pagaron bien?

-Bueno, me pagaron. Todo el mundo me dice que para lo peligroso que era, me pagaron normal. Un plus de peligrosidad no hubiese estado mal (risas).

¿Repetiría si le llaman el año que viene, en caso de que vuelvan?

-No tendría ningún problema. Ahora no sería algo desconocido.

¿Le dijeron algo desde la organización?

-Sí. Me llamaron para decirme que me estaba felicitando todo el mundo. Me dijeron que los saltos habían estado muy bien, pero lo mío, también. Me alegré un montón.

¿Pensaba que iba a tener tanta repercusión su actuación?

-No, que va. Ni me lo imaginaba. Sabía que era un evento importante, pero de ahí a verme en vídeos en Youtube...

Un momento de la actuación.

Un momento de la actuación. (J.m.m)

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