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«Yo quería ser portero del Athletic como Zubi»

Igor Yebra, bailarín

Egilea
Mitxel Ezquiaga
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2005/01/09

Nací en Bilbao el 1 de agosto de 1974. Me inicié en la danza a los 13 años. Ahora soy bailarín invitado de las óperas de Roma y Burdeos, entre otros ballets. Estoy casado y mi casa está en Madrid, pero vivo en un avión continuo... Actúo en el Kursaal el martes y el miércoles haciendo Coppélia con el Ballet de la Opera de Burdeos. Habían avisado que Igor Yebra era un tímido , pero resulta un hombre locuaz y simpático que lleva con deportividad lo de salir en el Hola con su flamante esposa, Anne Igartiburu. Actúa en Roma hasta hoy, así que hablamos por teléfono; y sus risas aún resuenan en el móvil.



- Toda una vida trabajando en la danza y ahora resulta que es famoso por ser «marido de». ¿Cómo lo lleva?



- Yo me siento muy orgulloso de estar casado con quien estoy, y a lo demás no le doy ninguna importancia.



- Sabe que muchos le envidian...



- ¿Eso espero! Yo también me envidio a mi mismo por estar casado con una mujer como Anne.



- Está recién casado. ¿Influye eso en un bailarín a la hora de salir a escena?



- Para salir al escenario lo que cuenta es estar bien físicamente. El matrimonio te da más estabilidad en todo y ayuda a estar preparado.



- Última pregunta sobre Anne: ¿le dice por la noche «hasta mañana corazón»?



- Eso queda para nuestra intimidad.



- ¿Qué le han traído los Reyes Magos?



- En mi casa somos de Olentzero. Y en Roma apenas tengo tiempo para regalos: represento El lago de los cisnes hasta hoy, mañana cojo el avión y el martes estaré en San Sebastián.



- No para. ¿Dónde está su casa?



- Allá donde está mi familia, pero mi residencia principal es Madrid, aunque «mi casa», en mi fuero interno, siempre será Bilbao. A veces creo vivir en el avión: tengo contrato con la Opera de Roma y la de Burdeos y siempre voy de aquí para allá.



- Viene a Donostia con Coppelia.



- Llevo tres años con el ballet de la Opera de Burdeos y tengo la fortuna de trabajar con el director de la compañía, Charles Jude, que fue alumno aventajado de Nureyev. Este montaje de Coppelia tiene cinco años, pero yo lo bailé por primera vez estas pasadas navidades en Burdeos. Es una obra amena y divertida, ambientada esta vez en Nueva York.



- Las entradas están agotadas hace tiempo para los dos días de función.



- Y me hace ilusión porque hace cinco años que no hago un ballet completo en España. En San Sebastián actué hace muchos años con la compañía de Víctor Ullate, pero nunca he bailado en el Kursaal.



- El ballet me deja frío. Convénzame.



- Cuando yo tenía 19 años la poesía no me llamaba la atención, y ahora la disfruto. No hay que cerrar las puertas a nada y hay que perder los prejuicios. Aconsejo ir a ver un buen espectáculo, porque si se empieza con algo malo no se repite. Yo prefiero actuar para gente que no entiende de baile y va sin prejuicios que para expertos cargados de «aprioris».



- ¿En su tarjeta de visita pone bailarín?



- Sí, yo soy bailarín: no hay que inventar nuevas palabras.



- ¿De niño ya quería ser bailarín, o bombero o futbolistas, como todos?



- Yo soy de Bilbao, así que lo que quería era ser futbolista y del Athletic. Y además, portero: jugaba de guardameta en el equipo del colegio y eran los tiempos en que todos queríamos ser Zubizarreta. Pero en mi casa el ballet se vivía a fondo y un día decidí probar... hasta hoy.



- ¿La coreografía de su vida?



- No me gusta hablar de hitos concretos, me quedo con el trabajo del día a día. Los éxitos no vienen de repente, sino como consecuencia de un trabajo constante. Hay que evolucionar permanentemente, tanto en el trabajo como en la vida.



- ¿Hasta cuándo tiene comprometida su agenda?



- Prefiero no mirar muy lejos. Sé que de momento tengo todo el 2005 comprometido. Esto va muy rápido: el 31 de diciembre estaba bailando Coppelia en Burdeos y el 1 de enero El lago de los cisnes en Roma...



- ¿Disfruta aún cada vez que sale al escenario o baila a veces como quien entra a fichar en la oficina?



- Mi trabajo nunca puede ser rutinario. Yo escogí una vía atípica, ser free lance y no tener compañía propia. El día que no esté al nivel no me volverán a llamar. Así que estoy siempre con las pilas cargadas.



- ¿Sigue aún la actualidad vasca o pasa por ella de puntillas?



- Sí, claro, porque Euskadi es el lugar al que me gustaría volver. Ahora no puedo porque del mismo modo que un nadador olímpico no podría entrenar en una piscina de diez metros cuadrados, yo tampoco tengo ahí condiciones para desarrollar mi trabajo.



- ¿Vascos, tiene remedio lo nuestro?



- Todo tiene remedio con diálogo. Tragedias irreparables son las que acaban de pasar en Asia, no las nuestras. Fue una suerte nacer en el País Vasco, pero eso es sólo una lotería.

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