Hemen zaude: Hasiera Hemeroteka «Si salgo de ésta, enseñaré a bailar a niños faltos del cariño de sus padres», juró Ullate al sufrir un infarto

Dokumentuaren akzioak

«Si salgo de ésta, enseñaré a bailar a niños faltos del cariño de sus padres», juró Ullate al sufrir un infarto

Egilea
Montserrat Lluís
Komunikabidea
El Correo
Mota
Erreportajea
Data
2003/02/17

-«Señor Ullate, no se duerma, que aún tiene muchas cosas que hacer», le estimula un ATS, mientras le abofetea para mantenerle despierto.



El paciente no responde. Dos lágrimas resbalan por sus frías mejillas. «Me voy de este mundo sin cumplir mi sueño. Si salgo de esta, será lo primero que haga: enseñar a bailar a niños sin futuro».



El pensamiento del bailarín no era un chantaje al destino. Su juramento lo era de todo corazón, y no sólo de ese 20% que la falta de riego sanguíneo le había matado ya. Sobreviviría incluso a un segundo infarto declarado a las 24 horas. Y nueve meses después, tras haber vuelto a nacer y con el recuerdo de la enfermedad presente en los electrocardiogramas, Ullate convertiría su promesa en un ejemplo de generosidad pionero en Europa. Lo llamó Primeros Pasos, y empezó a darlos en septiembre de 2002.



Aquel mes lo invirtió en visitar residencias madrileñas dedicadas a cobijar a menores que «carecen de lo más importante: el cariño de sus padres». Algunos son huérfanos; otros los tienen en el infierno de las drogas; más de uno, en la cárcel; varios, prisioneros de la más copiosa miseria. Los hay que que para qué contarlo. De entre estos chavales cuyo «destino es la delincuencia», el coreógrafo elegiría a treinta para matricularlos en la escuela a la que, desde hace dos décadas, presta su nombre y su viajado talento. En el Centro de Danza Víctor Ullate aprenderían a bailar, pero, sobre todo, a andar firmes por la vida de la mano y los pies de sólidos profesionales.



«Serás una desgraciada»



Pese a haber estado danzando de un albergue a otro, algunos hasta con la cuna a cuestas, los candidatos, de entre 8 y 16 años, ignoraban el día de la selección que iba a examinarles un Premio Nacional de Ballet. Temían incluso que una coreografía fuera como una radiografía, pero del corazón. Aun así, la mayoría se esforzó por quedar bien. «¡Mira, Víctor, lo que hago, mira!». «¡No, mira aquí, que es mejor!», se disputaban su atención. Víctor, sin embargo, no se fijaba en el 'pino' ni en las volteretas, sino en los saltos de alegría. Los que exhibieron mayores «ganas» y «entusiasmo» merecieron las becas.



Clases con pianista en vivo, un aula donde los progresos se multiplican en los espejos, la merienda navideña en el McDonald's todo sale «gustosamente» del bolsillo de Ullate, que, en el trimestre de curso transcurrido, calcula que ha gastado 3.000 euros sólo en vestuario. Cada día, algún despistado extravía su maillot, abre un boquete en las medias, deja viuda una zapatilla o se olvida el equipo completo en su habitación. La memoria ha mejorado bastante, es cierto, desde que un par de alumnos fueron castigados por perder el material.



«Tienen el problema de la disciplina, se distraen mucho y no se lo toman en serio», lamenta una de sus maestras. Quizás porque están tan acostumbrados a los golpes del infortunio, que la dulzura del ballet les invita a descalzarse tranquilamente en mitad de un ejercicio, a olerse los pies o a sonreír ante las serias advertencias de Ullate:



-«Marilyn, crees que esto es un juego, cuando es la forma de que llegues a algo de mayor, en vez de fregar o recoger basura. Si no lo aprovechas, serás una desgraciada toda tu vida, y yo no quiero. Te daré un plazo, pero, como no avances, no vendrás más. El tiempo que tenéis es muy corto y no podéis perderlo».



Una hora y media tres días a la semana. Si suena la flauta acompañando al piano. Porque a los hijos adoptivos de la danza les falta una madre que les recuerde que hoy toca ballet y les prepare la mochila. Dependen de que en su residencia haya un tutor libre con ganas de llevarlos, lo cual explica que esta tarde de miércoles sólo trece hagan prácticas para reforzar su columna vertebral y dominar el cuerpo.



El faltar, no obstante, se va a acabar. Cuando llegue la subvención para un autocar. O a más tardar, en 2004, cuando se inaugure en Valdemoro la sede de la Fundación Víctor Ullate. Junto a un teatro y dos salas de ensayo, se levanta un edificio donde, además de bailar, los becados residirán y cursarán ESO y bachillerato. Y para entonces, Primeros Pasos ya dará zancadas por todo el país en busca de un par de niños sin hogar de cada provincia.



Talentos de color



«Si tengo que suplicar, suplicaré, pero lo voy a conseguir», se reta el artista maño. Hospitalario hasta las puntas de sus valiosos pies, tiene abiertas las puertas de su escuela a cualquier forma de solidaridad. Desde donativos espontáneos o suscripciones mensuales, a apadrinamientos o patrocinios empresariales altamente rentables para la Humanidad. «Si todos hiciéramos algo por los demás, habría menos odio y aburrimiento, que es el problema del hombre. ¿Por qué las drogas, cuando existen formas de evadirse como el teatro o la música?», pregunta a la sociedad Ullate, a quien sus pupilos han colmado de «ilusión y vida», de los que no estaba sobrado. «Tienen una sensibilidad y amor fuera de lo común. Nunca un alumno me había demostrado tanto afecto».



Por eso sus zapatillas no andarán por casa, sino por escenarios de lujo. Porque «se baila como se es. Si eres generoso y honesto, transmitirás bondad y amor en la danza. Pero si eres oscuro, no reflejarás nada». Negro de sentimiento, que no de tez, porque algunas siluetas de color se han revelado ya talentos. «No es que crea que llegarán a formar parte de mi compañía; aseguro que lo harán», certifica el director del hoy Ballet de la Comunidad de Madrid, al que han dado nombre apellidos como los de Ygor Yebra, María Giménez o Ángel y Carmen Corella.



«Pareces maricón»



Juanma no sudará menos que ellos en los ensayos. Precisamente porque Ullate le tiene lástima, porque no es hijo de papá -ni le cuida mamá-, le exigirá lo que a cualquier pupilo. Y lo que a sus dos hijos. Si éstos no siguen los pasos de baile de su padre, si van por delante de ellos, se debe a que «no les di todo lo que querían. Se lo tuvieron que ganar». No con pataletas. De puntillas. Por eso sólo los becados que escondan el ombligo hasta sentirlo en la espalda o que respiren con los 'brazos redondos' pasarán al segundo de los siete cursos de la dura carrera de baile.



Alguno ya se ha rendido, porque «el ballet no está bien visto como el fútbol, que es de machos». «¡No andes así, que pareces maricón!», le reprochaban a Ullate cuando, a los diez años, la danza se hizo musa en su figura. Él tuvo unos padres sobre los que apoyarse frente a quienes le desestabilizaban. Sus discípulos sólo disponen de la barra de ejercicios para agarrarse al futuro. Pero, en sólo cuatro meses, algunos ya han conseguido sostenerse con las puntas de los pies, rozar el equilibrio emocional, soltar todos sus músculos, incluidos los de la risa, y, «como en la Ópera de París», caminar con la cabeza bien alta mirando al futuro.



«Creía que el ballet clásico era como el de los novios»



Víctor Ullate se sincera: «Mi concepto de los magrebíes ha cambiado mucho desde que conocí a Mohamed Sorti». Por algo es su alumno aventajado, un diamante en bruto extraído en África, al que da clases de ballet y del que recibe lecciones de humanidad.



Debía de tener nueve años -ha conseguido olvidar la fecha- cuando terminó su contrato de carpintero en Tánger y, para no quedarse parado, se agarró a los bajos de un camión en marcha. Varios días después, telefoneó a sus padres: estaba bien y en España.



«Con todo lo que pasó después -abrevia el joven-, podrías escribir un libro», cuyos últimos capítulos discurren en Móstoles. En el centro de acogida del barrio madrileño, Ullate descubrió en septiembre su torso de plastilina y la perfecta geometría de su silueta, diseñada por la naturaleza con escuadra y cartabón. «Yo no tenía ni idea de baile clásico, pensaba que era como el de los novios. Pero él me dijo que hablaba con educación y que me veía formas», recuerda el mayor de los becados, que da ahora sus Primeros Pasos a los quince años.



El bacalao le gusta en la mesa, pero se le atragantan sus espinas en las discotecas. En la danza clásica, en cambio, nunca se le ha clavado una agujeta. «No me cansa», perjura. Aunque tampoco se le puede hacer mucho caso, acostumbrado a saltar obstáculos y a trabajar doce horas diarias por quinientas pesetas a la semana.



Ahora se emplea por amor al arte. Y Ullate intuye que es para toda la vida. Mohamed no se atreve a mirar tan lejos. Habla fluido el castellano, pero evita conjugar el futuro. «Yo sólo pienso en el hoy». Y en el día que abrazará a sus padres y a sus seis hermanos.



Sería buena fecha la de su debut -dentro de un año, prevé Ullate-. Pero más que a un gran papel, el muchacho aspira a los de residencia. Quizá lleguen este verano y pueda estrenarlos con un viaje a casa. Su madre, no obstante, «está contenta». Sabe que su hijo se halla en buena compañía. De las mejores de ballet clásico del mundo.





Víctor Ullate inaugura este mes un nuevo Centro de Danza en el polígono industrial de Alcobendas.



Impartirá un amplio abanico de especialidades de baile: desde ballet clásico a capoeira, bailes latinos, claqué, flamenco, funky, tango o jazz.



También podrá practicarse aeróbic, cross training, meditación o artes marciales.



El nuevo Centro de Danza Víctor Ullate contará con cinco salas de baile y servicios como restaurante, distribuidos a lo largo de 2.000 metros cuadrados.



Estará abierto a personas de 8 años en adelante, sin límite de edad.



Abrirá de lunes a sábado.



Paralelamente, Víctor Ullate edifica una sede para su fundación. Estará radicada en terrenos cedidos por el Ayuntamiento de Valdemoro.



Teléfonos de información: 915779142 y 915750385

Dokumentuaren akzioak