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«Yo soy el 'Curro Romero' del baile»

El artista granadino fusiona en el Arriaga la danza flamenca y el folclore napolitano

Egilea
Luis G
Komunikabidea
El Correo
Mota
Albistea
Data
2010/10/05
-Pensaba preguntarle si me enseñaba sus pies, pero casi se nos queda en pelotas.
-¡Ya venía descalzo por el pasillo!
-¿Qué tienen de especial sus pies?
-Son con lo que me gano la vida. Tampoco soy yo muy fetichista.
-¿Qué sería de usted sin ellos?
-Bueno, Enrique El Cojo era cojo y fue uno de los más grandes del baile flamenco. El baile, que es el teatro físico, se puede interpretar no sólo con los pies. Yo me considero un bailaor de cuerpo y estampa.
-Mueve los pies, aunque se le van también muchísimo las manos.
-Claro. Soy más de cintura para arriba. Me gusta la estética, igual que a mi maestro, Antonio Gades. Tenía buenos pies, preciosos, pero no se basaba en eso su virtuosismo.
-¿Se puso el apellido Amargo por el gitano al que Lorca escribió un romance?
-Exactamente. Lo cambié porque el poeta Curro Albaicín, que conocía el parentesco de mi abuelo Rafael con García Lorca, dijo que si Federico levantara la cabeza, aseguraría que yo era como el Amargo. Rafael es por mi abuelo. Mi nombre real es Jesús García Hernández.
-Que es como más vulgar.
-Con Jesús García no habría llegado lejos. Quizá sólo a la vuelta de la esquina.
-Empezó a trabajar con Lola Flores. ¿Se ve con bata de cola?
-Hombre, ya he tenido que usarla para personajes de carácter, pero no se me da nada bien. Hijo, soy muy desastre para esas cosas.
-¿Le dio por ser bailaor porque no le llegaba para dar el cante?
-Ja, ja. A cantar soy 'pa que me maten'. Él (su padre) sí que cantaba antes de su enfermedad.
-¿Bailar duele?
-Los pies matados, llenos de callos, los riñones... ¡todo! Vaya si duele.
-Habla tan rápido que se pisa las palabras.
-¡Usted habla más rápido! Y, además, con risa. ¡Qué me cuenta!
-Amante de la improvisación, ¿no teme quedarse in albis?
-No, no, no. Conozco bien al público. Además de gran artista, soy gran público. Lo metódico llega a ser aburrido y menos sorpresivo. Prefiero ser un bailaor de intuición. De diez tardes, puedo tener siete malas y tres muy buenas, pero esas tres quedan en el recuerdo. Soy como Curro Romero.
-¿Su padre sigue con el empeño de ponerle una zapatería el día que no le dé miedo salir a cantar?
-Ja, ja. Mi padre cerró todos los negocios para estar conmigo recorriéndose el mundo. Así que no le hable al hombre de zapaterías. Quiere llevarle las cuentas a su hijo y ligar más que yo. Es medio torero. ¡Enséñaselo! Es la cornada que le dio el toro de la vida. (Muestra a la altura del estómago una enorme raja). Yo también empecé toreando.
-¿Usted?
-Lo tengo grabado. Cogí el capote pero me lié a dar vueltas... El toreo es tan fantástico.
-Mi padre también fue novillero.
-Cargado con esos orazos, ese fular... ¡Si tú eres más gitano que yo!
-¿Sigue llevándose de gira a sus padres, mujer y dos primos?
-Siempre. Y ahora viene o-t-r-o primo a bailar, además de Fran Canela. Mi hermano va de mánager, mi madre lleva el vestuario, está también Yolanda, la madre de mis hijos; Vanessa, otra prima... El próximo montaje será 'C-a-r-a-v-a-na'. ¡Todos montados a la caravana!
-Solito, ¿sabe hacer algo?
-Sí. El último espectáculo se llama Solo y Amargo.
-¿Sigue gustándole mucho el sexo pero ya no lo publicita tanto?
-Vivo y bailo al límite.
-¿Ya no es tan chulo como antes?
-No. Estoy más cortito.
-¿Todo por los niños?
-No. Todo porque voy creciendo. -¿Qué siente cuando Jesús Mariñas contó que había tenido un rollo con usted o que Antonio Canales le llamase maricón?
-No hablo de nadie que no sea yo.
«Yo soy el 'Curro Romero' del baile»

Rafael Amargo se empapó de agua antes de la sesión fotográfica. :: IGNACIO PÉREZ

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