Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «Un bailarín debe recibir premios cuando está en activo, no con sesenta años»

Dokumentuaren akzioak

«Un bailarín debe recibir premios cuando está en activo, no con sesenta años»

Lucía Lacarra, primera bailarina del Ballet de la Ópera de Múnich

Egilea
Teresa Flaño
Komunikabidea
Diario Vasco
Mota
Elkarrizketa
Data
2004/02/25

El pasado jueves el público que acudió al estreno del ballet La dama de las camelias en la Ópera de Múnich lloraba conmovido por la interpretación de Lucía Lacarra. La zumaitarra es, junto con otros tres bailarines españoles, candidata a un nominación para el Príncipe de Asturias de las Artes. A la espera de saber si realmete se encontrará en la lista de los artistas que optan al galardón, ella sigue en su línea de trabajo marcado por la constancia, la pasión y saber entrar en el alma de los personajes.



- Forma parte de una candidatura conjunta al Príncipe de Asturias de las Artes junto a Tamara Rojo, Ángel Corella y José Carlos Martínez ¿Qué sensaciones le produce?



-El hecho de que cuatro bailarines sean propuestos para esta candidatura es muy importante. A nivel personal, todo reconocimiento que se haga al trabajo de una es algo que cuenta mucho. Siendo bailarina esperas el cariño de tu público, pero si viene de otros ámbitos es conmovedor y da un significado muy importante a lo que estoy haciendo. Desde un aspecto más general, el hecho de que cuatro bailarines estemos propuestos da un relieve más serio a nuestro trabajo. Mucha gente cree todavía que la danza es un hobby o una vocación, pero se trata de un trabajo muy serio, una profesión, algo por lo que damos nuestra vida con mucho empeño. La candidatura marca la seriedad con la que nosotros vemos nuestra profesión.



- ¿A qué se debe que exista una generación tan consolidada?



- Los profesionales de la danza españoles, y los vascos en concreto, tenemos mucha cualidades y un carácter muy serio, algo necesario porque no sólo con la calidad se puede triunfar, hay que tener mucho tesón y ser muy cabezota. Luego hay generaciones. Por ejemplo, tres de los cuatro bailarines que formamos la candidatura hemos salido de la escuela de Víctor Ullate: Ángel Corella, Tamara Rojo y yo misma íbamos a la misma aula. Las remesas de bailarines muy cualificados tienen que ver mucho con los profesores y Ullate es excepcional, ha creado a muchos profesionales.



- ¿No asusta un poco, siendo tan jóvenes, verse propuestos para un premio como éste donde los galardonados suelen superar, y con mucho, la edad que ustedes tienen?



- Asustar no. Nosotros tenemos una profesión muy corta si la comparamos con la de escritores, músicos, científicos o filósofos. Que nos den un premio con sesenta años no nos sirve para nada y tampoco a la gente que ya no se acuerda de nosotros. Debe ser cuando estás en activo. Premiar a un bailarín cuando está retirado no tiene sentido.



- También ha sido propuesta para el Premio Nacional de la Danza y acaban de entregarle el Premio Sabino Arana de las Artes. ¿Comienza a ser profeta en su tierra?



- Estoy en contra de ese proverbio porque, sinceramente, cada vez que he ido a bailar al País Vasco, que no han sido tantas veces como me hubiera gustado, me he sentido acogida con un cariño increíble. La gente de Euskadi me ha seguido desde que era muy joven, cuando bailaba con Ullate. Siempre he tenido un público muy fiel. Acostumbrada a bailar en el extranjero, cuando bailo en casa siento un cariño enorme y un orgullo por parte de mis seguidores porque les hago partícipes de un mundo desconocido; gracias a mí han accedido a él y lo disfrutan. Nunca he sido profeta en mi tierra, pero sí muy reconocida.



- Y en el extranjero ha recibido otros galardones como el Nijinsky a la Mejor Bailarina del Mundo o el Benois de la Danse. ¿Está en el punto más alto de su carrera?



- Nunca me he puesto ni límites ni metas. Si consideras que ya has llegado vas hacia abajo porque no tienes motivación. Llevo trabajando profesionalmente muy duro desde que tengo quince años. Cuanto más trabajas por todo el mundo la gente te conoce más y eso se traduce en premios. No pienso que es mi gran momento porque desde hace dos años esté recibiendo muchos reconocimientos. Es el resultado de muchos años, trabajo y espectáculos. Siempre encuentro motivaciones. Acabo de estrenar La dama de las camelias y lo considero un triunfo. Siempre se puede mejorar y encontrar nuevas cosas para hacer. Me considero muy joven y con mucho tiempo para disfrutar en escena.



- ¿Después de tanto tiempo sobre un escenario se sigue teniendo la misma pasión que al principio de su carrera?



- Yo tengo más. Cuando comencé tenía una pasión que la llamaría instintiva, la tenía dentro pero no conocía cuáles podían ser sus resultados. Me gusta interpretar un rol, bailar donde hay una historia o un drama, pero hasta llegar a situaciones como la del estreno de La dama de las camelias, donde yo estaba llorando y lo mismo hacían todos los que estaban a mi alrededor, no te das cuenta lo fuerte que puede ser ese sentimiento. Instintivamente sé lo que me gusta dentro del mundo de la danza, pero todavía me sigo sorprendiendo con experiencias fuertes que me empujan a superarme.



- ¿Resultará impresionante poder emocionar con su trabajo al público hasta el punto de hacerle llorar?



- Es muy fuerte. Llega a ser adictivo. A mí me atrae actuar y más todavía vivir. Mientras estaba en el escenario el día del estreno de La dama no sentía que estaba actuando sino que entraba en la piel de mi personaje y vivía lo que ella sentía. Hay profesionales que simplemente les gusta bailar por bailar, a mí me gusta que me marque, sentirme al final del espectáculo emocionalmente cansada, hasta vacía interiormente porque he tenido que sacar mucho. En días así me doy cuenta de por qué estoy haciendo lo que hago.



- ¿Ésta es la razón por la que se ha decantado por el ballet clásico?



- Hoy en todos los aspectos de la vida se busca la superación, batir récords, pero en ocasiones se pierde la esencia. La danza es un arte y siempre lo tengo muy presente. No bailo por bailar sino para trasmitir y expresar, en definitiva hacer llegar al público mi forma de ver al personaje. Creo que he sabido plasmar esa voluntad y es por lo que se me conoce. Le doy mucha importancia a eso y lo que llega al público no es solamente lo visual, sino que queda un sentimiento. Pienso que es en este aspecto donde sobresalgo, nunca dejo frío al espectador.



- ¿Qué queda de la niña que comenzó a bailar con Mentxu Medel?



- Todo. No he cambiado. Al menos eso es lo que dice mi madre y es el mejor cumplido que se me puede hacer. El carácter lo tenemos desde que nacemos y no tiene por qué cambiar según a qué te dediques. Aquella niña sigue estando dentro de mí porque veo la danza con la misma pasión, el mismo entusiasmo y el mismo amor. Con el trabajo que estoy haciendo y las experiencias que estoy viviendo echo madera al fuego para avivar unos sentimientos que cada vez son más fuertes.



- Lo que no se puede poner en duda es que es una persona muy valiente. Con catorce años dejó su casa y se fue a Madrid, luego Marsella, San Francisco...



- Cojo todo lo que me venga, muchas veces sin reflexionar. Cuando me propusieron ir a Madrid enseguida dije que sí y una vez allí me di cuenta de lo que significaba eso: dejar mi familia, vivir sola... Eran cosas durísimas, pero a las que me obligaba porque era lo que quería. Para bailar tenía que hacer una serie de sacrificios que los entendía como efectos secundarios. En una balanza, la satisfacción de estar en Madrid y dedicarme a la danza día y noche ganaba a cualquier otro sentimiento. Ahora, con los años, veo que el hecho de irme tan joven y enfrentarme a un mundo que es tan difícil, sobre todo cuando eres joven y estás sola, me ha hecho madurar mucho y saber cómo defenderme.



- Ha pasado por el Ballet de Víctor Ullate, luego fue a Marsella para ponerse a las órdenes de Roland Petit, donde fue su bailarina principal; ocupó el mismo puesto en el Ballet de San Francisco y ahora en la Ópera de Múnich. ¿Triunfar en la danza es sinónimo de exilio?



- En España no hay una compañía con un nivel internacional suficiente para que los bailarines que estamos en el extranjero queramos volver. No vamos a dejar un teatro maravilloso para ir a un sitio que no sabes si va a funcionar. Pero no lo llamaría exilio. En danza no importa que una compañía esté en un país o en otro. Me he acostumbrado desde muy joven a vivir fuera de casa. Para mí el hecho de irme de Zumaia fue ya un exilio. Estar en Marsella, San Francisco o Múnich ya no me ha supuesto tanto. El paso más difícil fue el primero, dejar mi casa y mi familia sin saber si iba a llegar a conseguir algo.



«Fuera de casa es más fácil conservar tus raíces»

T. FLAÑO/



- ¿Es muy difícil conservar las raíces saliendo tan joven de casa?



- Es más fácil que cuando uno regresa todos los días del trabajo a su casa. Cuando eres joven, en la edad rebelde entre los 13 y los 18 años, todo te molesta. Si tienes 14 años y has elegido un camino por el que tienes que dejar a tu familia, todo eso lo sufres mucho menos. Valoras más lo que no tienes.



- ¿El hecho de estar tan lejos de Zumaia y con una profesión que necesita muchas horas de dedicación al día le permite seguir vinculada a la actualidad vasca?



- Estoy muy vinculada. Todos los día hablo con mi madre. Esa es la Lucía normal, la de Zumaia. La relación es como la de todo el mundo, pero yo la tengo que mantener por teléfono. Zumaia siempre será mi casa y siempre estoy al corriente de todas las noticias vinculadas a mi tierra.



- ¿Por dónde pasa su futuro una vez que abandone el escenario? ¿Le gustaría ser coreógrafa o preferiría dedicarse a la enseñanza?



- Ni uno ni otro. Para mí coreógrafo y bailarín son dos mundos distintos. No siento dentro de mí la necesidad de expresarme por medio de la coreografía, prefiero hacerlo trasladando al escenario la inspiración de una persona, dando forma a esa creación, sintiendo y trasmitiendo, es decir actuar e interpretar. No tengo necesidad creativa sino artística. Por otra parte, para dedicarse a la enseñanza hace falta tener cierto sentido pedagógico para trabajar con niños porque el inicio es fundamental y marca tu futuro. Hay que tener un talento especial para moldear a un niño. El día que me baje de un escenario, que será dentro de mucho tiempo, sí me interesaría trabajar con profesionales como maestra de baile o repetidora, incidir en el aspecto técnico de la danza y guiar al bailarín por el mundo artístico gracias a la experiencia que yo he recogido por las distintas compañías por las que he pasado. Es muy difícil lograr una carrera en la danza porque una persona puede tener muy buenas condiciones físicas, pero lo complicado es mostrar los sentimientos, sacar lo que uno lleva dentro. Me gustaría ayudar a sentir al bailarín a que sea más extrovertido.



- ¿Es la danza una profesión tan competitiva como parece?



- Quiero que alguien me enumere cuántas profesiones hay que no sean competitivas. En un banco, en una empresa... todo es competencia e intentar ser el mejor. En la danza también la hay porque todo el mundo quiere ser el primer bailarín y para ello tienes que demostrar que eres capaz. En este mundo, por muchos atajos que se cojan, siempre se descubre al farsante



- ¿Cuál es su papel favorito?



- En estos momentos La dama de las camelias. El rol de Margueritte Gautier me tiene emocionada. La experiencia es fantástica. Me encanta abrirme a un personaje, estudiar el libro, la época... Necesito tener la mayor información posible, vivir el papel más allá de las horas de ensayo, que son muchas. Se trata de una opción personal porque muchos bailarines prefieren quedarse en el aspecto técnico.



- La última vez que actuó en el País Vasco fue en la Quincena Musical de hace dos años ¿Para cuando una nueva visita?



- Me gustaría que fuera próximamente, pero que fuera con un ballet completo. Es complicado porque tendría que viajar toda la compañía, pero cambia mucho bailar en una gala un paso a dos a bailar toda una obra trasportando al público a otro mundo. El Kursaal o el Euskalduna serían los locales apropiados para hacer participar a mis seguidores de mi trabajo completo.



BIOGRAFÍA

Nació en Zumaia en 1976.



Se formó en la Academia de Men-txu Medel (San Sebastián) y en la Escuela de Danza de Víctor Ullate.



Primera bailarina en el Ballet Nacional de Marsella Roland Petit, en el Ballet de San Francisco y en la Ópera de Múnich.



Ha recibido los premios Isadora Duncan (1999), Nijinsky (2002), Benois de la Danse (2003) y Sabino Arana de las Artes (2004).

Dokumentuaren akzioak